Las transformaciones en nuestro territorio, la desaparición de hitos urbanos y la devastación integral provocada por el sismo que sacudió a Colombia el pasado lunes 10 de agosto de 2026, han suscitado profundos interrogantes sobre el patrimonio y nuestro contexto.
Por Melissa Pantoja Osorio
Agencia de Noticias Univalle
Sobre estas inquietudes, el docente Carlos Alberto Zapata Albán, vinculado a la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle, reflexionó acerca de las consecuencias del desastre en los bienes patrimoniales, las amenazas que estas estructuras afrontan y la urgencia de profundizar en su estudio científico previo a cualquier proceso de restauración.
¿Qué valor se pierde cuando se destruye una construcción patrimonial?
Los valores que se pierden son demasiados. Primero, la memoria histórica que estamos perdiendo es mucha. El edificio como un hito, como algo que nosotros reconocemos en el tiempo, que ha perdurado en el tiempo, se va a perder por completo.
Se pierde todo aquello que va asociado al edificio, a su tipología en términos de forma, del lenguaje arquitectónico, de las técnicas y tecnologías constructivas.
¿Qué impacto tuvo el terremoto en el patrimonio arquitectónico de Colombia?
Creo que no vamos a saberlo nunca. Por varias razones. Una de ellas es que a nosotros nos hace falta primero que todo, identificar todo el patrimonio arquitectónico. No hemos identificado todo el patrimonio inmueble o arquitectónico de nuestro país por intereses, inclusive muchos de ellos de personas que no consideran que debemos reconocer ese patrimonio.
Pero también es porque hace falta una parte de legislación sobre el patrimonio que implique y cuide en realidad el patrimonio, lo reconozca como tal, reconozca que el patrimonio arquitectónico no es solo del siglo 19, del siglo 20, sino que de manera constante nosotros estamos creando arquitectura nueva, que puede ser considerada como tal.
Pero cuando digo que nunca vamos a saber qué se perdió en este terremoto, por ejemplo, edificaciones que no hemos estudiado a profundidad, no hemos estudiado tecnológicamente cómo funcionaban y cómo funcionaron, porque ya hay algunas de ellas que fueron derribadas.
¿Es posible reconstruir un edificio sin perder su valor histórico?
Nosotros, desde el patrimonio, manejamos dos temas importantes. Uno, poder reconstruir la edificación que no es reconstruir, porque reconstruir significa volver en alguna manera a su estado original, así no utilices las técnicas y los saberes originales, en ese sentido preferimos restaurar.
A partir de las consideraciones de la Carta de Atenas y que se consolidan en la Carta de Venecia, podemos mencionar tres puntos muy importantes: la mínima intervención, la notoriedad y la reversibilidad.
La mínima intervención es básicamente respetar la materia, respetar la estructura, respetar la técnica y los saberes con los que fue hecha la edificación.
La notoriedad es si tú vas a poner algún material porque, digamos, estás de alguna forma haciendo restauración, reconstrucción, y vas a colocar un ladrillo de esta época, no de la época en que se construyó el edificio, pues lo puedes hacer, pero vas a utilizar, de golpe, un ladrillo que sea de otro color, que puedas identificar con facilidad.
Inclusive, en algunas escuelas de restauración, se signan los ladrillos con la fecha en que fueron fabricados y se marca así sea en su interior, para saber qué parte del ladrillo o qué parte del muro que estamos, de alguna manera, restaurando ha sido intervenida.
La reversibilidad tiene que ver con las tecnologías. Hoy en día estamos utilizando unas técnicas y saberes que nos ha dado la tecnología actual, pero a futuro puede haber nuevas técnicas que permitan consolidar de forma más adecuada ciertas estructuras.
¿Cómo podemos proteger el patrimonio ante este tipo de desastres?
La única forma de protegerlo es estudiando su materia a fondo y empleando las nuevas tecnologías. Antes se hacía un levantamiento minucioso de manera manual; hoy tenemos los drones, con los que podemos estudiar fachadas, hacer levantamientos, pero lo fundamental es utilizar la tecnología al servicio de la persona que está analizando y estudiando el edificio.
Finalmente, lo más frágil que nosotros tenemos es nuestra memoria, nuestra historia. Un terremoto nos marca y elimina de nosotros eras, vidas, edificaciones. Un terremoto nos cambia, deja espacios urbanos abiertos, hablando de arquitectura, elimina edificios por completo y un edificio implica un lenguaje, espacio, forma, técnicas, saberes que se pierden.
También experiencias que, mal que bien, duraron a lo largo del tiempo, con problemas, sí, con intervenciones también. ¿Estas intervenciones sirvieron o no sirvieron? Puede ser, pero una historia que nos serviría a todos para poder iniciar a estudiar, a comprender cómo debemos hacer nuestras edificaciones.
El patrimonio arquitectónico no es solo de la tradición colonial; sí es de la arquitectura moderna, edificios modernos, tecnologías modernas, ingeniería moderna que deben servir para que revisemos y estudiemos si esas tecnologías realmente responden o no a un territorio.












