Arte y Cultura

Alberto Ruy Sánchez, el cine y la literatura

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Martes, 30 Octubre 2018
Agencia de Noticias Univalle

El sexto conversatorio de la segunda temporada de 2018 de Viernes de Letras contó con la participación de Alberto Ruy Sánchez, escritor mexicano reconocido internacionalmente tanto por sus publicaciones de carácter creativo como por su trabajo de editor de la revista Artes de México. Esta actividad fue coordinada por Mario Jursich Durán, editor de la revista El malpensante, y Hernando Urriago Benítez, director de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle.

El invitado, oriundo del norte de México, deleitó al público asistente a la velada con una conversación de ilustrado cosmopolita. Contó los inicios de su carrera intelectual a través del interés que tuvo, siendo estudiante de pregrado, por la cinematografía soviética, interés que cristalizó con una investigación sobre la estadía de Eisenstein en México.

Reveló cómo a este deslumbramiento con el cine al servicio del socialismo siguió, en breve espacio de tiempo, el desengaño o descubrimiento de la verdad, por medio de las lecturas de las novelas de Aleksandr Solzhenitsyn y de un trabajo de documentación en torno a la biografía de André Gide, escritor que tempranamente asumió su equivocación ante el totalitarismo soviético, lo que le valió el desprecio del gremio de intelectuales favorables a dicho sistema.

Una investigación de Ruy Sánchez acerca de Willi Münzenberg, el artífice de la propaganda leninista, fue crucial para su posicionamiento crítico frente a la utopía de las utopías, motivo del que se sirvió profusamente en la elaboración de sus primeras novelas.

De su etapa de formación destacan los años como estudiante de doctorado en París, donde fue alumno del entonces muy cotizado Roland Barthes, quien, dentro de una academia de implacable tecnificación lingüística, era el representante de una forma de estructuralismo que no había roto del todo con la tradición humanística. Francia primero y Marruecos después ampliaron las perspectivas de Ruy Sánchez, que retornó a México como un intelectual adulto con una visión distinta de su propio país, amablemente divorciada de las determinaciones localistas y de los imperativos indigenistas en que militan de ordinario los letrados de Hispanoamérica, prohibiéndose a sí mismos el acceso a lo mejor de la cultura universal.


El artesano de palabras
Por Pedro Chávez

Quiero comenzar citando unas palabras de un libro de ensayos del autor con las que explica de cierta manera el título que lleva: Con la literatura en el cuerpo: [Cito] “Escribir ensayos es como ir bailando muy gozosamente con nuestros temas y autores y problemas; y por supuesto, también es devorarlos ritualmente: hacerlos nuestra carne, nuestros pasos. Es aceptar que la literatura nos entra por el cuerpo y muchas veces se queda en él”.

De manera que Alberto Ruy Sánchez comenzó a “bailar” desde muy pequeño “con [sus] temas y autores y problemas”, entre Ciudad de México, lugar donde nació en 1951, y los desiertos de Sonora y Villa Constitución, al Norte del país. Pero fue en el desierto, lugar ajeno a las escuelas, donde su madre le enseñó a leer los libros y su padre “la arena silenciosa que se mueve como el mar”. Desde entonces, la literatura formó parte de su vida y en compañía de su padre fue capaz de leer las variaciones del sol durante el día, la presencia de los animales en el rocío lamido de los Nopales o el vuelo del colibrí—al que luego se refiere cuando lo compara con un enamorado de la siguiente manera: “El colibrí es una flor que vuela / que contagia de ave a las flores”. En una entrevista cuenta que durante este primer periodo en México escribió el cuento Eco perdida en el Bosque, experiencia que le enseñó a “esperar el tiempo para que la forma sea la que desea el artesano”, a pesar de los elogios de un jurado de escritores como Juan Rulfo y Juan José Arreola. [Sobra decir que el cuento fue premiado].

Así pues, Alberto Ruy Sánchez aprendió desde muy pequeño que “todo pasa por nuestro cuerpo”, pero también que un “buen lector” es aquel que percibe las imágenes corrientes de su entorno de otra manera y con ello sale de la uniformidad. La melancolía de Fatma, personaje principal de su primera novela Los nombres del aire, revela el mecanismo interno de este proceso cuando siente de repente, producto de la contemplación a la bahía de Mogador y a la música del deseo que comenzaba a tocarse en su cuerpo, que “un mar secreto la estaba modelando” por dentro. Y entonces Fatma fue tempestad callada e inició “un viaje sin regreso, muy dentro de ella misma”, y su alteración, [porque ya vimos que la Literatura entra por el cuerpo] “fue una de esas heridas que ya no cicatrizan”. Esta novela fue publicada en 1987 y recibió el Premio Xavier Villaurrutia, el más prestigioso de México, pero en realidad se empezó a escribir desde que el autor viajó a París y rompió su itinerario para visitar el desierto del Sahara, donde conoció Mogador a dos horas y media hacia el Atlántico desde Marrakech. De manera que inició ese “viaje sin regreso” que venía preparando desde su infancia con esta novela y parece que habitara en Mogador desde entonces.

