Celebración 75 años

75 AÑOS DE LA UNIVERSIDAD DEL VALLE
SÍNTESIS DE UNA HISTORIA BRILLANTE
Por: Luis Carlos Castillo

La coyuntura:

El 11 de junio de 2020 la Universidad del Valle cumple 75 años de fundada. Celebramos este aniversario en circunstancias nunca antes vividas, como resultado de la pandemia del Covid19. Estas condiciones son inéditas ya que enfrentamos la primera pandemia global, aunque, como se ha discutido hasta el cansancio, a lo largo de la historia la humanidad ha sufrido epidemias como la peste bubónica del siglo VI d.C., con su rebrote en el siglo XIV, que mató a la tercera parte de la población europea, o la mal llamada gripe española, que acabó con la vida de cincuenta millones de personas en 1918.

Por sus consecuencias futuras, el reto que enfrenta hoy la Universidad es inconmensurable. Sin embargo, así como los bombardeos nazis no pudieron destruir la universidad inglesa durante la Segunda Guerra Mundial, el coronavirus no derrumbará la Universidad; aunque la transformará. Con mucha imaginación y forzados por el confinamiento, hemos echado mano de la virtualidad para continuar con las clases, para seguir reuniendo a los grupos de investigación, para realizar seminarios y para comunicarnos con nuestros estudiantes. Los órganos colegiados del Alma Máter, el Consejo Superior, el Consejo Académico, los Consejos de Facultad, entre otros, apoyándose en las nuevas tecnologías de la información, han seguido reuniéndose, salvaguardando, a pesar de las difíciles condiciones, el don preciado de la toma de decisiones democráticas.

La fuerza de las circunstancias nos ha hecho descubrir el universo de potencialidades, pero también los peligros que se esconden detrás del mundo de la virtualidad. Se han hecho más evidentes las profundas desigualdades que imperan en la sociedad colombiana. La inteligencia desbordada de muchos de nuestros estudiantes no ha podido seguir desplegándose porque en sus hogares no hay un computador, un teléfono inteligente, conexión a Internet o, sencillamente, porque no cuentan con las condiciones físicas mínimas para participar creativamente en las clases virtuales, ni responder a tiempo con sus compromisos académicos.

En un esfuerzo meritorio, aunque insuficiente, la Universidad ha llevado equipos y dispositivos de conexión a la red a un número significativo de hogares de nuestros estudiantes. En todo caso, la Universidad no seguirá siendo la misma. No saldremos indemnes de la pandemia. Por lo anterior, debemos prepararnos para enfrentar los retos que se avecinan, pero, ante todo, mancomunadamente debemos salvaguardarla como una institución productora de conocimiento, democrática, inclusiva y respetuosa de la diferencia. Por ello, es menester en estos 75 años evocar algunos trazos de su brillante historia.

Los inicios:

La creación de la Universidad del Valle, mediante la Ordenanza N° 12 del 11 de junio de 1945 de la Asamblea Departamental fue (y sigue siendo) el proyecto cultural más importante de la primera mitad del siglo XX de la región vallecaucana y uno de los más trascendentales para la educación superior pública del país. El departamento comenzaba su despegue industrial como consecuencia, entre otros factores, de la Segunda Guerra Mundial. No obstante, la formación estaba centrada en las escuelas de artes y oficios del campo agropecuario, que respondía a la vocación agropecuaria del Valle, como se pensaba en ese momento. En efecto, desde el año 1934 funcionaba la Escuela Superior de Agricultura Tropical de Cali (ESAT), que daría origen a la Facultad de Agronomía del Valle, que se integraría en 1946 a la Universidad Nacional de Colombia bajo el nombre de Facultad Nacional de Agronomía.

Foto 1: Primera sede de la Universidad del Valle Carrera 4ª con Calle 13.

Tulio Ramírez, el fundador, es un visionario que lucha contra los molinos de viento que imaginan que el ardiente valle geográfico del río Cauca no es tierra fértil para que fructifique una auténtica cultural académica y propone, para responder al nerviosismo del momento, formar científicos, administradores e ingenieros, que el acelerado desarrollo industrial del Valle del Cauca necesitaba.

