Desde hace más de 30 años la Universidad del Valle cuenta con algunos cursos electivos dirigidos a estudiantes sobre diversidad sexual y género, temas como las identidades y la lucha por eliminar las brechas de género han inquietado a estudiantes y docentes. Ahora, cuando las diversidades de género tienen mayor visibilidad y presencia en la institución y cuando un número cada vez mayor de mujeres levantan sus voces para denunciar el acoso, la agresión y los abusos de los hombres, esta formación necesita ser fortalecida, ampliada e impartida a mucha más gente de la comunidad universitaria.
Estudios de maestría, diplomados, cursos y capacitaciones son ofrecidos cada año como respuesta a la creciente demanda, sobre todo de las estudiantes, para atender la problemática de las violencias basadas en género -VBG- en la Universidad.
Esta es solo una de muchas acciones que resultan insuficientes para la magnitud de un problema que parece volverse estructural entre las aulas de clase, las oficinas y los pasillos: las paredes ahora hablan, gritan nombres, aparecen rostros, se crean comités de género donde el tema se discute y se buscan maneras para enfrentarlo, mientras, desde la institucionalidad se crean rutas de atención y políticas que parecen necesitar más tiempo para ser conocidas e incorporadas entre quienes habitan los diferentes campus.
Experiencias de formación docente
Cada profesor o profesora tiene sus propias motivaciones para iniciar una formación en un programa sobre género. Para las profesoras Esperanza Sastoque del programa de Fonoaudiología y Ketie Rosero de la Escuela de Trabajo Social y Desarrollo Humano de la Sede Tuluá las motivaciones son similares: incorporar el tema en sus respectivos programas.
“Lideré parte del proceso de la reforma curricular en Fonoaudiología. Nosotros planteamos una modificación curricular, que nos llevó a ubicar el programa bajo un enfoque ecosistémico crítico, que incorporaba las teorías críticas, la teoría de género y el enfoque interseccional. Entonces este fue el primer paso para centrarme un poco en esos asuntos. Decidimos como equipo de trabajo en la Escuela, que nos íbamos por esas teorías críticas que incorporan no solamente las teorías de discapacidad, sino también las teorías de género”, dice la profesora Sastoque, quien añade que uno de estos insumos o lineamientos para esa reforma curricular estaba en el Acuerdo 009 del 27 de abril de 2022 que contiene la Política Institucional de Igualdad y Equidad de Género, Identidades y Orientaciones Sexuales y no Discriminación de la Universidad del Valle
El ejercicio de la reforma curricular de la Escuela de Fonoaudiología coincidía con el nacimiento de la Política de Género en la Universidad y “se fueron desarrollando algunas actividades que nos llamaron a pensar que si nosotros como programa nos estamos orientando hacia unas teorías ¿cómo incorporamos los asuntos de género?. Y en ese momento surgió la propuesta del Diplomado Incorporación de Perspectiva de Género en los Procesos de Enseñanza Aprendizaje en la Universidad del Valle lo que nos llevó a explorar muchas cosas”.
A la profesora Ketie Rosero le han interesado los roles de género al interior de las familias. Este ha sido un tema recurrente en su rol profesional , y, como docente de la Universidad, ha tenido la oportunidad de trabajar en temas como la formación integral de los estudiantes de Trabajo Social y la consejería estudiantil.
“De nuevo mis inquietudes eran precisamente la relación entre géneros. Conocía del Instituto de Género ya que algunas profesoras de Trabajo Social estaban adscritas a él. Cuando en el 2021 arranca la oferta de formación del equipo de orientadores para la formación y atención de discriminaciones y VBG en la Universidad del Valle, yo entro, y de manera simultánea hago también el diplomado de perspectiva de género en procesos de enseñanza aprendizaje en educación superior”.
“La experiencia me permite encontrar argumentos para esas inquietudes que yo tenía desde mi ejercicio como docente en una profesión feminizada. Esas voces académicas, esos argumentos, esas teorías, sumadas a todo el contexto legal que nos aportan en esos dos espacios de formación, me ayudan a definir con mayor claridad mis intereses y mi compromiso con la prevención, sobre todo en contextos universitarios”, dice la profesora Rosero.

El Diplomado fue muy significativo para las dos profesoras. No sólo les proporcionó herramientas para incorporar en su práctica docente, sino que también fue un espacio de reflexión: “Ellos lo describen con dos palabras que retomo, eso fue un escenario pionero y privilegiado de reflexión, pionero porque no había conocido en la Universidad un espacio para hablar sobre estos temas. Había conferencias, clases tal vez, pero no un espacio de reflexión, y la primera fue sobre mi propia experiencia como mujer, de cómo mi familia primaria se constituye bajo un modelo patriarcal y androcéntrico.”
