¿Una universidad sin sede propia? Hace 40 años, en 1986, esa idea sonaba inverosímil. La Universidad del Valle ofrecía carreras en siete municipios, pero la gente dudaba de la titulación. "Tocaba ir a convencer, casi como si vendiéramos una ilusión", recuerda Gerardo Valdés, testigo y uno de los protagonistas del inicio del Sistema de Regionalización.
Las clases se impartían en colegios, en el SENA, Juntas de Acción Comunal o coliseos. Las directivas tejían alianzas con alcaldías y líderes locales, convencidas de que el conocimiento debía llegar a cada rincón, incluso cuando el camino era invisible.
Curiosamente, los adultos fueron los primeros en creer. Gerardo Valdés, dueño del bar Utopía en Buga, un santuario de música protesta y boleros, se unió a esta gesta. A su negocio llegaron las y los profesores, compartiendo ideas para atraer estudiantes. "Así pasé de la bohemia a la academia", cuenta Gerardo Valdés, quien al graduarse se convirtió en profesor y coordinador del programa de Contaduría.
El ingreso masivo de la juventud
Con las primeras promociones egresadas, estudiar en la Universidad ya no era una idea lejana. Era una oportunidad real. Dora Millán, actual jefa financiera de la seccional Norte del Cauca, fue una de esas jóvenes. A sus diecisiete años, en 1996, se matriculó en "Tecnología en Sistemas" en su sede local y se convirtió en la menor de su generación.
La fama de la Universidad trascendió. A Kudson Gómez la prueba de Estado no le alcanzó para estudiar en Cali, pero su padre trabajaba en la industria portuaria y le sugirió estudiar en la Sede Pacífico (hoy Seccional). "¡Buenaventura me enamoró!", exclama Kudson, "es una ciudad intermedia que lo tiene todo, nos conocemos y aquí he hecho mi vida". Él decidió quedarse al lado del mar, encontrando en su sede no solo una profesión, sino un hogar.
Más allá de las clases: cuando la universidad se llenó de vida propia
Asistir a clases fue solo el comienzo. La universidad es vida, horas libres, "recocha", amistades. El boom cultural y deportivo llegó con las edificaciones propias. Las canchas dieron paso a juegos intersedes y a viajes por los nueve municipios, tejiendo una hermandad universitaria.

El Festival de la Canción que conectó a una sede
En Buga la música es el latido de la comunidad. En 1996, estudiantes de Contaduría emprendieron una odisea para acompañar a Luis Fernando Santos, un talentoso joven seleccionado para el Festival Estudiantil de la Canción en Santa Marta. "Vendimos rifas, lechona, postres y parte de nuestros pobres recursos", añade Gerardo Valdés. El viaje fue una aventura de risas y complicidad. Luis llegó a la final, demostrando el talento regional. Esta experiencia inspiró el fomento del canto y la música en las actividades de bienestar universitario.
Hoy, la seccional de Buga cuenta con un reconocido programa de Licenciatura en Música, una Estudiantina, la Orquesta de Guitarras, El Coro Magno, la Banda Filarmónica, Ensamble de Jazz y Percusión, y el Taller de Ópera. Así como una constante participación en festivales musicales, entre ellos el destacado Mono Núñez, en el que nuestros estudiantes de los conjuntos Pa otra parte Trío, la Orquesta de Cuerdas y el Quinteto Don Miguel se presentaron de manera destacable.
El festivo antídoto para la violencia: El Mate y el Guarapo
En Tuluá la Tecnología en Alimentos, programa de gran participación empresarial, fortaleció las actividades extracurriculares con sus conocimientos en bebidas fermentadas. En 1988, la sede Tuluá fue pionera en la gestión cultural. En una época de violencia y narcotráfico, propusieron una fiesta andina del Sol y la Luna.
"Recogíamos botellas todo el año, las lavábamos y pintábamos", rememora Alexander Aponte, quien a sus diecisiete años se prometió dirigir "El Mate y el Guarapo". Años después lo lideró como Coordinador de Bienestar Universitario. Actualmente, Alexander vive en Bogotá y hace parte del circuito artístico de la capital.
El Festival del Mate y el Guarapo demostró que la cultura podía ser el antídoto más potente contra la oscuridad. Este evento llegó a congregar hasta 10.000 personas sin una sola pelea y contó con la participación de artistas de talla internacional como Esteman, Chocquibtown y Andrea Echeverri.
Este evento y el Encuentro de Teatro Regional son las actividades insignia de esta sede, que no serían posible sin el liderazgo de la bibliotecaria Luz Marina Arango, una gestora cultural que ha acompañado a cientos de estudiantes en su pasión por las artes.

