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2.
Análisis del Entorno
2.4.
El entorno en la educación superior
Tendencias
globales
La
educación superior en el siglo XXI
se está transformando rápida,
esencial y vigorosamente, por el impacto
del crecimiento económico basado
en el conocimiento y las nuevas tecnologías
de la información y la comunicación.
Esto ha traído más exigencias
de calidad y productividad, más competencia
entre la universidad pública y la
privada, el surgimiento de universidades
empresariales
Las
dimensiones de la educación superior
se han ampliado (Salmi, 2001; 20): el tiempo
lineal se vuelve un ciclo permanente de
aprendizaje. El ciberespacio rompe las barreras
físicas y crea nuevas oportunidades.
Están en auge la educación
virtual[2],
las universidades abiertas y en línea,
con una amplia masificación de la
oferta. Se crean nuevas formas de capacitación,
aparecen nuevas necesidades de formación
y entrenamiento, nuevos modos de competencia
y cambios en las estructuras y la operación.
Se cuestiona el papel y las formas tradicionales
de organización de la Universidad,
del modelo de universidad y se aceleran
las diferencias institucionales. Como resultado,
surge una gran variedad de configuraciones
y modelos de organización, así
como alianzas, conexiones y asociaciones
dentro y fuera del sector de la educación
superior, involucrando gobiernos e industrias
relacionadas y de apoyo.
La
jerarquía de instituciones que emerjan
en ese contexto va a depender de la habilidad
de las entidades para generar y apropiar
cambios en materia de la infraestructura
global de la información, el avance
de economías en red, el comercio
electrónico, la creación de
empresas intercomunicadas, el aprendizaje
permanente y la producción de contenido
digital. Emergen también problemas
importantes en cuanto a los editores tradicionales,
los derechos de autor y las brechas digitales.
(Leer, 2001).
Para
enfrentar tales retos es decisivo promover
el desarrollo de comunidades de aprendizaje,
fortalecer la organización transversal
y la capitalización de los saberes,
e integrar los recursos de conocimiento
para mejorar la contribución de valor
propuesto por las ofertas educativas actuales.
(Tarondeau, 1998).
Para
las universidades, esto implica estimular
el pensamiento estratégico de la
alta dirección y aprender interactuar
con personas capaces y manejar procesos
y tecnologías claves para producir
una transformación organizacional
seria y real que permita acortar la ampliación
de las brechas de conocimiento. Para establecer
relaciones fructíferas entre la universidad
y la sociedad, orientadas por el aprendizaje
activo, constructivo y significativo, se
requieren instituciones que entiendan el
papel articulador del conocimiento, “académicamente
abiertas”, capaces de manejar cadenas
educativas cada vez más largas y
continuas (Cfr. Angulo y Toro, 2001).
No
obstante, el debate sobre los modelos de
organización de la universidad sigue
abierto y requiere de mayor elaboración.
Es necesario conservar la universidad como
un bien social y no correr el riesgo de
sustituir la universidad moderna por un
modelo que olvide la naturaleza de la educación
como un derecho y un servicio social, para
convertirla en una simple mercancía.
Tendencias
en América Latina
Desde
los años cincuenta hasta bien entrados
los años noventa, la universidad
latinoamericana conoció un crecimiento
sin precedentes. La matrícula prácticamente
se multiplicó por ocho en este período
y se produjo un considerable desarrollo
institucional. Sin embargo, hoy en día,
en medio de una gran fragmentación
y diversidad, se registra una prolongada
crisis que afecta el cumplimiento de su
misión.
Hoy
la Universidad no sólo debe hacer
ciencia por la ciencia. El hecho de que
la sociedad del conocimiento privilegie
el conocimiento científico aplicado
a la producción y la solución
de problemas sociales plantea fuertes demandas
de relevancia y pertinencia a las universidades
latinoamericanas, porque estos se constituyen
en el principal criterio y filtro de su
nivel de legitimidad y utilidad social.
Los
retos que desde la globalización
enfrenta la educación en América
Latina son múltiples. Algunos de
los más significativos en el último
período son:
En
primer lugar, existe una creciente demanda
para una mayor profesionalización
en el sentido de cubrir los distintos ciclos:
técnico, tecnológico, profesional,
posgraduado, etc. Ha habido una enorme explosión
de la oferta de pregrado, la cual ha multiplicado
la oferta cubriendo aspectos que antes se
ofrecían de manera genérica.
