Arte y Cultura

“El infierno mío es mi ciudad, mi país, mi planeta”

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Jueves, 13 Julio 2017
Agencia de Noticias Univalle

El autor habló sobre su primera novela, ‘Este infierno mío’, y compartió su opinión acerca de este género y sobre cómo ha explorado la condición humana en los contextos de conflicto.

Tomado de El Heraldo.

Este infierno mío es la primera novela de Julián Malatesta –seudónimo de Juan Julián Jiménez Pimentel–, quien a sus 62 años, luego de publicar más de una decena de libros de poesía, decidió explorar este género al que ha considerado durante toda su carrera como “mendigo”. Julián es profesor de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle.

Su relato es sobre una guerra que ha estado presente durante tanto tiempo que los involucrados han olvidado cómo nació. Los combatientes, al igual que los habitantes de estas poblaciones, intentan enfrentar su suerte intentando que su vida, sin importar qué sea, les pertenezca.

P. ¿Cuál es la importancia de estas historias en el momento de reconciliación por el que atraviesa el país?

R. Lo que sucede con la novela es que los acontecimientos históricos y sucesos de la realidad pretenden ser leídos a través de ella y yo creo que allí hay un equívoco. El novelista construye una ficción con la cual el lector tiene instrumentos de cómo pensar su contexto y cómo pensar su momento histórico. Pero uno en la novela crea un mundo que le es propio a la novela, y por supuesto yo en Este infierno mío interrogo un poco lo que es la vida de la gente en la guerra y la vida cotidiana dentro de la guerra. Me preocupa mucho la condición humana independientemente de sus postulados ideológicos, políticos, dogmáticos. Qué acontece con esas almas y esos espíritus metidos en el torbellino y en los grandes vórtices de la confrontación.

P. La novela muestra que el bienestar no siempre se antepone a la vida de cada persona. ¿Busca resignificar la libertad personal en estos contextos?

R. Lo que ocurre es que los ideales y los móviles con los que las personas asisten a la guerra pueden ser antagónicos entre si, o expresar discrepancias excesivamente radicales. Pero lo cierto es que en la guerra hay vida, y así como se sufre, se ama. Se va a la confrontación con miedo, pero también se va con valor y coraje. En la guerra, a su vez, se asiste a la fiesta de alguna manera. Yo tengo la superstición de que los hombres y mujeres de la guerra son una casta, una gente especial. Desde la antigüedad hasta nuestros días todas las culturas han tenido gente para eso, y lo que es sorprendente en nuestro país es cómo se produce: hay gente para la guerra de manera diaria. Yo creo que la gran pregunta que hay que hacerse es ¿qué clase de seres humanos somos que hemos necesitado a la guerra para ser lo que somos? Es decir, para llegar a esta civilización con sus grandes conquistas, con sus grandes inventos, con sus grandes descubrimientos, todo ha sido través de la guerra.

P. ¿Considera que la sensibilidad poética que ha desarrollado con sus trabajos anteriores le permitió construir un relato más humano?

R. A mí me parece que el trabajo del creador en el mundo del arte realmente es explorar a fondo el alma humana. Ir hasta el fondo del espíritu humano e interrogar eso: sus valores, el bien y el mal. Creo que la poesía a mí me ha servido mucho. Hace mucho tiempo vengo escribiendo una poesía amorosa, pero atrapada en los contextos históricos, de guerra, de orfandad, porque ahí también se ama. Y sí, es probable que la poesía sea un instrumento para entrar en una dimensión narrativa de la cual todavía tengo muchas expectativas y muy pocas certezas.

P. ¿Esperó hasta los 62 años para escribir su primera novela porque ha considerado que ese es un género “mendigo”?

R. Creo que es un acto de precocidad llegar a esta edad y lanzarse a escribir una novela de esa dimensión. Pero realmente es porque considero que la poesía es el género en sí mismo del arte, el gran género. En cambio me parece que cuando digo que la novela es un género mendigo es en un sentido muy coloquial y también mítico. En el sentido coloquial es porque el novelista, atrapado en la descripción y la necesidad de narrar situaciones por pequeños cuadros, dibujos o detalles, le tiene que mendigar todo el tiempo a la realidad. Tiene que pedirle que le ayude a construir las geografías y las cartografías por donde andan los personajes, etc. El poeta se despreocupa de eso, está en la palabra más pura, entra de manera directa a la expresión metafórica, al lugar en que puede identificar una pasión o un sentimiento.

P. ¿Cuál es el infierno de Julián Malatesta?

R. Pues el infierno mío es mi ciudad, mi país, mi planeta. Creo que no hay un lugar donde llegar, como tampoco tuvimos un lugar de dónde partir. Este es el lugar de las luchas, el lugar de las aflicciones, el lugar de los dolores, de los miedos, pero también es el lugar del amor, la alegría y la fiesta, que también es parte de la dimensión del infierno. La otra es que esto es un infierno porque es el lugar donde lo natural y lo sobrenatural hacen vida juntos y se manifiestan de manera normal como ocurre en las tradiciones populares. Quiero mostrar que no hay promesa, que no hay un discurso mesiánico que nos pueda ofrecer la vida más eterna o la vida más próspera. Que tenemos que acostumbrarnos que cuando superamos un conflicto entramos a otro, y que la sociedad que nos toca existe para que haya progreso. Para que pueda haber un sentido de proyección en el tiempo estamos es otorgándole mejor calidad al conflicto. Y en ese sentido yo creo que la novela puede ser muy valiosa para que el lector sea capaz de interrogarse sobre su época.

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