Las tardes en la Plazoleta de las Musas
En Buenaventura, la Plazoleta de las Musas es el epicentro de tertulias y el "corrinche". Por allí pasaron egresadas notables como la actual presidenta de la Cámara de Comercio de Buenaventura Alma Araujo Portocarrero. Hoy, las nuevas generaciones se inspiran allí antes de sus parciales.
En esta plazoleta la visita de Chocquibtown a Buenaventura en el 2008 es una historia que no puede faltar: "Cantaron 'Somos Pacífico' tres veces por la emoción del público", comenta Edwin Gallego. Él estudió Tecnología en Sistemas y ahora como empleado ha visto crecer a esta seccional que ha brindado la posibilidad de un trabajo estable a muchos egresados. En la actualidad, la Seccional Tecnologías en Desarrollo de Software, Gestión, Logística Portuaria, Trabajo social, Contaduría Pública, Administración de Empresas y la Licenciatura en Arte Dramático.

Del mar a la montaña Cartagueña
Al recorrer el Campus el Rosario en Cartago, la temperatura baja perceptiblemente en contraste con el centro de este municipio. Este campus es uno de los más arborizados y ofrece tecnologías enfocadas en integración ambiental y ecología. En sus salones se gestan proyectos empresariales como SkriBio SAS, del egresado Johnny Hernández, dedicado a la producción de lápices y cuadernos biodegradables. Este negocio al que dedicó su tesis fue expuesto por primera vez en la feria de emprendimientos con éxito arrollador.
En esta misma feria también participó de joven Rigo Alexander Vega, docente de la Especialización en Alta Gerencia, y un líder en la región con una empresa funeraria que genera más de 80 empleos directos y aproximadamente 40 o 50 indirectos, que dan cuenta del impacto de los egresados en el tejido empresarial y social de la región.

Caicedonia: entre las pasiones de sembrar y leer
Estudiantes y docentes se unieron para crear el Mercado Campesino en el campus María Inmaculada de Caicedonia, allí todos los habitantes iban a comprar y a vender sus productos. Los límites entre la universidad y esta región cafetera son invisibles. Por allí pasaron con amor docentes como Sandra Bastidas (q.e.p.d), Luis Javier Herrera, César Esquilo, Carlos Mateus.
Proyectos de recuperación de semillas con adultos mayores hacen parte de las clases de la tecnología agroambiental, así como las visitas a hospedajes y fincas cafeteras están en el corazón de la Tecnología en Gestión de las Organizaciones Turísticas y Administración de Empresas.
Otra de las actividades más características de esta sede es la Tertulia Literaria, una iniciativa de egresados de la Licenciatura en Literatura que hoy conforman el grupo Sinergia. En cada sesión la creación con el cuerpo, la voz, el movimiento, la lectura y la escritura dan cuenta que la literatura es un arte vivo.

Conocimiento ancestral y liderazgo para el Comercio Justo en Santander de Quilichao
En la seccional Norte del Cauca, las ferias de emprendimiento potencian el Comercio Justo. El estudiantado combina conocimientos campesinos, indígenas y afrodescendientes con marketing estratégico, y el apoyo universitario, quien asesoró a este municipio para que fuera la segunda ciudad de Comercio Justo en Colombia.
Esta postura social se refleja en la acogida de Estudios Políticos y Trabajo Social (presente en 7 de las 9 sedes), fortaleciendo procesos sociales. "Tener paciencia y creer, no bajar la calidad", es el lema del profesor Alejandro Morante, quien ve a sus estudiantes formarse como líderes regionales. Esta sede es un faro de equidad y empoderamiento comunitario, que hoy se extiende por Miranda, Suárez y Jamundí.

En Palmira, las ingenierías y las humanidades encuentran su equilibrio
En Palmira la mayoría de univallunos se movilizan en bicicleta y hasta el estudiantado foráneo compra una para gozar de esta ciudad plana con vías largas, que se presta para ser recorrida sin esfuerzos. Aquí la educación inició con carreras agroindustriales que apoyan los cultivos de ají, papa, cebolla larga, fríjol y caña. Sin embargo, el espíritu deportivo de sus estudiantes abrió la Licenciatura en Educación Física y Deporte, atrayendo talentos.
También abrieron Psicología y Licenciatura en Literatura. Esta última fue la "salvación" para Adrianis quien, inscrita en ingeniería "porque era lo que había", leía a Andrés Caicedo y las obras de Chéjov. Ella se matriculó a escondidas en la Licenciatura en Literatura. Hoy, esta gestora cultural trabaja feliz en la biblioteca de Comfandi, atrayendo a grandes y chicos a la lectura. De esta seccional son inolvidables los pasillos largos, la biblioteca de dos pisos y la huerta, visitada por todos en busca de aguacates.

