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Los retos de la Universidad del Valle
Por Darío Henao Restrepo
Decano Facultad de Humanidades
Los tiempos en que vivimos exigen una gran transformación de la
Universidad como máxima institución de la Educación. Y esta radica
en el cambio de postura académica e intelectual en relación al
mundo, esto es, descubrir y estar en sintonía con lo que hay de
real afuera de sus muros para participar de la transformación de
esa realidad. Esa es la única manera de contribuir a la
construcción de un mundo más justo, sin exclusiones, a través de
sus saberes impartidos, con calidad y compromiso ético.
La Universidad del Valle es un gran patrimonio de
nuestra región y del país y por eso mismo tiene que jugar una rol
protagónico acorde con el legado de las generaciones que la
fundaron. Después de la grave crisis que vivió en 1998, en los
últimos años la Universidad dio muestras de una gran capacidad
para vencer sus dificultades. Hacerlo significó lograr un
equilibrio financiero, una reestructuración organizacional, más
conocimiento de si misma y una recuperación de su imagen ante la
sociedad. Demostró, como pocas instituciones nacionales y
regionales, que podía evaluarse y transformarse a sí misma. Ello
implicó ajustes severos y trámites engorrosos que todavía la
hacen muy lenta, reactiva, puntual y muy susceptible a frenarse en
su propio beneficio. Por estas razones la Universidad no ha sido
capaz de tomar las grandes decisiones estratégicas que requiere
para jugar el rol que la sociedad actual espera de ella. Si
miramos los estándares nacionales de la Educación Superior estamos
relativamente bien, pero aún muy lejos de los altos estándares
internacionales.
Algunos ejemplos ilustran muy bien lo anterior. Tenemos buenos
grupos de investigación, reconocidos por Colciencias, pero con
muchos integrantes próximos a jubilarse. Los Grupos con mayores
niveles de excelencia exigen mayor inversión y el acceso a los
recursos es cada vez más restringido. El mantenimiento de la
Universidad, de la planta física e infraestructura tecnológica, es
muy costoso y las necesidades de la comunidad universitaria son
apremiantes. Las demandas de la sociedad son cada vez más
especializadas, lo que implica más inversión de tiempo y
recursos. Los conflictos internos, muchos motivados por causas
justas, tienen costos considerables y si no se manejan con
espíritu democrático, paradójicamente, pueden terminar por
alejarnos de nuestras propias metas. La Universidad dispone de
gente muy calificada pero no logra sacarle el mejor partido al
trabajo de conjunto.
Hoy la Universidad está más limitada porque las doctrinas
neoliberales que campean en la dirección del Estado le están
haciendo más exigencias – aumento de cobertura, calidad,
pertinencia, internacionalización, eficiencia, racionalidad
financiera y administrativa y contribución al desarrollo. Todo con
la lógica perversa de “hacer más con menos” pues se la somete a
duras limitaciones presupuestales y así se le limita su capacidad
de inversión y generación de recursos propios. A esto se agrega
que la misma institución, movida por su escasez de recursos, se
auto-limita a través de resoluciones como la 039 y 040 que
desestimulan las iniciativas de grupos y unidades académicas para
adelantar proyectos y captar recursos.
La Universidad aún continúa desligada del desarrollo regional y
nacional, el aislamiento en que está hay que superarlo cuanto
antes. Es un imperativo enfrentar los nuevos retos del mundo
globalizado. Ante este contexto es notoria la brecha entre lo que
hace y lo que es capaz y podría hacer para jugar su papel.
Siempre ha sido agente de desarrollo y transformación, sin
embargo, es preocupante como ha ido perdiendo este rol en los
últimos años. Ya no tiene impacto en procesos importantes de la
región y ha perdido su liderazgo y relevancia social. Aparte de la
formación de profesionales, cada día es más notorio que ha perdido
sus espacios de incidencia real. La gran pregunta que debe ser
nuestro punto de partida es: ¿Está preparada la Universidad del
Valle para los retos del desarrollo regional en las próximas
décadas? ¿Produce cultura y pensamiento que animen realmente los
procesos de su entorno?
