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DECLARACIÓN PUBLICA
Doctor
MARCO PALACIOS ROZO
Rector
HONORABLES MIEMBROS
Consejo Superior Universitario
Universidad Nacional de Colombia
La representación profesoral ante el Consejo Superior
Universitario expresa en forma pública, y en entera concordancia
con su guía programática, su reconocimiento de la inocultable e
inevitable realidad de los urgentes e inaplazables cambios que la
actual economía global del conocimiento está exigiendo,
dirigidos a la modernización y la dinamización de nuestro sistema
de educación superior, el cual ha sido calificado por los expertos
como subdesarrollado y rezagado, aun dentro del concierto
latinoamericano. De la misma manera, la representación profesoral
expresa su compromiso con la educación superior pública, la cual,
en sus componentes investigativo y educativo, es un prerrequisito
absoluto e irreductible en su contribución a la tarea de cerrar la
brecha entre la pobreza y la riqueza, entre la ignorancia y el
conocimiento, entre el atraso y el progreso. La oposición a los
cambios académicos que la historia exige, con el argumento de que
una sociedad basada en el conocimiento responde al interés
neoliberal, anticipa desde ya la profundización de la
subordinación y la asimetría frente al mundo desarrollado. En
efecto, debemos reconocer y recordar que la urgente renovación
académica de la Universidad Nacional, fue preocupación central en
los programas presentados por los candidatos a la rectoría que
integraron la terna a partir de la cual resultó designado el
actual rector. El proceso de crecimiento del conocimiento siempre
ha estado íntimamente ligado a la naturaleza del sistema
capitalista, a su estructura, a funcionamiento y a sus
instituciones. Oponerse a la construcción de una universidad de
investigación con el argumento de que esta contribuiría a la
instauración de una sociedad basada en el conocimiento y a la
promoción del desarrollo del capitalismo, es la posición más
reaccionaría y antinacional; la oposición al desarrollo del
capitalismo nacional, a la creación de las bases materiales de la
socialización de la riqueza, es reaccionaria antes que
revolucionaria, es pre-moderna, es primitiva.
Frente a la afirmación del rector con relación a la Universidad
Nacional, de que sobre esta se dice que es una universidad
revolucionaria, de izquierda, pero que en el fondo es la más
tradicional y conservadora, es decir la más reaccionaria al
cambio, se debe resaltar, al menos, que esta afirmación es
incompleta y parcializada. También debió el rector agregar, en
aras de conservar su consistencia, que el gobierno nacional no ha
sido menos reaccionario al cambio y la modernización de la
educación superior. El menos interesado en la construcción de una
universidad de investigación, de una Colombia basada en el
conocimiento, es el gobierno nacional. Su consigna de hacer más
con lo mismo o con menos, es demostrativa de su talante
precapitalista, talante este ya descrito en forma muy gráfica e
ilustrativa por el mismo rector, cuando de manera anticipada
señaló al presidente de los colombianos como "un presidente de a
caballo". De una parte, la defensa de una universidad centrada en
la docencia de pregrado, la condena de la investigación, los
postgrados y los doctores y la utilización de la
universidad como un espacio para el ejercicio de la politiquería,
y de otra parte, la visión precapitalista y "de a caballo" del
gobierno nacional que no esta dispuesto a invertir en la
universidad pública, se conjugan para configurar el más nocivo
obstáculo en la generación del conocimiento, fundamento del
progreso y la civilización humana. Es así como la tan publicitada
y revolucionaria universidad de investigación terminó en un Plan
Global de Desarrollo edificado sobre la alfabetización de los
profesores de nuestras costas, la educación continuada y los
diplomados y los contratos para "dictar" postgrados. Es bien
conocido que universidades muy prestigiosas ofrecen programas de
educación continuada y diplomados, pero también es cierto que su
alta demanda o clientela por este tipo de programas reside en el
prestigio y en el capital cultural y social construido por la
investigación en la frontera del conocimiento que se realiza en
sus programas presenciales de doctorado. No se conoce universidad
de investigación que haya construido su prestigio mercantilizando
diplomados.
Con diplomados donde no se genera conocimiento innovador, no se
construirá sociedad del conocimiento ni se generarán los recursos
financieros necesarios para posibilitarla. Si esa fuera la vía,
las universidades de "garaje" que mercantilizan ese tipo de
credenciales académicas, desde hace mucho tiempo hubieran
construido la Colombia del conocimiento.
