Desde el mismo día en que el terremoto sacudió al país con graves consecuencias para la zona suroccidental, un grupo de profesores de la Escuela de Ingeniería Civil y Geomática estuvo presto en la sede de Meléndez y puso a disposición de la Universidad todo su conocimiento para evaluar el estado de los campus universitarios. Con el pasar de las horas y de los días su presencia se hizo necesaria en la ciudad y los municipios más afectados del departamento.
Por: Edgar Hernán Cruz
Agencia de Noticias Univalle
A la cabeza de este equipo está el profesor Albert Ortiz, director de la Escuela: Ingeniero Civil y Geógrafo de la Universidad del Valle, especialista en estructuras, y doctor en Ingeniería Civil por la Universidad de Carolina del Sur en Columbia. Una de sus primeras actividades fue la capacitación a un equipo de voluntarios con el objetivo de enseñarles a evaluar y levantar información de los daños en cada una de las sedes y de los municipios afectados: “empezamos a ofrecer cursos de capacitación para la revisión de estructuras, primero con los profesionales de la Dirección de Infraestructura Universitaria. Teníamos que revisar más de 80 edificios que tiene la Universidad en Cali y las sedes regionales. Hicimos una capacitación presencial con ellos en el campus de la Universidad y después al otro día reunimos a 130 ingenieros y estudiantes de ingeniería en una inducción virtual”.
Esta formación, la coordinación de la Oficina de Atención y Gestión de Riesgo Departamental, la articulación con la Red Colombiana de Investigación en Ingeniería Sísmica, de la que la Universidad hace parte, y tener los instrumentos (formularios) para la realización del trabajo, le permitió a este grupo de ingenieros, moverse por zonas de la ciudad y del departamento desde los primeros momentos después del terremoto, para atender aspecto crítico de la infraestructura, como consecuencia del sismo.
“Lo que hacemos es organizar una red de voluntarios, y les decimos -- bueno ya recibieron la inducción de la Universidad, preséntense como voluntarios donde les corresponda -- , dice el profesor Ortiz. Y así, estructura tras estructura, edificio tras edificio, empezaron a ser evaluados por esta red que permitió a las autoridades locales, pero también a las personas, tomar decisiones según las afectaciones sufridas por las construcciones, mientras tanto, organismos de socorro y ciudadanos voluntarios ayudaban en los puntos más críticos buscando vida entre los escombros.
Ese día tembló
El terremoto del 10 de agosto que tuvo como epicentro el municipio de San José del Palmar en el Chocó tuvo consecuencias catastróficas para la región. Un acontecimiento que es inevitable comparar con sismos recientes como el de Armenia o Popayán, aunque, como lo explica el profesor Ortiz, sus orígenes son distintos: “Colombia tiene cuatro grandes fuentes sismológicas y los sismos de Armenia o los de Popayán son sismos que clasificamos como corticales, es una de esas cuatro fuentes, en el suroccidente además de los sismos corticales estamos expuestos a sismos de subducción y sismos de subducción profunda; la otra fuente es la del nido sísmico de Bucaramanga, que no tiene una influencia tan alta para esta región como para otras zonas del país.” explica el profesor Ortiz.
Los sismos corticales como el de Armenia tienen unas profundidades menores, entre 10 y 20 kilómetros de profundidad, aspecto que ocasiona daños en zonas muy localizadas dentro de las ciudades y sus alrededores, “los sismos más fuertes registrados históricamente en la ciudad, son los sismos de subducción o aquellos que se dan por la interacción directa de la placa de Nazca y la placa Sudamericana, ubicada en todo el borde litoral pacífico”
Estos sismos tienen la capacidad de liberar una mayor cantidad de energía que los sismos corticales, se producen a más de 100 kilómetros de profundidad y liberan una energía enorme, – se liberó tanta energía y de manera tan profunda que la onda alcanzó grandes extensiones, tanto al norte como al sur, que pudieron ser amplificadas por las respuestas locales o las respuestas de cada sitio – asegura el profesor Ortiz.