Foto 1: Primera sede de la Universidad del Valle Carrera 4ª con Calle 13.

La Universidad comienza a funcionar en octubre de 1945 con cuatro programas de estudio (comercio superior y administración de negocios, ingeniería química, arquitectura e ingeniería eléctrica) y 173 estudiantes. Su primera sede fue un local situado en las inmediaciones del antiguo Batallón Pichincha, en el actual Centro Administrativo Municipal. Luego se traslada al Añejo Claustro de Santa Librada, ubicado en la Carrera 4ª con Calle 13, -que había sido el lugar de clausura de los padres agustinianos o Convento de San Agustín- cedido a la Universidad porque el Colegio había pasado a sus nuevas instalaciones.

Foto 3. Grupo de alumnos de la Facultad de Comercio Superior, 1947.


San Fernando:

Durante la década de 1950, la Universidad comienza a transitar por una senda de expansión académica. Pese a las dificultades financieras que enfrentó desde su nacimiento, el 1° de octubre de 1951 se crea la Facultad de Salud con 50 estudiantes que ocupan la sede de Santa Librada . De allí surge la decisión de construir la sede de San Fernando, en un barrio emblemático del mismo nombre, cuando la ciudad se expandía hacia el sur. Se construye esa infraestructura en las inmediaciones del Hospital Universitario del Valle Evaristo García, que toma ese nombre para honrar la memoria de unos de los médicos más ilustres del Valle del Cauca. Desde entonces, como dos hermanos gemelos, Universidad y Hospital estarán íntimamente relacionados, haciendo parte de una misma historia institucional.

Foto 4: La construcción de la Universidad del Valle en el barrio San Fernando en las inmediaciones del Hospital Universitario del Valle Evaristo García.


En la Sede de San Fernando se ofrecen, entre otras, las carreras de medicina, enfermería, bacteriología, arquitectura, administración de empresas, economía agrícola, ingeniería sanitaria, química, eléctrica, tecnología en topografía; se enseña también física, matemática, química y algunas disciplinas humanísticas y de la educación, que van consolidando el proyecto académico más importante del occidente del país.

En el año 1964, con todas las facultades y escuelas concentradas en la Sede de San Fernando, la Universidad contaba con “siete unidades básicas, Ciencias, Humanidades, Ciencias Sociales y Económicas, Salud, Ingeniería, Arquitectura y Educación. Se ofrecen 21 programas de estudios en los tres niveles de formación, hay 2.146 estudiantes de los cuales 1.345 son regulares, 365 profesores (de los cuales 264 son de tiempo completo). Cuenta con un presupuesto de $19.261.717,oo y un patrimonio de $42.586.900.oo” . Durante estos años, la Universidad fortalece la organización de los programas por facultades y escuelas, mejora su estructura académica administrativa, consolida el concepto de profesor de tiempo completo y la política de bienestar universitario.

 

La Ciudad Universitaria de Meléndez:

Foto 5: Construcción del Edificio de la Facultad de Ciencias Naturales y de los edificios de la Facultad de Ingeniería.

Un salto cualitativo y cuantitativo de enormes proporciones significó para la Universidad el proyecto de construcción de la Ciudad Universitaria de Meléndez a partir de junio de 1965, en su momento el mayor referente de la arquitectura colombiana. En dicho proyecto participaron siete equipos de arquitectos e ingenieros, bajo la dirección de Jaime Cruz y Diego Peñalosa y contó con la asesoría de la School Planning Laboratory de la Universidad de Stanford, California . La construcción de la Ciudad Universitaria de Meléndez hace realidad un sueño que tuvo el exrector Alfonso Ocampo Londoño cuando visitó la Universidad de Stanford y quedó maravillado con la belleza y extensión de un campus universitario de 30 millones de metros cuadrados, en su momento la universidad más grande del mundo.