Valga decir, en el campo de carreras como
las médicas y paramédicas
existen mucho más de treinta titulaciones.
En las ingenierías, dicha cifra supera
las ochenta denominaciones, lo que resalta
una demanda creciente del mercado para que
se alcance un grado de especialización,
aún en la formación básica.
En esta misma dirección podemos observar
el crecimiento acelerado de la oferta educativa
de educación técnica y tecnológica,
mediante ciclos cortos que preparan para
la inserción en el mercado laboral.
Dichas
demandas han implicado, como un enorme desafío,
la masificación de la matrícula
universitaria en América Latina.
Desde los años 60 a nuestros días,
durante cerca de medio siglo, el salto en
la matrícula ha sido cuántico.
La masificación ha sido asumida en
numerosos países de nuestro continente
como Brasil, México, Argentina, Venezuela,
algunos del área Centroamericana
y del Caribe, fundamentalmente a partir
de la expansión de la matrícula
de la educación superior pública.
En
cuanto a la formulación de políticas
públicas para la educación
en América Latina en la presente
década, se han planteado preguntas
fundamentales que continúan sin un
respuesta consensuada: ¿Cómo
se puede mejorar el gobierno y la conducción
del sistema educativo?, ¿Cómo
se puede entrar a una discusión real
sobre el cambio del esquema de financiamiento
de la Educación Superior?, ¿Cuáles
políticas hay que aplicar para crecer,
expandir el sistema y ampliar la cobertura?,
y finalmente, ¿Cuáles son
los puntos en los que se podría avanzar
en el desarrollo del sistema de aseguramiento
de la calidad?
Tendencias
en Colombia
Colombia
comparte con América Latina tres
procesos de transformación claves:
la necesidad de ampliar cobertura, asegurando
calidad y pertinencia; los cambios en el
contexto (globalización e internacionalización)
y las opciones curriculares que se han abierto
en función de las transformaciones
de los sistemas productivos y del mercado
laboral (educación permanente, flexibilidad,
educación virtual transversal a todas
las modalidades pedagógicas de formación,
desarrollo de competencias laborales). Lógicamente
estos procesos de transformación
implican un viraje en las relaciones entre
el Estado y las Universidades Algunos factores
relevantes al respecto son:
La
cobertura en educación superior en
Colombia es del 21%, cuatro puntos por debajo
del promedio latinoamericano. De alrededor
de cinco millones de jóvenes que
en el año 2000 estaban entre los
18 y los 23 años, sólo un
poco más de un millón se encontraba
vinculado a una institución de educación
superior, y de éstos un 30% pertenece
a una institución pública[3].
El
Estado y las universidades están
dando sus primeros pasos hacia la formulación
de una visión de largo plazo para
la educación superior, a través
de una serie de reuniones nacionales. A
juzgar por el contenido de las agendas de
tales eventos, las políticas más
relevantes para el sector de la Educación
Superior en Colombia giran en torno a cuatro
ejes complementarios:
-
Mejoramiento de la calidad.
-
Mejoramiento de la cobertura en todos
los subsistemas de la formación
superior.
-
Modificaciones a los esquemas de financiamiento
por parte del Estado.
-
Mejoramiento de la gestión interna
de las instituciones.
El
establecimiento de indicadores de calidad
para la educación pública
superior y los procesos de rendición
de cuentas han generado un proceso de reorganización
de las universidades públicas colombianas
en la búsqueda de una estructura
verdaderamente sistémica. En tal
dirección, es preciso valorar los
esfuerzos que recientemente han hecho las
principales universidades públicas
colombianas para activar el Sistema Universitario
Estatal -SUE- y participar proactivamente
en los procesos de reformulación
de política pública que se
han adelantado en los últimos años.
El
gobierno nacional financia en cerca de un
90% a las universidades estatales. En el
año 2003 los aportes de la Nación
para tal fin representan alrededor de 1.26
billones de pesos, distribuidos entre las
31 universidades públicas, como lo
establece el artículo 86 de la ley
30 de 1992, donde se estipula que el Estado
debe mantener los aportes a las universidades
en pesos constantes. Según el actual
gobierno, este mecanismo de distribución
de los recursos ha mantenido un esquema
inequitativo y no ha estimulado la ampliación
de la cobertura, ni la eficiencia en el
uso de los recursos por cuanto la distribución
de aportes ha sido independiente de los
resultados obtenidos. Por tanto, el Estado
busca ahora orientar y evaluar los resultados.