La Universidad del Valle debe participar como actor central de un
proyecto ético-cultural para la consolidación de la identidad
regional. Esto implica la valoración de las distintas vertientes
culturales que configuran nuestra región, la producción en las
distintas manifestaciones del arte y la cultura y contribuir a
encontrarle coordenadas dentro del contexto global en el que
estamos. La crisis del Valle del Cauca está ligada, en buena
parte, a la ausencia de un centro de excelencia y pensamiento
que oriente y contribuya a la creación de valores e ideas e
impulse dinámicas de desarrollo. Ese es el espacio que debe ocupar
la Universidad del Valle.
Nuestra Universidad no puede ser apenas una fábrica de
profesionales para resolver las necesidades inmediatas de su
entorno social y empresarial. Como institución clave del
desarrollo debe trascender a la sociedad, generando procesos y
dinámicas de transformación cultural, tecnológica y productiva y
siendo vocera de nuevos valores y de nuevas prácticas sociales y
culturales. De otra manera no tiene sentido la universidad como
institución y ello implica que necesariamente esté ligada a los
actores claves de su entorno socio- económico: comunidad,
empresarios, gobierno, actores políticos, egresados y minorías
étnicas.
Para enfrentar el contexto de recortes y controles por parte del
Estado, la Universidad necesita intensificar su capacidad de
diálogo, análisis y reflexión y promover un contrato, un pacto
político y social que le apueste a un nuevo modelo de
Universidad. Éste ha de articularse al modelo de desarrollo del
Departamento, que contribuya a superar en la región un modelo
económico agotado. Se trata de abordar una crisis que se expresa
en: falta de confianza entre los actores, desequilibrio en los
desarrollos sub-regionales, exclusión de amplios sectores en la
toma de decisiones, en los procesos de producción y en los
beneficios sociales. Esto es central y definitivo. Debemos partir
de la siguiente pregunta: ¿Existen las condiciones y la
capacidad para hacer ese pacto? ¿Cuáles son los actores para
adelantar este proceso?
UNIVERSIDAD PÚBLICA Y DESARROLLO REGIONAL
Sólo a través de la educación pública, y en particular de la
universidad pública, se puede contribuir a fortalecer la
democracia social. La formación de profesionales y ciudadanos con
dignidad, identidad, espíritu crítico e investigativo, que puedan
interpretan la sociedad y participar en su transformación, está en
su misión, una conquista que hay que preservar y adaptar a las
nuevas realidades. Defender la universidad pública es una
reivindicación de interés nacional y un pilar para una sociedad
más justa.
Construir una nueva universidad implica tener claras las
prioridades ya establecidas para la Educación Superior a nivel
mundial y las prioridades del desarrollo Regional. Primero, la
democratización del acceso a la Educación Superior y la
permanencia en el Sistema, lo cual ha de expresarse en la
ampliación de cobertura con equidad, pertinencia y calidad;
segundo, la renovación de los sistemas de enseñanza en sus
diversas modalidades; y tercero, el reforzamiento de
los vínculos con la sociedad.
El ejercicio colectivo de hacer un Plan Estratégico de Desarrollo,
tarea en la que estamos, ha de servirnos para que asuntos como la
misión, la pertinencia, la calidad, la autonomía, la gestión y el
financiamiento y la cooperación internacional, sean replanteados
en función de las nuevas exigencias del mundo del trabajo, de
asuntos estratégicos del conocimiento y la cultura, de los
desarrollos regionales y de las necesidades de las comunidades de
nuestro entorno.
La Universidad tiene que contribuir más a la eliminación de la
exclusión social. En el caso del Valle del Cauca este es uno de
los factores de estancamiento social y económico. El reto es
acercar a las poblaciones marginales a un modelo compartido de
desarrollo para estar más del lado de las gentes en
su búsqueda de una vida más digna. La universidad no puede ni
aislarse de la dinámica del conocimiento, ni caer en un
aislamiento ético. No se puede ignorar la tragedia social en la
que vivimos. Si bien la universidad contribuyó durante décadas con
su saber a ampliar el grado de libertad y bienestar de la
sociedad, hoy este saber está sirviendo para ampliar las
diferencias sociales. Cambiar su manera de ser también implica
incorporar su compromiso por la inclusión social en sus
disciplinas e investigaciones.