Foto 6: Construcción de los edificios de la Facultad de Ingeniería y del edificio de la Biblioteca Mario Carvajal.



El proyecto fue posible gracias a la donación de los hermanos Garcés Giraldo de un lote de un millón de metros cuadrados. Para financiarlo, la Universidad solicitó un préstamo al Banco Mundial. Aprobado por el Consejo Directivo, fue rechazado por el presidente de la institución. Ante esta negativa, se solicitó el crédito al Banco Interamericano de Desarrollo (BID).


Foto 7. Edificio de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, auditorios y edificios de la Facultad de Ingeniería.

 

El 21 de abril de 1968, el presidente Carlos Lleras Restrepo firmó el crédito por $107.580.000, oo, que haría realidad la construcción de la Ciudad Universitaria de Meléndez. Primero fueron edificadas las residencias estudiantiles y la cafetería, instalaciones que se convirtieron en la Villa Olímpica, donde se alojaron los deportistas que competían en los VI Juegos Deportivos Panamericanos, gesta que transformaría urbanísticamente la ciudad.

Con la construcción de la Ciudad Universitaria de Meléndez, diseñada para una población de 16.000 estudiantes, se inicia una etapa trascendental de la trayectoria académica del centro de educación superior más importante del suroccidente de Colombia.

Una vez concluida la competencia deportiva, comenzó el traslado de San Fernando a la nueva sede. Y mientras se hacía dicho traslado, estalla una protesta de estudiantes, que sería conocido como El Movimiento Estudiantil de 1971, acontecimiento que signaría el futuro de las luchas estudiantiles en Colombia.

En el año 1975, a treinta años de su fundación, la Universidad contaba “con 75 planes de estudio, 6.125 estudiantes, 709 egresados, 619 profesores de tiempo completo equivalente y un presupuesto de $230 millones” . La Universidad inicia un proceso de reorganización académico-administrativa en el que se fortalecerán las facultades como las unidades académicas centrales del quehacer académico e investigativo, que continuará hasta la actualidad.


Regionalización:

Foto 8: Sede de Palmira

La Universidad tuvo una vocación regional desde su fundación, pero la perspectiva visionaria del fundador chocaba con la muralla china del desfinanciamiento, empotrado desde la cuna del Alma Máter. No obstante, en el año de 1986, mediante el Acuerdo 008 del Consejo Superior, se hace realidad la construcción del Sistema de Regionalización de la Universidad del Valle. Ese año, con 750 estudiantes se abren las sedes de Caicedonia, Zarzal, Tuluá, Buga, Palmira y Buenaventura. Posteriormente, se abren las sedes de Cartago y Santander de Quilichao, en el norte del departamento del Cauca. El Ministerio de Educación Nacional reconocerá este sistema como un ejemplo de la regionalización de la educación superior en Colombia.

Foto 9: Sede de Buga

 


Foto 10: Sede de Zarzal

 

La crisis de 1998:

Mientras la Universidad irradiaba su influencia al suroccidente del país, enfrenta la crisis de 1998. Derivada fundamentalmente de la insuficiencia de recursos, que debía girar la Nación para enfrentar la “bomba pensional”, fue uno de los momentos más difíciles de la historia del Alma Máter. Después de la inestabilidad institucional del año 1999 y de la interrupción de las clases durante casi un semestre; en febrero de 2000, con la consiga pregonada por profesores, estudiantes, trabajadores y empleados de: “Universidad abierta y funcionando”, se reanudaron las clases y paulatinamente la Institución comenzó a transitar por una senda de “reinstitucionalización”, como se le llamó en ese momento.

La Universidad mostró una vez más su fortaleza institucional. En este marco, la comunidad universitaria formuló, en rigor, el primer plan estratégico de la Universidad. Dicho plan fue diseñado para un horizonte temporal de diez años, 2005-2015 y sería la carta de navegación para superar la crisis y colocar nuevamente a la Universidad el sitial que se merecía, como un miembro de honor del “triángulo de oro” de la educación superior colombiana, compartido con la Universidad Nacional y la Universidad de Antioquia.

