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Cansancio y felicidad

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Martes, 06 Abril 2021
Agencia de Noticias Univalle

La fatiga y el cansancio, propios de la sociedad contemporánea, son enemigos de la felicidad.

Por: Fabio Martínez, profesor de la Escuela de Estudios Literarios y columnista de El Tiempo
Tomado de este enlace

El virus que causa el covid-19, que nos sometió a vivir encerrados en casa, sacó a la luz, entre otras cosas, uno de los síntomas que ya vivían nuestras sociedades: la fatiga y el cansancio.

Cuando la sociedad giraba alrededor del bienestar de sus ciudadanos, estos eran más libres y podían combatir los síntomas del cansancio a través del uso de un tiempo libre, lúdico y recreativo.

El advenimiento de la sociedad neoliberal, que se basa en la competencia individual, rompió el equilibrio entre el ser humano y la sociedad, agudizando estos síntomas.

En la novela Bartebly, el copista de Herman Melville, un anónimo oficinista, ante las continuas órdenes de su jefe, siempre tiene una frase de resistencia que dice: “Preferiría no hacerlo”.

El teletrabajo y las famosas videoconferencias, que nos impuso la pandemia, han agudizado el cansancio hasta convertirse en una depresión permanente.

El trabajo virtual rompió con el universo familiar donde se producen los lazos emocionales y afectivos. Desarticuló las relaciones interhumanas en la escuela y en el trabajo, destruyendo los rituales y los vínculos estrechos que se establecen en estos campos de la vida cotidiana.

De acuerdo con el filósofo coreano Byung-Chul Han, las videoconferencias producen más cansancio entre sus asistentes que si estuviéramos en el lugar de trabajo.

El cansancio trae consigo la depresión y, en algunos casos, potencia la ansiedad, que, según las estadísticas, se ha disparado durante la pandemia.

Al acabar de un solo tajo con los rituales sencillos, como el abrazo, una amena conversación o compartir un café, se rompió con estas prácticas, que son milenarias y hacen parte del ADN de los seres humanos.

La fatiga y el cansancio, propios de la sociedad contemporánea, son enemigos de la felicidad.

La competencia feroz por ganarse el pan y el trabajo virtual que nos ha convertido en unos ‘videozombis’ nos están llevando a crear una sociedad donde la infelicidad está a la orden del día.

Sabemos que la felicidad es relativa y depende, según Schopenhauer, de la prudencia y la ética.

Infortunadamente, hoy la prudencia, en este mundo de videonarcisistas, es cada vez más avara. Y ni hablar de la ética, que, como una borracha, rueda por los suelos.

Mientras el demonio del covid-19 habite en nosotros debemos cuidarnos en casa. Pero también es cierto que el ser humano, así tenga una morada, es un nómada al que le gusta errar por la ciudad y por el mundo.

Con la pandemia perdimos la libertad, que es lo más preciado de la vida; pero así mismo muchos perdieron el trabajo, amigos y familiares.

Es urgente que los gobiernos aceleren el proceso de vacunación. Si logramos que en poco tiempo el setenta por ciento de la población esté vacunada, reduciremos el nivel del contagio e incentivaremos el trabajo y la economía, hoy golpeados por los efectos de un virus letal.

 

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