Arte y Cultura

Un domingo con Isaacs, la ópera

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Jueves, 26 Octubre 2017
Agencia de Noticias Univalle

Es domingo, el reloj marca las 9:00 a.m. y sobre el sur de Cali cae una leve llovizna. A esta hora muchos están descansando luego de una noche de rumba, otros están en los parques o en la ciclovida haciendo deporte. Es probable que algunos estén aún en sus camas leyendo el periódico o viendo televisión, planeando qué van a hacer el resto del día. Vida de domingo, mientras otros, en el Auditorio 4 de la Universidad del Valle (la sala de teatro) maestros y artistas se reúnen, como otros tantos domingos para el ensayo de una obra importante: Isaacs, la primera ópera escrita y producida en la Universidad.

Desde inicios de agosto, este grupo de artistas se ha reunido con frecuencia para preparar la obra. La responsabilidad es alta: es uno de los eventos con los que la Universidad del Valle conmemora los 150 años de publicación de María, novela insigne de Jorge Isaacs. Su estreno hace parte de la programación del IX Simposio Internacional, que se propone abordar todas las facetas del autor vallecaucano.

Hoy, a menos de una semana de su estreno mundial, el ambiente no parece tenso. Se ve camaradería entre todos. Hablan, se ríen, bromean. La maestra Ma Zhenghong, docente del Departamento de Artes Escénicas, explica que todo se debe al trabajo arduo que han adelantado a lo largo de estos tres meses, en medio de jornadas largas y extenuantes, se han compenetrado como equipo.

La ópera ha reunido a grandes artistas de trayectoria. La composición y dirección musical: estuvo a cargo de Alberto Guzmán Naranjo, profesor de la Escuela de Música; el libreto es de Edgar Collazos, docente de la Escuela de Estudios Literarios y editor de La Palabra. La dirección escénica es de Alejandro González Puche, docente del Departamento de Artes Escénicas y director del Laboratorio Escénico Univalle. La dirección vocal está a cargo de María Claudia Ferreira, directora de Prácticas Corales de la Escuela de Música. El diseño de escenografía y vestuario es de Diego Pombo, artista plástico, gestor cultural y cofundador del Teatro Salamandra. Una nómina de lujo.

La Orquesta Filarmónica de Cali será dirigida por el maestro Guzmán Naranjo, acompañados de un grupo de selectos solitas caleños y el coro Ensamble Vocal Cinco. Como solistas del estreno mundial de Isaacs figuran Julián Vargas, Karolyn Rosero, Cesar González, María del Socorro Núñez, Ruth María Castañeda, Natalia Vanegas, David Polonía y Germán Arciniegas. Como parte del grupo se encuentran estudiantes de las licenciaturas en Arte Dramático y en Danza Clásica.

La ópera se sitúa a finales del siglo XIX. Inicia con una procesión nocturna que avanza por las calles caleñas hasta las puertas del cementerio. Allí son detenidos por un grupo de militares que impide su paso. Los penitentes, defensores del amor, afirman traer en el féretro a un ilustre poeta. Los militares se dan cuenta de que se trata de Jorge Isaacs, ya que conocen su trasegar como militar; entonces lo acusan de guerrillero, liberal y judío. El coro asume la defensa de aquel quien luchó por este país, estremeciendo al mundo con sus palabras, e invoca el alma del poeta. El entierro simbólico de Isaacs en Cali se convierte en un desagravio a la memoria del primer gran novelista colombiano, cuya muerte lo sorprendió en Ibagué y quien, según su voluntad, fue sepultado en Medellín.

Edgar Collazos, el libretista, retoma el motivo de un cadáver insepulto que deambula por diferentes caminos de Colombia y lo trae finalmente a Cali, su ciudad amada, para realizar, en la conmemoración del 150 aniversario de la primera edición de María, un ritual de amor y desagravio.

