Después del éxito obtenido en 1984 con su novela El amante, obra que vendió más de tres millones de ejemplares y le valió el reconocimiento del premio Goncourt y la traducción a cuarenta idiomas, aumento su prestigio de creadora con el guion de la película Hiroshima mon amour, tomado de la narración de su novela que lleva el mismo título.
Por Edgard Collazos Córdoba
Marguerite Germaine Marie Donnadieu, (1877- 1956) alcanzó la fama y la posteridad con el seudónimo Marguerite Duras, y aunque nació en la población Gia Dinh, de la Indonesia francesa, su fama está ligada enteramente a Francia, país donde vivió por muchos años. Los temas de sus novelas son: la destrucción del amor, la alienación social, las obsesiones, temáticas que parecen ser derivadas de su controvertida vida.
Alguna vez dijo: “para que el mundo sea sopórtale, es necesario exorcizar las obsesiones”. Moderato cantábile, cuya traducción más fiel es: Moderado y cantor, parece estar escrito y sujeto bajo el profundo significado de ese pensamiento. La narración inicia en la lobreguez de un salón donde un niño poseído por la terquedad, recibe clases de piano de una exigente profesora (más terca que el alumno) que lo tortura con la interpretación de una partitura del pianista austriaco Anton Diabelli, ante la presencia y suspiros de Anne Desbaresdes, su madre, que no parece estar extrañada del carácter de su hijo. Lo sorprendente de las dialogadas primeras páginas es la facilidad prodigiosa como Duras logra el vínculo con el lector en el primer renglón, la manera prodigiosa como logra introducirnos en la atmósfera del relato, con un diálogo que inicia con el requerimiento de la profesora, a su alumno en un tono severo – ¿Quieres leer lo que hay escrito arriba en tu partitura? -- Moderato cantábile – responde el niño--. El diálogo no le da tregua al lector, porque no bien ha terminado el niño la frase, cuando la profesora formula la pregunta --¿Y que quiere decir moderato cantábile? Y basta que el niño, con los ojos bajos responda –no lo sé –para que la narración, que aún no ha agotado la mitad de la primera página, se desencadene en sucesos controvertibles ligados a la psicología. Luego, y a renglón seguido se inicia un diálogo de quita y dame entre la profesora con su alumno, obligándolo a pronunciar el significado, y asistimos a un diálogo de terquedad en alumno y profesora, que será interrumpido por un alarido de muerte que les llega desde la calle.
La escritora Cristina Peri Rossi ha dicho que Moderato cantábile es el relato de una fascinación, una historia que se resiste al análisis racional, y es verdad, el contenido de los sucesos, los anhelos de los personajes nos llegan más por las precepciones nacidas de los diálogos de la madre del estudiante con Chauvin, un misterioso personaje que conoce en el bar donde han asesinado a la mujer que exhalo el grito, quien, para sorpresa de la protagonista y del lector, parece saber todo sobre su vida.
Los diálogos que van delatando, por la actitud de Anne Desbaresdes, quien desea descubrir de dónde viene el grito, nos introduce en un pequeño mundo de conjeturas, como lo notamos en las pocas frases de su hijo, sus aflicciones, deseos reprimidos no pronunciados, mientras emerge una lluviosa ciudad de provincia.
Quizás la experiencia de haber escrito cuarenta novelas se manifiesta en la destreza de una narración nada fácil de lograr, pues cada escena, cada frase de este relato conduce al lector a la fascinación por saber hacia donde conduce el relato de una mujer rica, aburrida hasta el hastió, con un hijo, al que protege con un desmesurado amor, y cuyo único fin, es acompañarlo a recibir la clase de piano.
Así pues, Moderato cantábile se constituye en una pequeña obra maestra de la narrativa universal, provechosa para cualquier escritor que desee aprender los prodigios de narrar sin decir, de provocar en el lector el deseo de querer responder, aquello que esconde el narrador.