El Plan Nacional de Desarrollo 2002-2006
“Hacia un Estado Comunitario”,
establece que hasta un 12% de los aportes
de la Nación serán distribuidos
de acuerdo con indicadores de gestión
y calidad. Así en 2004, el 4% será
asignado de esta forma; en 2005, el 8%,
y en 2006, el 12%. De esta forma la asignación
de recursos estatales se encuentra cada
vez más condicionada por la competencia
interinstitucional, los esfuerzos de auto-evaluación
y acreditación institucional y la
evaluación externa de los logros
y del desempeño institucional.
Adicional
a las reformas contempladas en el Plan de
Desarrollo, el gobierno nacional puso en
marcha la Modernización Institucional
del Ministerio de Educación (MEN),
que ahora tiene como actividades centrales
la definición de políticas,
la planeación, la evaluación
y el seguimiento de los programas y proyectos
nacionales.
El
Ministerio de Educación Nacional
asume los procesos de fomento, monitoreo
y vigilancia de la educación superior
y desarrolla las tres políticas del
plan “Revolución Educativa”:
Calidad, Cobertura y Eficiencia. Para tal
fin, creó el Viceministerio de Educación
Superior, cuyas funciones son:
-
Apoyar la formulación de estrategias
y proyectos destinados a asegurar la calidad
de la educación superior.
-
Coordinar y dirigir la realización
de estudios sectoriales que sirvan de
orientación en la formulación
de políticas de educación
superior.
- Dirigir
los procesos de evaluación relacionados
con el registro calificado de programas
académicos de educación
superior y su registro en el Sistema Nacional
de Información de la Educación
Superior.
- Desarrollar
planes y programas que permitan la integración
entre la comunidad, el sector productivo
y demás sectores con la educación
superior.
- Proponer
criterios para la internacionalización
de la educación superior.
- Identificar
los mecanismos que faciliten la coordinación
intersectorial en temas relacionados con
la Educación Superior.
- Proponer
los criterios a tener en cuenta en el
diseño de la política de
financiación y en los planes educativos
de la Educación Superior.
- Velar
por el adecuado funcionamiento del Sistema
Nacional de Información de la Educación
Superior, SNIES.
- Coordinar
y dirigir los grupos de apoyo requeridos
por los entes asesores en los procesos
de aseguramiento de la calidad de la educación
superior.
- Coordinar
el banco de pares académicos y
la evaluación de su desempeño.
-
Coordinar la formulación de los
estándares mínimos de calidad
para el registro calificado de programas
de pregrado y posgrado.
El
ICETEX prestará el servicio de focalizar
y ampliar la cobertura de crédito
y becas para los estudiantes de menores
recursos. Por su parte, el ICFES se concentrará
en el desarrollo del sistema nacional de
pruebas. Las funciones de inspección
y vigilancia que venía adelantando
ésta entidad fueron asumidas por
el Ministerio. Las funciones de fomento
estarán bajo la responsabilidad del
Ministerio de Educación, Colciencias
y el ICFES. De otra parte, la descentralización
de las entidades adscritas que imparten
educación media, técnica y
tecnológica hacia los entes territoriales,
queda ahora en manos del Ministerio. Con
esta medida se busca fortalecerlas para
que puedan convertirse en entes universitarios
autónomos o para que aquellos institutos
que prestan servicios especializados y que
no son competencia del Ministerio, se conviertan
en corporaciones o fundaciones.
Un
giro que necesariamente conlleva a la revisión
y posible redefinición de las políticas
y la normativa académica de la Universidad,
es la promulgación del Decreto 2566
por parte del Ministerio de Educación
Nacional el 10 de septiembre de 2003, por
el cual se establecen las condiciones mínimas
de calidad y demás requisitos para
el ofrecimiento y desarrollo de programas
académicos de educación superior.
El nuevo decreto contiene los Estándares
Mínimos establecidos para los programas
académicos en decretos anteriores,
pero además resalta la pertinencia
de los programas en un contexto globalizado
en función de las necesidades reales
de formación del país y en
la región donde se va a desarrollar,
tiene en cuenta el desarrollo de las competencias
y las habilidades de cada campo y las áreas
de formación para definir los perfiles
formativos y destaca la formación
integral, la formación investigativa
y la proyección social de los programas
académicos.