En materia de poder, jerarquía y democracia, es evidente que la
universidad siempre ha sido una institución jerárquica dotada de
organismos o cuerpos de poder o de gobierno con capacidad para
ejercer control. Los profesores mismos se encuentran
estratificados por categorías, títulos académicos,
tipos de vinculación y dedicación, desigualdades estas legitimadas
en un estatuto o en un decreto. Como acontece regularmente en
toda estructura piramidal de poder, en el sistema jerárquico de
la universidad, las personas ejercen su poder no en atención al
talento personal que puedan poseer, sino en virtud de la posición
que ocupan, es decir, en virtud de la investidura que el cargo les
confiere. El control ejercido por los funcionarios en las
posiciones de poder sobre los recursos, la aprobación de normas o
la provisión de cargos, ha impactado las actividades, las
iniciativas y la vida de muchos profesores, produciendo en estos
efectos que se extienden desde el conformismo hasta la
frustración. El sistema jerárquico tradicional de las
universidades parece oponerse a muchos de los ideales de la
educación superior. Tal sistema se contrapone al concepto de
igualdad intelectual, infravalorando y desconociendo las
capacidades de muchos de los académicos. Aunque la misión
institucional de la educación superior incorpora universalmente el
propósito de formar ciudadanos libres, democráticos y críticos, la
democracia en las universidades, con relación al poder o gobierno
académico, no se extiende, como en el caso de la Universidad
Nacional, más allá del reconocimiento del derecho de los
profesores y estudiantes a elegir sus representantes a varios de
los organismos de poder de la universidad y de las consultas para
la designación de rector, decanos, directores de instituto y de
departamento. No obstante, el resultado del mecanismo de la
consulta en su significado político, de poder, no siempre ha
coincidido con la expresión mayoritaria de los consultados. A
nombre de la institucionalidad, todas las administraciones, sin
excepción, han impuesto, en no pocas ocasiones, decisiones
autocráticas y dictatoriales que han afectado la carrera y los
intereses académicos de muchos. A pesar de que la referida
jerarquía de las instituciones académicas ha sido desafiada por
profesores y estudiantes en muchos países, ésta permanece
esencialmente incólume. Las impugnaciones en general no han tenido
más efecto que lograr el reemplazo de una elite por otra, la
cual, una vez hace su ingreso al sistema jerárquico de poder, lo
preserva, lo pone a su servicio y aspira a perpetuarlo, con todos
sus vicios y virtudes.
En este mismo contexto, ante la percepción de muchos profesores
acerca de las propuestas rectorales de reforma académica y
estatutaria, la representación profesoral ante el CSU no puede
menos que manifestar que no obstante la necesidad de ellas,
cualquier iniciativa de reforma académica, por civilizadora o
revolucionaria que parezca o que pretenda ser, no puede ser
impuesta a sangre y fuego. No son pocos los profesores quienes
señalan que los métodos dictatoriales y autocráticos, así tengan
como fin "arrastrar a la corriente de la civilización" académica
al conjunto de la comunidad universitaria, son ajenos al quehacer
intelectual. A pesar de que la Vicerrectoría Académica ha estado
discutiendo en las facultades con los
profesores el proyecto de reforma de estatuto de personal
académico, continúan las dudas acerca de si las numerosas
observaciones hechas por los profesores van a ser tenidas en
cuenta. Cualquier reforma académica debe ir precedida de la más
amplia y desprejuiciada de las discusiones, frente a
referentes internacionales, regionales y nacionales. Debe
proscribirse la concepción de que la gran mayoría de nuestros
profesores por carecer del titulo de doctorado, por haber, muchos
de ellos, nacido, crecido y reproducido intelectualmente en el
marco de nuestro tradicional y atrasado sistema de educación
superior, necesariamente van a asumir un comportamiento
reaccionario al cambio académico. Se debe asumir un compromiso
constructivo
fundamentado en la argumentación y la persuasión intelectual antes
que en la confrontación irracional y apasionada. Al estilo
rectoral, cualquiera que este sea, no se le debe contraponer la
agresión física, el vejamen o las acciones totalitarias y
fascistas. Sin el compromiso decidido de los profesores, cualquier
reforma académica estará condenada al más estruendoso fracaso,
como también cualquiera de sus componentes que requiera recursos
adicionales de inversión.
Las afirmaciones indiscriminadas recientes del rector en el
periódico El Tiempo acerca de que la carga académica de los
profesores es bajísima, que su producción investigativa no es la
que debería ser, que son docentes que se están sirviendo de la
institución, han causado malestar generalizado en el cuerpo
profesoral. Se debe reconocer, sin embargo, que el capital
intelectual representado en el cuerpo profesoral se encuentra
subutilizado y maltratado en su capacidad creativa, carece de
incentivos, es victima de la incertidumbre, la intranquilidad y la
desesperanza, vive condiciones de vida relativamente deplorables.
