Arte y Cultura

Águeda Pizarro, la poeta rebelde

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Martes, 03 Septiembre 2019
Agencia de Noticias Univalle

El pasado 30 de agosto de 2019 se inició el décimo ciclo de conversatorios de Viernes de Letras, actividad que arriba a cinco años de realización ininterrumpida, con la presencia de una particular invitada: la escritora y gestora cultural Águeda Pizarro.

En la apertura del evento intervinieron Hernando Urriago Benítez, director de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle, y Samir Otero, estudiante de la Licenciatura en Literatura, encargado de ofrecer al público un perfil biobibliográfico de la autora invitada. Coordinó el encuentro la profesora Cristina Valcke.

El conversatorio, extendido a lo largo de hora y media de duración, versó sobre el origen y la formación de Pizarro, estadounidense de madre rumana y padre español, cercano este último a los escritores que conformaron la Generación del 27 y próximo, en especial, a Federico García Lorca.

La invitada habló con profusión de su infancia y juventud en Nueva York, así como de su alma mater, la Universidad de Columbia. También abundó sobre su relación con Colombia, país en el que ha residido desde el decenio de 1970, debido a su matrimonio con el pintor vallecaucano Ómar Rayo.

Cabe destacar que en la actualidad Pizarro dirige el museo que lleva el nombre de este artista, situado en la localidad de Roldanillo, de donde aquel era natural; y también lleva la jefatura del Encuentro de Poetas Colombianas celebrado anualmente en las instalaciones de ese museo.

Al final del conversatorio, Pizarro leyó algunos poemas de su autoría. La velada finalizó con una ronda de preguntas del público.

Águeda Pizarro, la poeta rebelde
Por: Samir Otero

El pasado veinte de julio fui arrojado a un océano de versos del que aún no logro (y no sé si quiera) salir. Los derroteros que tomó mi vida en aquel momento me condujeron al museo Rayo para escuchar a un grupo de poetas reunidas en aquel lugar. Al llegar noté que una voz de resonancias celestes endulzaba los oídos resguardados en el auditorio y no tardé en sucumbir a su encanto. Cuando terminó su melodía, y yo sin salir del trance que me produjo, otra voz la sucedió, y luego otra y otra. Poco a poco, diferentes colores, intensidades y acordes fueron contrapunteándose en el recinto hasta formar un coro de versos capaz de suavizar cualquier turbiedad en el espíritu. Así, sumido en aquel éxtasis etéreo y en medio de tal remolino de consonancias femeninas, conocí a Águeda Pizarro Oniçiu, la mujer que funge como directora del museo, presidenta de la fundación Museo Rayo y directora del evento en el que nos encontrábamos: el “Encuentro de Poetas Colombianas”.

Águeda, antes que poeta, gestora cultural o escritora, se proclama como mujer con todas las implicaciones de la palabra. Quizá su mejor descripción sea la que ella misma escribió en Labio Adicto, su segundo poemario, publicado en 1972: «Yo, Águeda Pizarro, soy la misma. Tengo la misma estatura descomunal, el mismo ojo marrón y vago, quizá un poco más cerrado y tirado para abajo, el mismo desorden intelectual con breves explosiones de lucidez, la misma nariz contradictoria… ». O quizá sea mejor describirla como una madre afortunada y una abuela feliz, pues su hija, Sara, es también una gran artista, y sus nietos, Mateo y Nicolás, son un motivo para su acto poético.

La vida de Águeda desde muy temprano estuvo rodeada de arte. Su padre fue Miguel Pizarro, un profesor y diplomático español que perteneció a la generación del veintisiete; su madre fue Gratiana Oniçiu, una profesora, filóloga y aristócrata rumana. Ambos le inculcaron el amor por las letras a la pequeña niña que vio por primera vez el cielo Neoyorkino en 1941. En esa época Miguel y Gratiana vivían el exilio al que los obligó el Franquismo y este hecho hubo de determinar para siempre el curso de la existencia de Águeda. Nueva York se convirtió en la cuna de la poeta y fue en esa ciudad donde conoció a Omar Rayo, el hombre que cambiaría irrevocablemente su vida.

En 1961 Águeda cursaba un doctorado en francés y en filología románica en la universidad de Columbia. Ese mismo año Omar Rayo había llegado a Nueva York a exponer sus intaglios. Fue entonces cuando se conocieron y tres años después inició su relación intelectual, un romance definido tanto por la pasión como por las ideas. Con él, Águeda exploró la literatura latinoamericana empezando por un ejemplar de Cien años de soledad que Rayo le suministró. Fruto de esa pasión y de sus lecturas nació en 1969 Aquí beso yo, el primer poemario de Águeda, inspirado en las cartas de amor que le escribía a Rayo. Su publicación y presentación le valió un reconocimiento en el círculo de los nadaístas en Bogotá.

