Arte y Cultura

Oratorio El Río de los Muertos

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Jueves, 18 Mayo 2017
Agencia de Noticias Univalle


Palabras de presentación de la obra Oratorio "El río de los muertos" por el  Maestro Alberto Guzmán Naranjo, autor de la obra musical. Como parte del acto cultural de firma del convenio marco entre la Universidad del Valle y el Museo La Tertulia.

Desde la conformación como Estado en 1810, a partir del Virreinato de la Nueva Granada, la historia de Colombia es la de una guerra de más de doscientos años. Los últimos 69 años, desde el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán han sido los más fructíferos, los más fecundos, en nuestra inagotable capacidad de producir hechos atroces.

Las épocas del prestigio épico de la guerra son avatares de la historia; hoy pensamos que es más digna la lucha por el aire, el agua, la salvación de esta morada común. El arte siempre ha expresado las veleidades de la guerra, sea ello una celebración para exaltar el florecimiento de la virtud o la execración, como en el teatro de Shakespeare, o sea una condena como en “El triunfo de la muerte” de Brueghel o en las denuncias de los crímenes de guerra en la obra de Goya, Picasso, Bertold Bretch y entre nuestros artistas: Débora Arango y Fernando Botero. 

Cuando el arte, con su capacidad de simbolización, se ocupa de la guerra, siempre vuelve la pregunta de Goethe: ¿Por qué será que las cosas que nos repugnan en la vida nos fascinan en el arte? Esa fascinación está ahí, desde las efusiones de sangre que nos prodiga Homero en su Ilíada,  está presente en la historia de la pintura, de la música de la literatura. Para reflexionar sobre la catástrofe con la que la cultura occidental inauguró el siglo XX: la Primera Guerra Mundial, Thomas Mann hizo una inmersión profunda en los orígenes del pueblo de Israel y la obra “José y sus hermanos” salió a la luz cuando comenzó la danza de exterminio de los judíos en la Alemania nazi. 

El Oratorio “El Río de los Muertos” es la reflexión, desde la música, sobre esta guerra nuestra, tan larga, tan llena de esos muertos que navegaron los ríos buscando el mar o buscando la paz de la nada, y que una voluntad romántica, o utópica, o generosa, quiere terminar para que nos demos la oportunidad de construir los conflictos del conocimiento y la creación. 

El admirable libreto que concibió la poeta caleña Ana Mercedes Vivas es intenso y desgarrador porque allí están relatados algunos de los crímenes de esta guerra atroz: 

“Llegaron flotando por el río:

eran los NN de la guerra,

de los que nadie quería hablar,

los que no reclamaba nadie” 

También es un homenaje a las víctimas: 

“Fui la niña / a la que una tempestad

de arena y metralla / le dejó las manos vacías

de las manos del padre.” 

Pero la obra de arte no es propaganda para la violencia, para eso están los políticos.  No, el arte es una reflexión para el entendimiento y la esperanza; el arte es el perro de San Agustín, quien en una reflexión sobre la naturaleza del lenguaje dijo: “lo mejor que tiene la palabra perro es que no muerde”. 

El Oratorio termina con un hermoso poema de Matilde Espinosa, un fragmento de “Requiem por la Muerte Grande”. 

Que descansen en paz

si paz hubiera.

Que no vuelva el espectro de sus nombres

a remover cenizas en la tarde…

Que descansen en paz

si paz hubiera.

Que devuelvan los aires

la esperanza perdida

y el mismo sol

agónico en la sombra

vuelva el calor de la violada entraña.

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