Mediante la resolución No. 2853, en el 2025 el Consejo Superior ordenó la creación de un Comité de Género en cada facultad, sede y seccional de la Universidad del Valle. Una experiencia que ha conllevado aprendizajes, contradicciones y trabajo constante para facilitar la atención inmediata a las personas que viven violencias de género, hacer seguimiento a los casos y promover la equidad.
Esta instancia también se creó como una medida para garantizar la participación de todos los estamentos de la institución, compromiso incluido en la Política Institucional de Igualdad y Equidad de Género, Identidades y Orientaciones Sexuales y no Discriminación.
En ese sentido, recoge varias de las acciones que ya realizan los equipos de bienestar universitario y docentes; la diferencia radica en que se amplía su campo de acción para incidir ante las decanaturas y direcciones para que se reduzcan los sesgos sexistas en las actividades académicas –como los microcurrículos–, de investigación, bienestar y proyección social.
Un año después de firmar la resolución, todas las sedes y seccionales ya cuentan con un Comité de Género y las facultades avanzan en su consolidación. A continuación, compartimos dos experiencias significativas que dan cuenta de la transformación que estas acciones están teniendo en la vida de los profesionales y la vida cotidiana de la comunidad universitaria.
San Fernando: dos facultades que se unieron para ser más efectivas en la protección
En el Campus de San Fernando en Cali convergen las facultades de Ciencias de la Administración y Salud, juntas suman 15 carreras de pregrado y más de 70 posgrados. Esto significa mantener el bienestar de un amplio número de estudiantes de diferentes edades que habitan los edificios hasta las nueve de la noche entrando y saliendo por espacios abiertos que comunican con la ciudad.
En este contexto, en el 2025 el estudiantado solicitó la creación de los Comités de Género de las facultades, un requerimiento que ha llevado al fortalecimiento de redes de acción y de cuidado en uno de los campus más pequeños y fundamentales de la ciudad de Cali, referente de salud y de liderazgo.
La profesora María Elena Mejía Rojas, coordinadora de Bienestar Universitario de la sede, recuerda que en la primera reunión con directivas y representaciones estudiantiles decidieron conformar un solo comité. Desde su perspectiva, esta alianza es acertada, porque “demuestra unidad y permite actuar de manera acertada, ya que no nos preguntamos quién debe prestar la atención”.

Al consultarle sobre si alguna vez llegó a considerar estar en la primera línea de la atención a violencias de género, su respuesta es contundente: "Nunca, nunca, nunca me imaginé. Yo soy muy del rol de cuidado, de la humanización... pero nunca en este rol de la esfera pública". Ella es formada en enfermería oncológica y materno-perinatal y el activismo no estaba en sus planes.
"Antes uno se daba cuenta de las situaciones, pero no se involucraba. Ahora, tengo la camiseta puesta y cuento con información, así que puedo ayudar a un estudiante, a una profesora o un profesor". Así, la profesora María Elena Mejía descubrió que el cuidado es político.
Las experiencias que llegan a través de los chats o las alertas de la comunidad activan una coordinación instantánea: si la urgencia lo requiere y no todo el equipo del comité puede coincidir físicamente en el campus, se hacen reuniones virtuales para activar la ruta de atención de manera oportuna. En el último caso, el equipo psicosocial brindó acompañamiento inmediato a una estudiante afectada y el comité garantizó el proceso, así como alertó a la población con un comunicado.
"Tenemos un equipo que responde a ese primer llamado... se puede dar apoyo a la estudiante y se puede controlar la situación", relata con satisfacción la profesora Mejía.
Crear comunidad
“Hemos creado lazos entre el equipo y un colegaje muy grande”, expresa con cariño la profesora María Elena, quien agradece a esta experiencia la construcción de lazos fuertes con estudiantes, trabajadoras y trabajadores que buscan una vida libre de violencias en el campus.
Además, de activar las rutas de atención, el comité también lidera actividades de sensibilización y prevención de las violencias, como el Foro sobre Masculinidades y las Chocolatadas Pedagógicas para que más personas conozcan la ruta de atención, eliminen sus prejuicios y sean actores de cambio en sus vidas.

Tuluá con los lentes violeta
El primer caso de violencia de género que se registró en la sede empezó en una conversación de pasillo “allí es donde uno logra estar con el estudiantado”, recuerda Paul Aponte, profesor y psicólogo de la Sede Tuluá. Al escuchar la anécdota del estudiantado el violentómetro – termómetro de las violencias– del profesor se prendió, así que al día siguiente habló con el Director de la sede y le comentó la situación.
Las violencias de género estaban “normalizadas” y ninguna persona se había acercado a hacer un reporte o consultar por esta situación. Paul tenía formación en género gracias a su paso como psicólogo de la Comisaría de Familia del municipio, así que después de ese primer caso empezó a indagar entre sus estudiantes y la comunidad sobre posibles estereotipos y situaciones de acoso.
Así conoció a las profesoras del Centro de Estudios de Género, quienes para el 2018 lideraban el diseño de la Política de Equidad de Género. “Cuando empezó la socialización de la política, se abre un abanico de oportunidades”, al institucionalizar el trabajo y las medidas de prevención, atención y sanción.
Los stands violetas con juegos de mesa que diseñaron las practicantes han sido una de las mejores estrategias de esta sede. Además, está la asignatura de Género, Diversidad y Pluralidades, así como Introducción a la Vida Universitaria, en la cuales se abordan los temas de equidad, donde el estudiantado se reconoce y dice “Uy, profe, mira, tú dijiste eso en el salón y a mí me pasó”.

Ampliar el concepto de violencia a expresiones más allá de los físico ha sido un gran logro, “el estudiantado comienza a identificarlos en la cotidianidad: ‘profe, mirá que yo iba a ser violento y reflexioné porque me acordé de lo que vimos en clase’, esto fue significativo para mí”, reconoce el profesor Paul.
Las estrategias de prevención y sensibilización son el primer escalón. Aun así, en la sede “Incluso tuvimos que hacer un llamado a comisaría de familia y poner una medida restrictiva para no dejar entrar a un padre que estaba violentando a una estudiante”.
Medidas de protección inmediatas a veces son necesarias y para atenderlas los comités de género son indispensables, “la Política no puede estar centralizada en Cali, ya que esto ha hecho que las respuestas sean tardías y la ley dice que la respuesta debe ser en 72 horas." Este es el reto más grande que identifica Paul y en el que se está trabajando entre todos los comités.