Adicional
a lo anterior, el Ministerio de Comunicaciones
mediante su programa “La Agenda de
Conectividad” busca masificar el uso
de las tecnologías de la información
(TI) y con ello aumentar la competitividad
del sector productivo, modernizar las instituciones
públicas y de gobierno, y socializar
el acceso a la información. Se fomenta
el uso de las TI como herramienta educativa
mediante su segunda estrategia el “Uso
de las TI en los procesos educativos y capacitación
en el uso de las TI”. Lo cual puede
ser desarrollado por las instituciones de
educación superior aprovechando los
diferentes programas que contempla la Agenda
como lo son la Red Universitaria (Colciencias),
Proyecto de telemática y educación
a distancia (SENA), Conexión de bibliotecas
nacionales, implantación de “Biblioteca
Virtual” y colecciones virtuales.
Tendencias
en el Valle del Cauca
En
el Valle del Cauca, la participación
en la demanda hasta el 2002 ha tenido un
aporte mayoritario por parte de las Universidades
del Valle (24%) y Santiago de Cali (16.2%).
En las demás universidades, la participación
va del 2.6% del ICESI al 8.7 de la Corporación
Universitaria Autónoma de Occidente.
La demanda de servicios de la educación
superior, caracterizada a partir de las
solicitudes de ingreso a las diferentes
universidades de la región, creció
pasando de 25.898 solicitudes de ingreso
en 1998 a 47.883 en el año 2002.
El mayor incremento entre el periodo 1998
– 2002 se dio en el año 2000,
donde se presentaron 43.803 solicitudes
frente a 30.158 presentadas en 1999 (Serna,
2003).
El
aumento de la oferta corrió a cargo,
sobre todo, de las universidades privadas,
debido presumiblemente al ofrecimiento de
nuevos programas y a la entrada de nuevas
instituciones en el mercado. De acuerdo
con un análisis reciente (Raffo,
2002) se construyeron tres índices
de oferta:
1.
De exceso de demanda (Cupos/solicitudes).
2.
De capacidad de oferta (bachilleres que
aspiran por primera vez /cupos).
3.
De absorción (bachilleres que aspiran
por primera vez /solicitudes).
En
el primer indicador, sólo las Universidades
del Valle e Icesi están por debajo
del promedio, es decir, sus cupos son desbordados
por sus solicitudes y pueden entonces escoger
a los mejores estudiantes de entre los que
las solicitan. En el segundo, las universidades
privadas suelen tener más cupos que
estudiantes de primer semestre. El índice
de absorción muestra, en general,
una tendencia al alza. Por otra parte, las
Universidades del Valle e Icesi muestran
bajos índices de absorción,
lo cual es consistente con los valores de
sus primeros indicadores.
En
general, se observa un constante aumento
de la demanda (expresada en solicitudes)
para la universidad pública, en contraste
con un bajo crecimiento de su oferta, lo
que se acrecienta en condiciones de crisis
de la economía. La formación
por competencias no es sistemáticamente
estimulada en todas las entidades de educación
superior y no existe suficiente coordinación
entre la educación temprana, básica
y media para identificar y formar el perfil
de estudiante requerido por el entorno regional.
Los niveles de desarrollo entre la educación
técnica y tecnológica y la
educación universitaria son muy desiguales,
limitan su complementación entre
si y le restan agilidad al proceso de cualificación
del recurso humano.
El
aporte que puede hacer la educación
superior para contribuir a resolver los
problemas más críticos de
la sociedad es aún insuficiente,
especialmente en tres aspectos donde existen
profundas dificultades como son convivencia
social, trabajo en equipo y manejo del medio
ambiente. Factores tales como la precariedad
en el ingreso, la asimetría de información
sobre programas ofrecidos y las desigualdades
en la preparación académica
se constituyen en fuertes barreras para
el acceso a la educación superior.
Posicionamiento
Académico
Las
nuevas políticas educativas y en
general, las nuevas condiciones del entorno
nacional y regional en materia de educación
superior obligan a que las universidades
cumplan estándares mínimos
de desempeño que suelen verse reflejados
en un conjunto de indicadores.
La
comparación entre una universidad
y otra permite identificar fallas y corregirlas
de tal manera que las instituciones sean
más competitivas y eficientes en
el cumplimiento de su misión, generando,
de ésta manera, un mayor impacto
social.
Una
comparación simple de la Universidad
del Valle con cinco de las más importantes
universidades públicas del país,
con base en los indicadores del Sistema
Universitario Estatal a diciembre de 2003,
en términos del número de
programas de formación que se ofrecen
y en términos del número de
cupos de posgrado a disposición de
la comunidad académica, indica que
la Universidad del Valle es la tercera universidad
del país en número de programas
de formación académica y profesional,
la que más programas de formación
tecnológica ofrece en modalidad semipresencial
y a distancia, la tercera universidad del
país en oferta de programas de formación
doctoral, la segunda en cupos de posgrado
(maestrías).
