Personas con discapacidad y neuro divergencias en puntos de rescate en la ciudad de Cali.
Por Laura Parra Rodríguez
Se reconoce como loca y disca. Removió escombros en la galería de Alameda, luego por el Edificio de Colores, en las ruinas de un edificio con locales y apartamentos. Llegó a eso de las 4 de la tarde cuando estaban haciendo silencio. El ejercicio indispensable para dejar trabajar el equipo con georadares que identifica señales de vida con micrófonos especializados. Allí se enfrentó con varios hombres que se creían que sabían más que los rescatistas y no querían hacer silencio.
En sus palabras fue “ilusa” por pensar que las labores de rescate eran rápidas y que las personas iban a ser rescatadas mientras estaba allí. Ese día una situación de salud la llevó a retirarse del punto. Un poco en contra de su voluntad, le hizo caso a su cuerpo después de que el dolor le hablara. Esto la llevó a descansar… La segunda semana estuvo en la Notaría 20, en Cuarto de Legua, en Altos de Santa Elena. Además, apoya la recolección de donaciones para la población del Pacífico colombiano.
No es la única persona con discapacidad, diagnóstico, neuro divergencia o con procesos de salud mental que ha estado en puntos de rescate. En una noche contamos más de quince estudiantes de la Universidad del Valle participando de manera activa, solo que prefieren no hablar del tema o no tienen el tiempo para hacerlo. Ella aceptó con la condición de que la entrevista fuera anónima. Puedo decir que es una de las estudiantes que recibe acompañamiento de la Política de Discapacidad e Inclusión de la Universidad del Valle.
Alrededor del 15% de la población en Colombia se reconoce como neurodivergente
Esta conversación surge dos semanas después del terremoto del occidente del país, con orígenes en San José del Palmar– Chocó– y efectos en Risaralda, Valle del Cauca, Chocó y Caldas. Me recibe por videoconferencia.
¿Por qué te afirmas desde la palabra loca?
Me di cuenta que el trastorno carga un estigma muy grande y yo no quería tampoco ser entendida desde ese estigma ni que mi persona fuera definida solamente desde un diagnóstico. Luego, como persona neurodivergente, pero es un paraguas que recoge unos diagnósticos más que otros.
En una asignatura que se llama Psicopatología, aprendimos sobre el movimiento loco y allí dije: "Ya está, yo soy loca." Y me siento muy cómoda, entendida y abrigada.
A las personas que tenemos alguna condición de salud mental en nuestro historial nos ven desde la necesidad del cuidado y que no tenemos nada para dar. El terremoto me ha puesto a pensar que quizás ese estigma también se está derrumbando por su peso. ¿Cómo lo ves?
La gente se ha volcado a la solidaridad y a la ayuda, al apoyo en remoción de escombros, preparación de alimentos, donando sus habilidades como psicólogues, trabajadores sociales, ingenieros, entre otros, y también han donado económicamente. Todo el mundo quiere apoyar y lo ha hecho desde sus posibilidades. Entonces, sí creo que no sólo somos receptores de cuidado, sino que también cuidamos. Al final el cuidado es una necesidad básica, universal y humana.
Yo lo sé desde antes del terremoto porque participo en redes y grupos en los que gestionamos para cuidarnos entre nosotres a pesar de la distancia. Lo vivo en la universidad cuando me siento mal y te llamo porque a veces pierdo mi autonomía. Vivo ese cuidado y cuido también a las personas desde mis posibilidades.
Poner el cuidado colectivo en el centro es lo que reivindican los movimientos sociales y creo que ahora podemos decir: "Fíjate qué débil somos y si construimos un mejor sistema de salud, si tuviéramos mejores redes de cuidado colectivo, a lo mejor podemos evitar muchos efectos para las personas”
Tengo resistencia a nombrarlo como una oportunidad, pero sí es una situación para entender la fragilidad humana y social, para pensarnos el bienestar de otras maneras. Nos sitúa en otro contexto, que nos invita a no pensar desde la individualidad, sino en colectivo porque la ciudad se nos vino abajo a todes.
¿Qué crees que deberíamos discutir?
Me gustaría que se hablara más del cuidado mutuo, del cuidado colectivo, del cuidado comunitario, más que del autocuidado. A veces siento que hablar de autocuidado no es suficiente. Necesitamos girar nuestras miradas hacia la colectividad y la comunidad, porque las experiencias nos han demostrado que es posible pensarse en otras maneras de habitar el mundo. El terremoto ha visibilizado que la solidaridad y el apoyo hacen parte de otros mundos posibles.