Univalle atendiendo la emergencia en los territorios
La Universidad se puso desde el primer momento al servicio de las Unidades de Atención y Gestión del Riesgo, a través de la Red Colombiana de Investigación en Ingeniería Sísmica (CEER) de la que hace parte el profesor Ortiz, para responder a la emergencia en término de cómo se manejan las inspecciones rápidas y establecer una metodología para hacer las evaluaciones. – El miércoles después del sismo se definió la plataforma de registro de datos que la gente va a usar y se hicieron unas pruebas piloto, entre el CEER con la colaboración del profesor Carlos Arteta y el equipo de trabajo de la Universidad del Norte, con estudiantes de la Universidad del Valle. Hicimos los primeros pilotos justo el sábado después del sismo, y luego fuimos a pegar los carteles, esos carteles que ya están apareciendo en la ciudad, el amarillo, el rojo y el verde. Fuimos los primeros en usarlos; con ellos en un piloto y con los estudiantes nuestros, de la Escuela de Ingeniería Civil Geomática, que hicimos en la Victoria, Roldanillo y Toro, – relata el profesor Ortiz.
Después de estos pilotos, el equipo del profesor Albert Ortiz conformado por cerca de 20 personas entre profesores, estudiantes de posgrado y de pregrado, han ido a varios municipios del Valle del cauca realizando esta labor de evaluación e inspección de infraestructura en compañía de las autoridades locales.
Uno de eso municipios fue El Águila, que debido a su extensión y ubicación geográfica ha requerido de toda la ayuda disponible para atender a la población afectada y los daños en su infraestructura.
“Las labores del equipo son básicamente apoyar al municipio de El Águila en lo que tiene que ver con revisión de estructuras, diagnóstico de estructuras afectadas y evaluación. Determinar si hay estructuras que demoler o no, en términos que representen un riesgo repentino de colapso”, explicó el profesor Albert Ortiz.
El Águila está incrustado entre la cordillera occidental; su población no supera los 9.000 habitantes. Por su tamaño depende de la gobernación departamental para muchos de sus asuntos administrativos. Esta catástrofe excede las capacidades de atención y reacción del municipio por lo que la Universidad del Valle, comprometida con la región, brinda su conocimiento y experticia como parte de una serie de actividades para atender la emergencia.
“Quienes más conocen el municipio son los alcaldes, los organismos de socorro del municipio. Nosotros llegamos, nos reportamos con ellos, vamos al puesto de mando unificado y ellos nos dan las instrucciones de dónde requieren el acompañamiento de la Universidad, dado que son municipios muy pequeños que no tienen personal calificado idóneo para revisar estructuralmente una edificación. Con base en lo que ellos nos informan, procedemos a realizar las respectivas visitas y dar un concepto” explica el profesor Ortiz.
El Águila es un municipio representativo de muchos otros en el país, con muchas construcciones y sistemas estructurales típicos en estos municipios. La antigüedad y la falta de mantenimiento hicieron que muchas de estas estructuras colapsaran ante la intensidad del sismo, como lo explica el profesor de la Universidad Militar Nueva Granada Julián Carrillo, miembro del CEER, que acompañó esta visita: “Encontramos diferentes patologías de prácticas constructivas, de corrosión ambiental y obviamente esas patologías, asociadas al movimiento sísmico, afectaron estas edificaciones. Encontramos sistemas de mampostería no reforzada, mampostería confinada, tapia, pisada, adobe. Este tipo de edificaciones es muy vulnerable ante estos eventos sísmicos, ya que su capacidad de resistencia lateral es muy limitada. Actualmente estamos evaluando no solamente las residencias, sino también ayudando a los rectores de los colegios a que podamos, junto con ellos, evaluar estas estructuras educativas y puedan, en un tiempo prudente, adecuado y seguro, ponerla en funcionamiento para la población, especialmente la niñez”.
Además de las instituciones educativas, viviendas y comercio, el Hospital del municipio se vio gravemente afectado: “Infortunadamente lo hemos encontrado totalmente colapsado. Esta es una de las situaciones que nosotros como comunidad en general, junto con las entidades del gobierno, no deberíamos permitir, ya que son estas las principales entidades que deben estar en funcionamiento durante y después del evento sísmico” advierte el profesor Carrillo.
Esta es una de las actividades que realiza la Universidad, que, apoyada en la comunidad, ha brindado atención desde distintos frentes para la atención de esta emergencia y seguirá aportando, como una de las instituciones más importantes de la región, para la superación de esta.