Sus salarios han sido congelados y reducidos en términos reales;
sus pensiones continúan siendo drásticamente recortadas. Se
encuentran condenados, en un número indeterminado, al denominado
"rebusque", a trashumar por diversas universidades de "garaje"
donde son aun más explotados, tratando de asegurar, a través de la
narración y el "dictado",
su supervivencia física antes que su supervivencia intelectual. Es
común escuchar que el prestigio de la Universidad Nacional es
sostenido esencialmente por una minoría de mucho compromiso
intelectual con ella. Pero también se debe reconocer que a pesar
de las escasas inversiones específicas e institucionales en su
capacitación a nivel de doctorado, el talento humano de que
dispone actualmente la Universidad Nacional se encuentra más
cualificado académicamente que en el pasado. Muchos de nuestros
profesores no merecen ser estigmatizados tan severa y públicamente
por su escasa o ninguna producción académica e investigativa; por
el contrario, algunos de ellos merecen ser indemnizados por
habérseles negado las condiciones materiales necesarias para ser
más productivos intelectualmente. Las alusiones despóticas que
atropellan la dignidad humana de aquellos que "piratean" o que
carecen del título de doctorado o de especialidad
medico-quirúrgica, están produciendo como reacción la
criminalización del título de doctorado, la investigación y los
postgrados.
La Universidad Nacional de Colombia a través de su historia más
que centenaria ha podido construir socialmente un prestigio, el
cual se refleja en la imagen que los usuarios tienen de la calidad
del servicio educativo que presta. La Universidad Nacional, al
igual que cualquier otra institución de educación superior, ha
construido su prestigio como resultado de interacciones
multidimensionales de su capital económico, social y cultural.
Sin excepción, todas las instituciones académicas tienen su
historia, su propia historia; han recibido el legado de las
generaciones pasadas, de sus mayores, de los que ya no están; han
construido el presente y construirán el futuro apoyadas el pasado.
De manera incontrovertible la Universidad Nacional, al menos
durante los últimos tres lustros, ha venido haciendo cada vez más
con el mismo presupuesto. Merece ser premiada antes que castigada.
Los indicadores y las estadísticas sobre cobertura y creación de
nuevos programas de pregrado y postgrado son inobjetables. En el
ámbito nacional es sin duda alguna la más acreditable de las
universidades. Los resultados recientes en los ECAES, el número de
grupos de investigación reconocidos que posé y las distinciones
corrientemente recibidas por varios de sus profesores son muy
dicientes. No obstante, llama la atención que los ECAES, señalados
por algunos como un instrumento neoliberal que evaluaba el
producto y no el proceso, ahora en la batalla que libran por
impedir cualquier cambio académico, se convirtieron en el máximo y
más contundente
indicador de calidad académica de una institución de educación
superior, hasta el punto que hay quienes consideran que si
aquellos que realizaron la clasificación de las mejores 500
universidades del mundo los hubieran tenido
en cuenta, la nuestra se encontraría en un lugar de privilegio en
dicho ranking! No se puede perder de vista que cada vez más el
prestigio relativo de una universidad se debe ubicar y entender a
nivel transnacional. Es difícil entender que la Universidad
Nacional sea la más prestigiosa de la nación, si no lo es al menos
de la región latinoamericana, si no se encuentra entre las
primeras 500 universidades del mundo. Este concepto transnacional
impone que se deban realizar urgentes reformas académicas
articuladas a claras y acertadas políticas, lo mismo que a
asignaciones presupuestales adicionales que posibiliten el
objetivo de posicionar a la Universidad Nacional entre las
primeras de la región.
Por lo anterior, y tomando en consideración que el rector ya abrió
el debate público sobre la reforma académica o "revolcón" de la
Universidad Nacional, me permito solicitar en forma atenta que el
honorable Consejo Superior Universitario permita que la comunidad
universitaria se pueda vincular a él
a través de todos los medios institucionales a su disposición (UN
Periódico, UN Radio, página Web, teleconferencias, entre otros).
En este propósito solicito que se fije un calendario de eventos
ágil y práctico en el cual con la participación central del
rector, previas las medidas de seguridad de su integridad física,
los profesores y sus representantes puedan participar dentro de un
ambiente respetuoso y universitario en un debate previo a
cualquier aprobación de la reforma académica y de la reforma
estatutaria por parte del máximo organismo de poder de la
Universidad Nacional.
Respetuosamente,
ORLANDO ACOSTA
Representante Profesoral
ante el CSU
Bogotá, 26 de octubre de 2004 |
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