Revisión bibliográfica, crónica policiaca, testimonios en primera persona. El profesor Luis Aurelio Ordoñez Burbano echa mano de todos los recursos a su disposición para dar cuenta de lo ocurrido el 26 de febrero de 1971 en la Universidad del Valle.
Ese día la fuerza pública formó un cerco alrededor de la Universidad, que en ese momento funcionaba en el Campus de San Fernando, mientras en su interior, un grupo de estudiantes se había tomado la oficina de la Rectoría. En esos hechos, de los que el profesor Ordoñez presenta múltiples versiones, murió el estudiante “Edgar Mejía Vargas, de 25 años, natural de Tuluá, hijo de los esposos Jorge Mejía y Alicia de Mejía, vivía en el barrio San Fernando, preseleccionado para la selección Colombia; no era líder estudiantil y, después de haber iniciado otras carreras, estaba matriculado en el programa de Ingeniería Química”.
Para el profesor Ordoñez “Un estudiante trató de ingresar a la universidad por una puerta que antiguamente era una puerta secreta, el estudiante forcejeó con un soldado que en la versión oficial, se decía que a ese soldado se le había disparado el arma, pero la versión que se impuso narra que por detrás llegó otro soldado, le disparó y le voló el cerebro”.
Los antecedentes, el contexto político y social, así como las consecuencias de este hecho son materia de la minuciosa investigación que da forma al libro editado por la Facultad de Ciencias de la Administración de la Universidad del Valle.
La historia de un movimiento
El profesor Ordoñez fue testigo de los hechos de los que trata este libro; “yo viví esa jornada el 26 de febrero como estudiante de la Universidad del Valle y siempre tuve algunas referencias, digamos vivenciales, pero, observé que había muchas interpretaciones equivocadas acerca de esos sucesos y por eso quise hacer una investigación para llegar a una versión, a una visión lo más objetiva posible de lo que por entonces estaba ocurriendo y salir como de un enfoque muy provincial, y mirarlo en el contexto de lo que estaba pasando en el mundo en esa época en los Estados Unidos, sobre la guerra de Vietnam, después en Francia, y esa fue uno de motivaciones fundamentales para escribir el libro”.
Además de este contexto internacional 26 de febrero, el día que todo estuvo a punto de estallar, también presenta el agitado contexto nacional: el fin de la dictadura de Rojas Pinilla en la década de los 50, la lucha campesina que deriva en el nacimiento de grupos insurgentes y la presencia de grupos cristianos que se incorporan física e ideológicamente en esta lucha y el movimiento estudiantil que para el caso de la Universidad del Valle reclamaba la salida del rector Alfonso Ocampo Londoño, la financiación estatal de la universidad pública y el fin del intervencionismo estadounidense representado en los ingresos que recibía la institución por parte de fundaciones extranjeras.
Este movimiento estudiantil tuvo un alcance nacional, varias universidades del país entre públicas y privadas, trabajadores y estudiantes de bachillerato manifestaron su apoyo al movimiento y las causas de lucha de los estudiantes de la Universidad del Valle. Lo ocurrido ese 26 de febrero para el profesor Ordoñez, guardando las proporciones, es comparable con el Bogotazo; la muerte de un estudiante y de otras personas; la presencia de la fuerza pública como un actor detonante de los hechos, un clima político caracterizado por un bipartidismo político, la convergencia de varios actores de la sociedad en el movimiento social y un alcance nacional.
Actas, entrevistas, documentos de prensa y cartas se articulan en este libro para dar cuenta de los impactos que estaban teniendo en la Universidad las acciones del movimiento a nivel local y nacional y de cómo el enfrentamiento con el mismo Estado y a pesar de la fragmentación del mismo movimiento con ideologías políticas encontradas logra un Programa Mínimo que sigue teniendo repercusiones hasta nuestros días.
El tiempo pasa…
Y el movimiento estudiantil en la Universidad del Valle se transforma con algunos elementos en común: el constante enfrentamiento con la fuerza pública y unas élites políticas y sociales con discursos públicos, en contra del estudiantado. Pero también está el apoyo de otra parte de la sociedad que ve a la Universidad como fuente de desarrollo de la región, que reconoce su excelencia educativa y su poder transformador en las realidades de aquellos que tienen la oportunidad de estar en sus aulas.
También las causas de una lucha organizada han logrado importantes avances con impactos en años recientes más allá de los muros de la Universidad, como la defensa del Hospital Universitario o el movimiento contra la reforma de la ley 30 de educación por citar algunos. Sin embargo, estos movimientos no son comparables con lo vivido en 1971. Para el profesor Ordoñez “ese contexto internacional no está presente en la coyuntura actual. En segundo lugar, el movimiento estudiantil tampoco está expresado como se expresó en esa época, con los representantes estudiantiles, el movimiento ha cambiado muchísimo; ahora los líderes estudiantiles tienen otras dinámicas, otras formas de pensar, otros planteamientos y se han concentrado en puntos claves e internos de la Universidad cómo el de infraestructura, violencias de género, nombramientos de profesores hora cátedra, hay muchos puntos que están presentes allí, en una mesa amplia, esto es totalmente nuevo. Hay diferentes liderazgos, hay otras dinámicas, que no permiten hacer analogías”
Por: Edgar Hernán Cruz
Agencia de Noticias Univalle