Al cumplir sus 75 años, sigue sonando por certera, la frase que dijera el presidente Carlos Lleras Restrepo cuando firmó el crédito con el BID, que haría realidad el sueño de la construcción de la Ciudad Universitaria de Meléndez: “La Universidad del Valle partió en dos la historia del departamento (…) antes de ella la comunidad era pastoril y comercial y tenía poca influencia en el aspecto industrial y en la producción. Yo creo que los profesionales que se formaron aquí dieron un paso para el verdadero desarrollo”.

La Universidad del Valle, después de trasegar durante más de siete decenios por los caminos de la formación con los más altos estándares de calidad, por la investigación científica y en la solución de grandes y pequeños problemas de orden regional y nacional, se ha convertido en la institución académica más importante del suroccidente del país.

El desarrollo del departamento del Valle del Cauca, con toda la carga de valor que implica esta expresión, no es comprensible sin los aportes dados por la Universidad en casi todos los campos del saber y por el impacto de sus más de cien mil egresados, altamente formados en casi todas las disciplinas. Es cierto: el Valle del Cauca es otro después de la creación de la Universidad del Valle.

De la pequeña institución que nació en 1945, hoy la Universidad se ha transformado en un centro de educación superior con siete facultades (Salud, Humanidades, Ciencias de la Administración, Ingeniería, Ciencias Naturales y Exactas, Artes Integradas y Ciencias Sociales y Económicas), con 2 institutos académicos (Psicología, Educación y Pedagogía) 5 institutos de investigación (Cinara, Cisalva, Prospectiva, Ciencias del Mar y Limnología, de Paz) y 6 centros de investigación (De Género, Cidse, Citce, Cenm, CiBioFi y Cedetes).
Los 173 estudiantes con los que la Universidad emergió al mundo de la educación superior pública se han convertido en 31.000, de los cuales 11.000 están en el sistema de regionalización, 51% son mujeres, más de 3.000 se reconocen como afrodescendientes y más de 700 como indígenas. La mayoría de esos estudiantes pertenecen a los estratos socioeconómicos menos favorecidos.

Con sus 17 doctorados, 82 maestrías, 34 especializaciones, 123 programas profesionales y 64 tecnológicos, para un total de 324 programas, buena parte de ellos con la acreditación de alta calidad, la Universidad tiene una de las ofertas académicas más importantes de la educación superior colombiana.

Los pocos docentes con los que nació la Universidad, hoy se han convertido en más de 1.000 profesores de planta, de los cuales cerca del 50% ostentan el título de doctorado. Con sus más de 250 grupos de investigación, la Universidad ha sido clasificada en los últimos años, de forma consecutiva, como la tercera universidad en investigación en Colombia, detrás de las universidades Nacional y de Antioquia y por delante de la Universidad de los Andes.

Durante estos 75 años, la Universidad se ha caracterizado por defender la autonomía universitaria, la libertad de cátedra, la enseñanza de alta calidad centrada en el estudiante, inclusiva y respetuosa de la diferencia. No hay duda, la Universidad del Valle es el don cultural más preciado con el que cuenta la sociedad vallecaucana.

Foto 11: Panorámica de la Cuidad Universitaria de Meléndez

A pesar de las difíciles condiciones por las que está atravesando, la Universidad del Valle tiene la suficiente fortaleza institucional y humana para superar los desafíos que le depara la actual coyuntura. Tengamos la convicción que saldrá adelante, para seguir cumpliendo con su noble misión. Por ello, en sus 75 años, debemos entonar su himno, cuya letra escribió el profesor jubilado Diego Roldán Luna. El coro dice:

Con ardiente y vibrante voz
entonemos un himno glorioso
a la fuente feraz de sapiencia y amor
donde brilla triunfal la verdad.
Levantemos la frente orgullosos,
y en común alegría y unión, nuestra
Universidad del Valle, exaltemos con emoción.