Una nueva universidad tiene que tener en cuenta el punto de vista
del estudiante y el entorno que lo determina. Sus necesidades y
aspiraciones deben estar en el centro de las preocupaciones de
quienes dirigen la universidad, pues los estudiantes son
protagonistas de la renovación. Hoy se hace imprescindible el
tránsito de lo tradicional a lo virtual, el uso de las nuevas
tecnologías y modalidades pedagógicas, única manera de ampliar
sustancialmente cobertura y de enfrentar con éxito los nuevos
desafíos y oportunidades de la sociedad global.
El papel cultural de la universidad en la sociedad tiene que ser
relevante. La participación de las mujeres en la educación
superior es un factor que debe ser aprovechado al máximo, así como
la promoción de una cultura de la paz, la autonomía, la
responsabilidad social y la libertad académica. Para lograr esto,
en un ambiente tan complejo y lleno de restricciones como el
actual, la mejor manera de preservar la universidad pública es
mediante claras estrategias de cambio y el fortalecimiento de las
relaciones con todos los que de una u otra manera son responsables
de la elaboración de las políticas para la Educación: gobiernos,
parlamentarios, medios de comunicación, profesores, estudiantes,
empleados, trabajadores, investigadores, empresarios y
comunidades, organizaciones y redes interesadas en el mejoramiento
de la educación en la Región y el País.
Realidades como estas son las que indican que sólo la universidad
pública puede ser pieza fundamental para el desarrollo local y
regional como sociedad del conocimiento. En el caso del Valle del
Cauca, la universidad ha de contribuir a que el Estado territorial
se gobierne con políticas públicas que controlen los riesgos y
amenazas de una sociedad moderna, por los efectos del impacto
ambiental, por las nuevas tecnologías, los desequilibrios en el
empleo, las amenazas a las tradiciones autóctonas y culturales,
las incertidumbres frente a la exclusión de los jóvenes y las
nuevas generaciones y la deuda social con las sub-regiones y los
sectores de la población históricamente más desfavorecidos,
especialmente las comunidades indígenas y las afro-colombianas.
Se hacen necesarias nuevas formas de relación e intercambio con el
sector empresarial, el sector gobierno, las ONGs, los sectores
políticos, las asociaciones de profesionales, trabajadores,
egresados y en general con todas aquellas organizaciones sociales
e instituciones en cuyo ámbito de acción es necesaria la presencia
de la universidad.
El nuevo esquema de desarrollo humano del Departamento cuenta con
la capacidad de generación y apropiación de conocimiento de la
Universidad del Valle como su plataforma fundamental e
insustituible para la innovación y desarrollo tecnológico.
De otra parte, el Valle del Cauca tiene un rico patrimonio de
diversidad cultural y la Universidad del Valle tiene la
responsabilidad de potenciarlo apuntando a un nuevo concepto de
identidad regional.
No es tarea fácil llevar a cabo este propósito. Se trata de un
largo proceso que tendrá que ir quemando etapas y en el que
inevitablemente aparecerán las tensiones entre la universidad
tradicional y la nueva. Esta es una relación dialéctica en la que
es necesario estar atentos al impacto del cambio,
pero donde también es imperativa la continuidad de aquellas
acciones que han incidido en su estabilidad y mejoramiento.
No estamos empezando de cero. Contamos con un importante acumulado
de experiencias, identidad institucional, reconocimientos, logros
y calidad, autonomía, libertad académica, y, sobre todo, una
comunidad de profesores, estudiantes, funcionarios y trabajadores
que siempre le han respondido a la institución, aún en los
momentos de más duras crisis.
La construcción de una visión compartida y un nuevo pacto
institucional son indispensables para asegurarle el futuro a la
Universidad del Valle. Un pacto que defina sus compromisos con la
sociedad, que establezca las reglas internas de convivencia de su
comunidad y que reoriente recursos de investigación y docencia
para responder a los retos de la cultura, el conocimiento y las
necesidades de la región.
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