Las voces de Zarzal transforman calles y comunidades
En Zarzal voces de mujeres y hombres se forman con sensibilidad y propósito. Ingenierías, matemáticas y trabajo social, marcan la historia de esta Sede. Una es Isabella López, egresada de Ingeniería Industrial y amante de los animales, creó Doggy Buffet, una empresa que ofrece una alternativa saludable para mascotas, demostrando cómo la academia fomenta la innovación con impacto social
Famoso también es el mural por el derecho a decidir y la incidencia de las estudiantes en el abordaje de las violencias de género. Una bandera que Aura Isabel lleva muy alto como egresada de Trabajo Social. Ella ingresó a esta carrera con curiosidad y al saber que se fundamenta en el trabajo comunitario, la eligió como camino.
Aura hizo un trabajo destacable con mujeres de Trujillo y posteriormente abordó la participación política de las mujeres artesanas de Roldanillo. Su liderazgo y compromiso la llevó a ser la representante de estudiantes madres en la Universidad del Valle y la visibilización de sus realidades, antorcha que como egresada el año pasado entregó a otras estudiantes madres.

Ensamble de Rock e ingenierías en Yumbo
Una de las sedes nuevas es Yumbo. Su historia empezó en abril de 1994, en el municipio de mayor desarrollo industrial del departamento. Sus estudiantes vienen liderando el sector desde sus inicios y el año pasado sucedió un hito trascendental: estudiantes de la Tecnología en Electrónica Industrial viajaron a Georgia Institute of Technology, una de las universidades públicas más importantes de Estados Unidos para compartir y complementar sus estudios. Allí se dieron cuenta que la formación de la Universidad era de nivel internacional e incluso para su semestre tenían habilidades avanzadas. Todo esto gracias al esfuerzo de sus profesores, especialmente, Lewin Andrés López.
En esta sede también se destaca la profesora Estefanía Vergara Buriticá, una de las pocas docentes de humanidades, que se caracteriza por su exigencia y educación crítica. En contraste con esta formación de orientación matemática, una de las características de esta sede es el Ensamble de Rock, que no puede faltar en los conciertos y actividades colectivas.

El legado de 40 Años: nuevas generaciones llevan en alto el espíritu univalluno
Desde aquellos inicios en aulas prestadas, hasta hoy, cuando la Universidad del Valle celebra los 40 años de su Sistema de Regionalización, la formación de líderes se mantiene. Actualmente es un pilar de la Universidad del Valle con el 42% del estudiantado y con 1.991 estudiantes graduados en el 2024. En estos años, Regionalización ha demostrado que la educación pública es para todas las personas y que el compromiso con la comunidad es su bandera.
Entre los nuevos talentos está Emmanuel Erazo, estudiante de Música y uno de los pocos contratenores del país. Su historia con el canto está marcada por el activismo y la herencia artística. Su madre es guitarrista concertina y le inculcó a tocar el violín, pero a sus doce años abandonó esta disciplina. “Yo me pregunté ¿para qué sirve la música clásica?”, así que cambió su curso y se dedicó a hacer títeres y gestión comunitaria con su organización Condor Kuyay.
Fue durante el estallido social que sucedió el reencuentro “con mi maestra Fedora quien me invitó a cantar en el parque”. Gracias a la toma cultural en la que interpretó una pieza de Antonio Lucio Vivaldi “sin saber que estaba cantando ópera”, su voz deslumbró al público y se reencontró con este arte.
Actualmente, hace parte del Taller de Ópera de la Licenciatura en Música y comparte las clases con talentos de Guacarí, Ginebra y Sevilla, municipios de amplia trayectoria musical. Su sueño es presentarse en plazas campesinas, teatros internacionales y públicos infantiles. “Darle ese orgullo a la universidad de que el contratenor se presentó en distintos procesos” y llevar en alto el título de la Licenciatura en Música de la seccional Buga.
Estas son algunas historias de superación y disciplina que se tejen en nuestras sedes.

Por: Laura Parra Rodríguez - Agencia de Noticias Univalle