“Sabía que nos iban a buscar y quería decirles que estábamos tratando de contactarles”, Adriana Banguero
Por Laura Parra Rodríguez
Agencia de Noticias Univalle
La evacuación de los campus universitarios tras el sismo dejó a las líneas telefónicas sin quien respondiera. Frente a este colapso el Servicio de Atención Psicológica Estudiantil improvisó el contacto directo mediante el correo institucional y líneas personales para ubicar a la población estudiantil. Dos semanas después han atendido a 744 estudiantes.
La atención no se ha interrumpido en estas dos semanas. Treinta y tres profesionales en psicología, dos médicos y trece voluntarios hacen turnos para contactar a las 1159 personas que inscribieron sus datos en la estrategia Univalle Contigo desplegada para la emergencia por el terremoto. Cada día llaman desde sus casas o los espacios dispuestos por la universidad.
“Cada profesional hace hasta seis llamadas diarias, no más”, advirtió a sus colegas Adriana Banguero, coordinadora del Servicio Psicológico Estudiantil, durante las capacitaciones a los equipos de profesionales y voluntarios en psicología que apoyan el telecontacto. "Si a la tercera atención te sientes desbordado, no puedes hacer más llamadas", enfatiza.
Para retomar fuerzas, el equipo de psicología ayuda al de logística con llamadas que confirman las direcciones a las que llegaran los mercados, contacta a las y los voluntarios del día siguiente y adelanta esas ideas que estaban en marcha antes del terremoto. Las personas llaman, se paran, van al baño, saludan entre sí con besos en la mejilla y siguen llenando hojas de excel.
"Ponerse a disposición de los demás en este momento, venir voluntariamente a acompañar o abrir un canal virtual no es solo un deber es algo terapéutico en sí mismo. Te hace sentir que estás sirviendo a alguien cuando todo a tu alrededor parece haberse desmoronado", contesta Liliana Bejarano, coordinadora de la estrategia de Campus Diverso y médica familiar.

Retomar la confianza
Frente a la tentación mediática y social de etiquetar a toda una comunidad como "en crisis" o "deprimida", el profesor Nelson Molina insiste en que "experimentar vulnerabilidad o desestabilización tras un desastre natural es una respuesta adaptativa normal y no un trastorno psiquiátrico” y que no presentarlos es el síntoma “psicótico” de estar alejado de la realidad. Ahora bien, que la mayoría de la población atraviese un momento de angustia, no descarta el acompañamiento.
La mente hace parte del cuerpo “Pautas de movimiento dirigido, danza y caminatas me han ayudado a sobrellevar la ansiedad y a concentrarme en el presente”, dice un estudiante. Otro añade, “racionalmente lo entendía, pero mi cuerpo seguía en crisis”. La quietud y el encierro aumentan la respuesta emocional; en cambio, el movimiento ayuda a regular el sistema nervioso y a concentrarnos en el presente. De tal forma que poco a poco el miedo sea menor y volvamos a la cotidianidad.
Recuperar la confianza es el objetivo. Para llegar a esto las rutinas son importantes: bañarse, ir al mercado, así como hablar del tema. Cada día que pasa el cuerpo comprende que son menores las probabilidades de la ocurrencia de otro terremoto de la misma magnitud, “por supuesto que sirve la estadística, pero hay quienes no quieren creer”.
Una red de apoyo
"Tenemos un volumen significativo de estudiantes con tratamientos psiquiátricos vigentes" Advierte Adriana Bejarano. Tras un desastre sísmico, la sensación de amenaza trastoca la adherencia médica. Muchas personas interrumpen su medicación bajo el temor de que un ansiolítico o sedante les impida reaccionar a tiempo ante una nueva réplica.
“Me parece importante estas primeras tres citas para continuar el proceso en el servicio de salud de la universidad; por lo menos en mi caso, para volverme con psiquiatría y retomar la medicación”, compartió una estudiante. Incluso un estudiante del doctorado en psicología recopiló una base de datos de todos los centros de apoyo psicológico e IPS que están brindando sus servicios de manera gratuita o bajo costo.
Otro gran reto es el acompañamiento en la gestión de recursos, contactos y ayudas para estudiantes migrantes fueron evacuados de las zonas cercanas al Hospital Universitario. “les hemos ofrecido nuestros hogares o están donde compañeros”, dice la Doctora Liliana Bejarano, quien vive esta situación de manera doble: como docente y como médica familiar del programa Campus Diverso.

El futuro cercano
Aunque el profesor Molina prefiere no adelantarse, otros de sus colegas tienen algunos temores. Muchos de los estudiantes participan de las labores de remoción de escombros sin descanso, expuestos a las búsquedas sin tener capacitación. Adriana Banguero les orienta a descansar, considerar la alimentación y hacer turnos de relevo. Ella tampoco quiere mirar el futuro, pero les recomienda permitir sentir su cuerpo sin juzgar o patologizar, escuchar aquello que comunica (hambre, sueño, necesidad de hablar, de abrazar) y hacerle caso.
La presencia de egresados y estudiantes de psicología en los puntos es indispensable. Los efectos se notan cuando se hacen llamadas y la persona menciona que ya está mejor. Una esperanza que alimenta el equipo, que sabe que no puede llegar a todas las personas afectadas.