La relación con Omar y el hallazgo de la poesía de León de Greiff fueron los acicates para el primer momento de su poesía. Por esa época, Águeda escribió múltiples poemas en los que se siente una fuerte influencia del maestro de Greiff, principalmente en la exploración de sonoridades y en el juego con las palabras: “soy tu mujerciélaga / encinta de parábolas / ávida de fábulas / tristente e incrónica. / Soy tu musimágina / mi cólico de nínfula / pasados sin remedio”. El canto esdrújulo, la experimentación con el lenguaje y la fusión de imágenes signaron su primer momento poético.

En los 70´s y 80´s, la cotidianidad de Águeda transcurría entre sus clases de francés y español en diferentes universidades de Estados Unidos (como la Universidad de Columbia, el Brooklyn College o el Barnard College) y los viajes que realizaba a Colombia. En estos años, luego de darse cuenta del machismo que circundaba el ambiente nadaísta y de conocer la obra de Alba Lucía Ángel, Águeda pudo reconocer la precaria situación de la mujer en el arte colombiano. Ella, que era conocedora del movimiento poético feminista de Estados Unidos y que entendía la necesidad de situar a la mujer artista en el lugar que se merece, fundó en 1984 el Encuentro de Mujeres Poetas. La primera vez, siete quijotescas poetas declamaron sus versos ante un público que ascendía a la escandalosa cifra de tres personas. Este año se celebró el encuentro número 35 y, además de incontables poetas, cinco días de programación, exposiciones y obras de teatro, el auditorio de la sala Rayo propició un momento mágico.

Con el tiempo y la constancia, el Encuentro de Mujeres Poetas se ha consolidado como un espacio icónico para la poesía femenina, pues es único en el país. Grandes poetas como Meira del mar, Olga Elena Mattei, Marga López Díaz, Dora Castellanos, Nora Puccini o Maruja Vieira han sido firmes colaboradoras del encuentro. Este espacio operó un cambio en la poética de Águeda. Desde ese momento en adelante ella se comprometió con la causa feminista que la apremiaba. Escribe entonces una gran cantidad de ensayos y un número no menos inmenso de poemas. En muchos de ellos la poeta pugna por darle a la mujer el lugar en la poesía que siempre le ha sido vedado: “Te enseño / a ser mujer / que menstrúa / luz / para iluminar / un mundo / donde el amor / no se encuentra / sino en ti, / isla / de cariño, / de infinita / sabiduría / que le perdona / al mar / sus huracanes”.

A partir de esta fecha, Águeda publica bastantes poemarios, entre los que se puede encontrar Eros (1987), País piel (1987), Ververdes (1987) Ser Sara (1987), Eros - Eros (1988), Anulaluna (1989), Poesía cuerpa de mujer (1992), Ultramor (1998), Sombra ventadora (2002), Halcón de otro viento (2002) y Euridiciente (2013).

Entre los aportes que Águeda ha hecho a la poesía es posible resaltar la fusión de las palabras: la creación de poderosas imágenes a partir de dos o más elementos superpuestos. Su poesía propone una danza de palabras con sonoridades atractivas y armónicas; un fluir entre un aluvión de versos cortos y henchidos de originales metáforas. Sus poemas son la flor de un hecho, una reacción a lo visto o a lo sentido exenta de toda lógica u onirismo: “…entrelazándonos: / única, dosica, tresica, cuartana, / color de manzana, / unayaya, dosmama, tresnena / en el tejido intrincado / de tu telaraña hilosueño / haciendo círculo tras círculo / de dedovoces / haciendo solsolsol, sola / que juega a la rueda / con la tierra y la luna / y con dragonrelampagos / sobre los deslizadores”.

Por último quiero darles la bienvenida a Viernes de Letras. Esta noche tendremos como coordinadora del evento a Cristina Valcke Valbuena, profesora de la Universidad del Valle. En esta misma universidad ella cursó un pregrado en Licenciatura en Arte Dramático y obtuvo un Magíster en Literaturas Colombiana y Latinoamericana. Además de dos especializaciones en Literatura y en Arte Dramático, Cristina ha ganado dos veces la mención de honor en el concurso nacional de poesía ediciones embalaje del museo Rayo y ha trabajado en la revista poligramas como asistente editorial. Actualmente se desempeña como profesora de la Escuela de estudios literarios de la universidad del Valle en el área de Poesía Latinoamericana y Colombiana y, a su vez, desarrolla una actividad crítica en perspectiva de género.

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