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Migración y nuevas formas de habitar, una discusión de carácter internacional

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Viernes, 05 Agosto 2022
Agencia de Noticias Univalle

En Colombia los procesos migratorios han estado atravesados por las situaciones de conflicto interno, así como por las bonanzas económicas y la búsqueda de oportunidades. Como consecuencia de este movimiento, las personas no solo han cambiado la relación con el territorio ante la exposición a un nuevo entorno, sino que también han aportado transformaciones a los nuevos espacios que habitan.

Con esa premisa como centro, la Universidad del Valle organizó de manera virtual el 1er Seminario Internacional Migración y Espacio como un encuentro para la reflexión acerca de estas mutaciones, así como de las oportunidades para la inclusión y la equidad desde lo espacial a partir de la migración en Latinoamérica.

Dentro de la socialización de experiencias, el docente del Instituto Tecnológico del Putumayo Jheisson Lasso Imbachí compartió el caso del asentamiento Nueva Esperanza, un ejemplo de nuevas formas de habitar y de posesión de la tierra.

De acuerdo con el docente, son muchas las condiciones que ocasionaron las migraciones internas: el recrudecimiento del conflicto por los cultivos ilícitos, el crecimiento económico de algunos centros poblados y la búsqueda de mejores condiciones de vida.

De estas poblaciones migrantes, muchas llegan, por la urgencia de encontrar vivienda, a instalarse en la periferia de las ciudades, en condiciones precarias, ubicados en zonas de riesgo y en construcciones que no cuentan con una planificación adecuada. En el caso de Mocoa, el docente analizó los fenómenos del establecerse y del retorno, donde determina que, tras el destierro, se originan diversas formas de retornar que confluyen en la resiliencia y el arraigo a nuevos territorios, adaptados a sus necesidades vitales.

El asentamiento Nueva Esperanza fue el resultado de una invasión a un terreno del Estado. Allí se establecieron 40 familias en viviendas temporales, que comenzaron a transformarse y a conseguir servicios de manera rudimentaria.

“Es un caso especial y ha sido un prototipo. Han logrado acceder a derechos de una manera muy ardua. A medida del tiempo han gestionado estructuras administrativas, cuentan con una zona productiva para cultivos y sostenimiento de la familia, zona de colegios y atención a la primera infancia”, explicó el docente Jheisson Lasso.

De acuerdo con el docente, Nueva Esperanza, la primera comunidad organizada por autogestión en ser reconocida en el Putumayo, recorrió cinco pasos, a lo largo de 16 años, para llegar a ser dueños de las tierras donde habitaban: reconocimiento de la posesión de la tierra, conformación de la asociación de víctimas, plan de retorno y reubicación, gestión interinstitucional (participación de ACNUR, Alcaldía de Mocoa, Gobernación) y legalización de predios.

Para Jheisson Lasso, la documentación y socialización del proceso reviste especial importancia al ser una experiencia que ha servido de inspiración a otras comunidades a organizarse y tener incidencia en las dinámicas de acceso a la tierra. “Es muy simbólico porque es uno de los primeros pasos para una reparación integral”, expresó.

Habitar tras el retorno

Además de la experiencia de apropiación del territorio, el profesor del Instituto Tecnológico del Putumayo también expuso el caso de una familia que, después de enfrentar el destierro durante casi 10 años, decide retornar a su lugar de origen. Ellos vivían en la vereda La Hormiga entre los corregimientos de El Placer y El Tigre cuando, en el año 2000, fueron desplazados al municipio de Ipiales, en Nariño.

Habitaron el municipio hasta el año 2010, cuando decidieron retornar a una vivienda en préstamo a la cual, debido a las necesidades adquiridas durante su estadía en Ipiales, hicieron varias modificaciones.

Un ejemplo de las adecuaciones realizadas a partir de su experiencia es la construcción de un porche o antejardín, el cual no era común dentro de su vivienda anterior, pero hacía parte de las construcciones en la ciudad de Ipiales.

Gracias a recursos propios, sumados a los subsidios de reparación de víctimas, lograron adquirir la vivienda en el año 2018. Dos años después de la adquisición, emprenden la construcción de una vivienda adosada en concreto y el mejoramiento de la estructura anterior.

A partir de esta experiencia, el docente Jheisson Lasso observa que en La Hormiga no existe un POT actualizado y considera que en el caso de las familias que son desplazadas y retornan, se genera una necesidad de mayor flexibilidad y adaptabilidad para los nuevos prototipos de vivienda rural, pues hasta el momento no hay una respuesta desde lo arquitectónico a sus necesidades de eficiencia y accesibilidad en el hábitat.

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