“Logré hacer un análisis muy profundo de la experiencia de mi mamá, una mujer que, a pesar de haber sido formada en ese modelo patriarcal y androcéntrico, de haber estado expuesta a muchas prácticas machistas, quería reivindicar la justicia de género, así no lo pusiera en esos términos o de feminismo. Fue una mujer muy de avanzada, porque muy joven empezó a pensar en que teniendo cinco hijos, siendo ama de casa, podía divorciarse de un hombre maltratador y podía sacar a sus hijos adelante, como fuera y esa reflexión me podía llevar más fácilmente a pensar en las reflexiones de otras mujeres, llámense estudiantes, profesoras o inclusive de otras personas con unas identidades y unas orientaciones sexuales diversas”, dice la profesora Sastoque.
Para la profesora Rosero, el Diplomado “fue una experiencia maravillosa, porque además fue un acercamiento de orden legal, de orden académico, pero también de orden emocional frente al reconocimiento de las víctimas”. Poco tiempo después de terminar el Diplomado, el Consejo Superior de la Universidad aprobó la Política de Género de la Institución, este hecho representó para la profesora Rosero una oportunidad de poner en práctica lo aprendido. “Yo empiezo a revisarla, la socializo con los profesores y desde la coordinación del programa de Trabajo Social, le propongo a la Coordinadora de Práctica, la profesora Carmen Ruiz, que abramos en Bienestar Universitario un espacio de práctica centrado en la implementación de la política, a través de un proyecto para un campus libre de violencias y discriminación, fortalecer los procesos de prevención y promoción a través de estrategias educativas y comunicativas y de proyectos de investigación”.
Las dos profesoras coinciden en que falta mucho trabajo por hacer, por un lado fortalecer la comunicación de la Política para que más personas la conozcan y la apropien, y por otro, buscar estrategias que permitan la atención eficaz y oportuna de las víctimas de las violencias basadas en género en la Universidad.
La clase de género
La Universidad ha dado pasos encaminados a convertir los campus universitarios en espacios seguros y libres de violencia, tales como crear y fortalecer una ruta de atención, crear un espacio físico y seguro para la atención de las personas que lo requieran, fortalecer la formación en temas de género para estudiantes, docentes y funcionarios no docentes, entre otras medidas.
Claudia Leal Valencia es profesora de la asignatura Género Diversidad y Pluralidad. Ella junto con otras cuatro profesoras y profesores acompaña a 1200 estudiantes matriculados en este curso enmarcado en la Política de Género de la Universidad. “Es una asignatura muy preferida, muy buscada, donde la gente llega masivamente. Tenemos grupos entre 45 y 50 estudiantes, la cancelación es mínima y quien va a la asignatura tiene un interés a partir de su propia vida” asegura la profesora Leal.
Este curso es diverso no solo por los temas que se abordan en clase, sino también por los estudiantes que se matriculan en él: “tenemos en este momento muchos estudiantes diversos y diversas. Tenemos chicos y chicas trans, lo que significa que hay una inquietud frente a lo que la asignatura puede ofrecer, conversar, y que sea un espacio seguro para hablar de estos temas. Hay una riqueza también, dado que en el aula de clase tenemos chicos, chicas y chiques, de todas las carreras y facultades. Entonces allí nos encontramos pues con una posibilidad no solamente de escucharlos desde lo interdisciplinar, sino también de centrarnos en esto de hablar de género”.
Para Valentina Solís, estudiante de la Licenciatura en Lengua Extranjeras, una de las cosas que más le gustó de este curso fue el enfoque de género que le dieron a todo, alejado un poco del binarismo: “me pareció súper interesante que se hablara sobre eso. También me gustó mucho las elecciones del material de trabajo, siempre terminamos leyendo a hombres, entonces el hecho de que todo el material fuera de autoras me pareció muy importante. También me gustó muchísimo que se incluyera el tema de masculinidades y de nuevas masculinidades, porque creo que falta pensarse este tema en la Universidad”.
Desde antes de tomar el curso Valentina es una estudiante sensible a estos temas, sin embargo dice que tomar esta electiva de formación le dejó grandes aprendizajes: “uno siempre está al lado de personas que comparten tus ideales, entonces, al entrar al curso me di cuenta de la existencia de mucha gente que de pronto no estaba tan consciente de la perspectiva de género como yo y poder escuchar sus opiniones desde ese otro lado me pareció muy enriquecedor, y siento que me abrió bastante porque ya no me da tanto miedo hablarle a las personas sobre la perspectiva de género, sabiendo que de pronto ellos puedan tener un sesgo o puedan tener otros ideales diferentes a los míos”.
En su rol como estudiante de la Universidad, Valentina reconoce la importancia de que exista una ruta de atención a la VBG pero reclama más apoyo para fortalecerla: “la ruta debe tener psicólogos, abogados y trabajadoras sociales, siento que hay muy poco personal trabajando en la ruta y hay muchísimas personas que necesitan ese apoyo. También hay que hacer más énfasis en que los nuevos estudiantes puedan saber que existe esta ruta, que puedan utilizarla lo que requiere que haya más profesionales encargados de mantenerla”.
Por Edgar Cruz
Agencia de Noticias Univalle












