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Conflicto y depredación industrial, las otras epidemias en Colombia

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Viernes, 31 Julio 2020
Agencia de Noticias Univalle

“Aunque la pandemia ha tenido una gran atención prioritaria por sus efectos en el corto plazo, existen amenazas aún mayores pero que, debido a sus efectos menos explícitos sobre la vida, no han tenido el mismo nivel de urgencia. En Colombia la situación es especialmente álgida por el cambio de las condiciones territoriales a raíz del acuerdo de paz”.

Con estas palabras el profesor Fabián Méndez, docente de la Escuela de Salud Pública de la Universidad del Valle y PhD de Epidemiología de Johns Hopkins University, expresa su preocupación acerca del cambio climático y cuidado del medio ambiente, aún dentro de esta época de pandemia y especialmente en Colombia, donde el conflicto armado ha estado fuertemente ligado a territorios de bosque y selva.

Esta inquietud nace del proyecto Conflicto Armado, Ambiente y Salud, en el que trabajó el profesor con un grupo interdisciplinar de investigadores para la Comisión de la Verdad.

“Trabajamos en recopilar información sobre cómo el conflicto armado tuvo un impacto en el medio ambiente y, a través de eso, en la salud. En el contexto que analizamos, que fue entre 2015 y 2017, encontramos que los procesos de deforestación y contaminación no sólo no han cesado, sino que se han profundizado”.

Uno de los mayores ejemplos de retroceso en el tema ambiental, de acuerdo con Méndez, es la constante presión para retornar a la aspersión aérea de glifosato. “El gobierno nacional ha generado un movimiento, presionado por el gobierno norteamericano, para que reinicien las aspersiones de glifosato. Por fortuna, hay gran resistencia de grupos sociales, organizaciones no gubernamentales y otras asociaciones”.

Aparte de este fenómeno, el profesor señala que causas tan nocivas como la minería ilegal se han arraigado desde hace varios años. “Es necesario aclarar que no hago referencia a la minería ancestral, que es un proceso diferente de extracción de oro perteneciente a las culturas afro y que no emplea mercurio. La minería informal e ilegal, que sí usa mercurio, está ligada a conflicto armado porque financió la guerra para diferentes grupos armados, especialmente paramilitares”.

Si bien el acuerdo frenó muchas de las acciones de guerra causadas por las FARC, el cambio de gobierno y la nueva posición frente a los acuerdos de paz trajo de vuelta algunas de ellas. “Las acciones directas de guerra como la voladura de acueductos han vuelto a ocurrir, con las graves consecuencias ambientales que acarrean. Desafortunadamente, todo lo que sucede como conflicto armado queda en medio la coyuntura actual y, como las noticias están concentradas alrededor del coronavirus, pasa a un segundo plano”.

El docente Fabián Méndez también divisa un panorama desalentador en asuntos ambientales por la expansión de la frontera agrícola, cada vez más incontrolada. Las quemas y deforestación en el Amazonas colombiano, así como en el brasileño se han conversito en una situación regular.

“En el país había algunas zonas “protegidas” por el temor que generaba la presencia de la guerrilla. Actualmente, están siendo taladas por grupos delincuenciales, paramilitares y bandas criminales que amedrentan y desplazan a las comunidades. En lo que va de este gobierno el desplazamiento ha aumentado un 54%. El horizonte es muy complejo, pero esperemos que al final de esta pandemia se gesten los procesos sociales y resistencia que permitan frenar el avance despiadado de la deforestación en los territorios”.

Por otra parte, aunque el epidemiólogo hace un balance positivo sobre la recuperación ambiental en épocas de cuarentena, vaticina que apenas retome fuerza la actividad económica, ese descanso momentáneo se perderá. “Han mostrado varias imágenes del zorrito que anda por las calles de Bogotá, o de venados que atraviesan por una avenida y, aunque podríamos pensar que es la naturaleza que recupera lo perdido, desafortunadamente las potencias industriales trabajarán apenas mengüe la crisis en retomar ese terreno”, expresa Méndez.

Además de los repetidos incumplimientos de potencias como Estados Unidos a los acuerdos de París, el docente explica que la postergación del encuentro por el cambio climático de este año va a dejar un vacío en las medidas para reducir los efectos de la recuperación de la economía, basada en el carbón y el petróleo.

Para el profesor Fabián Méndez el reto ambiental para mantener los cambios positivos en la calidad aire y las aguas se encuentra en generar procesos de organización social que empleen nuevas formas de producir. “Es un alivio decir que el aire en las ciudades está más claro, pero este beneficio es menor frente al embate económico que se comienza a percibir. Entonces, el nuevo reto está en encontrar formas diferentes de producir, porque si bien tecnologías como la energía solar ayudan a amortiguar, no son una verdadera solución. Los problemas ecológicos son sociales y es en este frente donde se puede hacer una transformación real”.

Méndez considera que la agricultura industrial, a pesar de producir una cantidad mayor de alimentos, genera menos empleo y más contaminación que el modelo de agroecología, una alternativa más cercana a los antiguos modelos de agricultura campesina y más amigable con el medio ambiente.

“Hay un pueblo llamado Pijao, en el Quindío, donde utilizan la biodiversidad para controlar plagas y para producir alimentos seguros. Son fincas cafeteras que se resisten a la depredación y los agrotóxicos, tierras en las que siembran café y yuca en medio plantas medicinales y de plátano. Resulta que, en medio de un cultivo diverso, las plagas no se reproducen porque una planta controla la otra. Además, el campesino que está allí no sólo produce café, sino que tiene yuca para hacer el sancocho y tiene plátano. Es una forma diferente de producir con notables beneficios para los agricultores y sus familias”.

Aunque gracias a la quietud de la industria producto de la cuarentena se notó una transacción en los entornos, Fabián Méndez recuerda que la guerra y la producción industrial son las otras epidemias y que llevan largos años minando el equilibro de suelos y bosques en territorio colombiano. También hizo un llamado para que las transformaciones ambientales traídas por el cese de la industria, llamativas en un principio, no sean sólo temporales y fomenten un cambio a nivel social y político que asegure la sostenibilidad de las personas y su entorno.

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