De este “viaje” también es responsable Roland Barthes, de quien aprende siendo su alumno que “donde el Saber toma Sabor aparece el escritor y desaparece el escribano”. Al respecto, Alberto Ruy Sánchez recordando a su maestro dice en la introducción de su libro de ensayos [que cité al comienzo], que “a mitad de curso transformó completamente sus puntos de vista (…) e introdujo en todo lo que escribía una buena parte de lo que estaba viviendo”; su maestro se había enamorado de una mujer. Le sucedió también a Ibn Hazm, personaje de Los nombres del aire, cuando descubre que el Corán es insuficiente para descifrar a Fatma y recurre a los libros paganos; le sucedió también a Alberto Ruy Sánchez, cuando sintió la necesidad de comprender a su esposa Margarita, investigación que sigue llevando a cabo como un minucioso documentalista y se refleja en toda su obra poética, sobre todo en el Quinteto de Mogador, publicación que reúne el trabajo de más de veinticinco años de escritura e indagación alrededor del tema.

Por tal motivo, en su obra podemos ver cómo se conjura la forma en que los cuerpos reaccionan y leen su espacio, con esa búsqueda del erotismo interior que se ha vuelto esclavo de las imágenes convencionales “de espejo de pared”, imágenes que limitan su significado cuando focalizan la mera exterioridad. Hay que tener en cuenta que para Alberto Ruy Sánchez “cualquier género es un yo ensayándose en el mundo”, de manera que más que ver en los géneros una receta literaria para darle forma a sus fantasmas, Alberto trabaja sobre su yo y así reinventa dichos caminos establecidos más propios de la ortodoxa crítica literaria que de la creación poética. Por ejemplo: Nueve veces el asombro se publicó en España como un poema, en Estados Unidos como un ensayo y en Francia como una novela. Los géneros son un problema para los editores, confesó en una entrevista. Lo importante es transmitir la vida a través de la literatura, y para ello hay que entender que “cada uno crea su método a partir de su propio cuerpo”.

Alberto Ruy Sánchez es Doctor por la Universidad de París VII Denis Diderot y actualmente se desempeña como Director General de la revista Artes de México junto con su esposa. A lo largo de su carrera ha escrito siete novelas, cuatro antologías de cuentos y relatos, trece libros de ensayos, seis libros de poesía, y con ello ha cosechado más de veinticuatro premios nacionales e internacionales, entre los que se destaca el nombramiento como Oficial de la Orden de las Artes y las Letras por el gobierno de Francia; y el Doctorado Honoris Causa, otorgado por el Centro Universitario de Integración Humanística de México. Como profesor ha sido invitado a varias universidades e imparte con frecuencia conferencias y seminarios en cuatro de los cinco continentes del mundo.

En la mesa de coordinadores también se encuentra esta noche el periodista, poeta, escritor y traductor colombiano, Mario Jursich Durán, director y miembro fundador de la revista Malpensante de Bogotá. Estudió Filosofía y Letras en la Pontificia Universidad Javeriana y se ha desempeñado como profesor de periodismo en esa misma universidad y la de los Andes. Tradujo obras de Alessandro Baricco, Rubem Fonseca y Gesualdo Bufalino. Como poeta se dio a conocer en 1990 con su libro Glimpses. Ha publicado ensayos y crónicas donde explora aspectos inéditos de la vida sociocultural del país. Por otro lado, también se encuentra esta noche Hernando Urriago Benítez, director de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle. Como poeta y ensayista obtuvo el Premio Departamental de Poesía del Ministerio de Cultura en 1998 por la colección de poemas Magisterio de ceniza, y en 2006 el Primer Premio de Cuento y de Poesía en el Concurso Palabras Autónomas de la Universidad Autónoma de Occidente.

Para terminar, se puede decir que Alberto Ruy Sánchez es un escritor que explora todas las dimensiones del deseo, un tema inagotable que está vinculado a la diversidad humana y a la posibilidad que tiene cada uno de contar el amor y sus anhelos. Y la tarea que emprendió como artesano fue darle forma a esa pasión, materializar “a la luz de los ojos humanos la escritura escondida en todas las cosas y en toda la gente”, construir un lugar “donde las mujeres de Mogador puedan tejer sus complicidades”. Doy paso al autor, Alberto Ruy Sánchez.

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