Desafíos
En
el contexto descrito, la Universidad del
Valle afronta desafíos importantes.
Desafíos del contexto mundial, nacional
y regional
Para
impulsar el crecimiento económico
y el desarrollo humano en su área
de influencia, la Universidad del Valle
debe enfrentar otros desafíos:
-
Proveer educación de calidad, equitativa
e integral.
-
Participar activamente en la construcción
de una sociedad del conocimiento a través
de la orientación selectiva de
la investigación, la docencia y
la extensión y el manejo de procesos
de aprendizaje e innovación tecnológica,
social y organizacional.
-
Facilitar los procesos de apropiación
social de la ciencia y la tecnología
y utilización del conocimiento
social, apoyando la movilidad de docentes
y estudiantes, la formación de
redes y contactos nacionales e internacionales.
-
Ampliar y redefinir el liderazgo institucional
en temas estratégicos del desarrollo
regional tales como la construcción
de una visión de región,
los procesos de planificación,
prospectiva y ordenamiento territorial,
la biotecnología y la bioindustria,
el medio ambiente y la energía,
la modernización de la administración
pública, el soporte tecnológico
para el uso de la infraestructura de telecomunicaciones,
la formación de educadores y el
desarrollo de servicios y tecnologías
de exportación.
-
Orientar la investigación básica
y aplicada hacia la solución de
problemas del Valle del Cauca y del Pacífico
Colombiano, en temas tales como la megadiversidad,
el desarrollo sostenible, la pobreza,
la diversidad étnica y cultural,
el turismo, la seguridad alimentaria y
la gestión de recursos hídricos,
entre otros.
-
Participar activamente en la reconstrucción
del tejido social, la creación
de capacidades para la negociación
y solución de conflictos y la promoción
de valores de liderazgo, el compromiso
social, la solidaridad y el desarrollo
humano.
-
Incidir de manera activa en el fortalecimiento
de procesos de identidad, sentido de arraigo
y pertenencia con su región y país.
-
Fomentar el desarrollo local con calidad
y enfoque global, a través de la
identificación y desarrollo de
sectores estratégicos de la economía,
el incremento de la productividad y competitividad
regional y el monitoreo de mercados internacionales.
Desafíos de las políticas
públicas en Educación Superior
Los
más importantes desafíos que
se desprenden de las actuales políticas
públicas son:
- La
calidad de la Universidad del Valle, relativa
a los promedios del sector, es indiscutible
pero tiene que ser demostrada en los procesos
de acreditación voluntaria e institucional,
con base en un programa institucional
e integral de aseguramiento y mejoramiento
de la calidad.
-
La Universidad tiene que responder de
manera decidida a la necesidad de ampliación
de la cobertura, a través del fortalecimiento
de las Seccionales, el incremento significativo
de la actividad académica en la
jornada nocturna, ofreciendo programas
en modalidad virtual y haciendo una mejor
y más eficiente utilización
de la capacidad instalada en las sedes
de Cali.
-
La Universidad en cumplimiento de sus
misión tiene oportunidades de generación
de recursos en la prestación de
servicios de extensión (cursos,
seminarios, asesorías, consultorías,
etc.). Estos recursos deben ser complementarios
y orientados al mejoramiento académico
y es claro que estos esquemas de financiamiento
no deben ir en detrimento de la responsabilidad
del Estado con la educación superior
publica. Respecto de los recursos por
servicios, es importante realizar un trabajo,
a largo plazo, de mejoramiento de la imagen,
unida a una política de comunicación
y de contacto con sus egresados.
-
La necesidad de articularse efectivamente
con las políticas y estrategias
estatales de ciencia y tecnología,
prestando especial atención por
un lado, a la solución de problemas
nacionales y regionales, con criterios
de calidad y pertinencia y por otro, a
la investigación estratégica
de innovación y desarrollo tecnológico.
-
La necesidad de mejorar la gestión
interna de sus recursos debe ser atendida
con un proceso continuo de mejoramiento
organizacional, cuya meta es una organización
moderna, capaz de responder a los retos
de los cambios tecnológicos, pedagógicos
y de relación con el entorno, orientada
a resultados y guiada por la calidad,
ágil, flexible.
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