Isaacs es una ópera que canta al amor ausente y esquivo en tiempos de guerra; es una invocación a la figura del poeta que vuelve a su tierra natal para enseñarle al pueblo lo que significa el amor, cómo se vive, cómo cambia la vida de los seres humanos.

La jornada del domingo avanza. Después de que todos los participantes se han estado preparando, algunos repasando el libreto, otros practicando los movimientos de la danza, algunos calentando la voz, los maestros González y Guzmán deciden iniciar el ensayo grupal. Algunas integrantes del coro llevan vestidos floreados y amplios, los hombres están vestidos de soldados o de campesinos.

Alejandro González Puche se mueve por todo el escenario, da indicaciones, dice cómo deben moverse por el espacio y regresa a la mesa, donde está sentado el maestro Alberto Guzmán, siguiendo la música de la ópera, repasando la entonación y letra de los cantantes. Junto a ellos están los asistentes tomando atenta nota de cada palabra que ambos dicen. A un costado está sentada Ma Zhenghong con una libreta y un lapicero. Con cada movimiento en el escenario toma apuntes y con rapidez llena varias páginas.

Afuera del Auditorio 4, llueve más fuerte. La Plazoleta de Ingenierías, un sitio habitualmente concurrido y lleno de gente, está a solas. Adentro, en la sala de teatro, hace algo de calor. Esto no parece afectar a los actores.

En un momento determinado Julián Vargas se aparta del grupo, se hace a un lado y cambia su traje de campesino para vestirse como Jorge Isaacs, el poeta que regresa al oír el clamor del coro. Vuelve para reivindicar su figura: antaño fue odiado por sectores sociales del país. El amor parece permear a cada miembro del coro, a cada mujer de la procesión, a cada soldado. Isaacs les habla del amor. Pero falta alguien.

De repente, una mujer blanca de cabellos castaños y ojos claros que estaba sentada en el auditorio siguiendo el curso del ensayo se levanta y entra por los bastidores. Ella, Karolyn Rosero, una egresada de la Escuela de Música que ha cantado con la Ópera y la Sinfónica de Colombia y participado en el montaje de varias óperas a nivel nacional e internacional, es María, el icónico personaje que Isaacs inmortalizó en su novela y que regresa al lado del autor por unos instantes.

Para Karolyn es un orgullo representar a María, un personaje icónico de una obra cumbre del romanticismo. “Uno de los principales retos de esta obra es que se basa en música nueva, que no conocíamos y apenas estamos asimilando con la orquesta. Esto representa un mayor esfuerzo porque se requiere estar más pendiente de las entradas musicales. Otro de los retos es lograr un ensamble que se vea natural y orgánico. Hacer ópera es eso: el trabajo conjunto de muchas personas, por eso es tan difícil y necesita tiempo para acoplarse”, menciona.

El maestro Alejandro González opina que “el problema fundamental de la puesta en escena de una ópera es que tiene muchos lenguajes que se involucran en diferentes momentos de la acción. A veces la llevan los bailarines, en otro momento la acción la llevan los actores. Todo esto debe traducirse en un ritmo escénico”.

En el teatro se ensaya hasta la salida final, cuando cada uno de los responsables, actores, bailarines, cantantes, los directores (del coro, escénico y el musical), el guionista, el escenógrafo y los técnicos suben al escenario para recibir el aplauso y clamor del público. Emoción, sonrisa y alegría se ven en sus rostros. El esfuerzo de todos estos meses se resumirá en este único momento.

Al finalizar la jornada, el maestro Alejandro da las últimas indicaciones, los ajustes de vestuario tendrán que hacerse antes del miércoles, para ese día todas las cosas deben estar en el Teatro Jorge Isaacs. A partir de ese día ensayarán con todos los implementos. La noche del estreno los actores y miembros del coro no llevan ni gafas, relojes ni accesorios. Los integrantes del equipo recogen sus cosas, guardan sus libretos en sus maletines y abandonan poco a poco el auditorio. Hay algo de ansiedad en sus miradas. Se abre el telón para Isaacs. Afuera ya es medio día y ya no llueve.

 

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