Por: Mauricio Doménici
Profesor Departamento de Artes Escénicas
Para mi generación, que bajo los fuegos anárquicos de las luchas estudiantiles entró en el movimiento del teatro caleño en la década del setenta, el nombre de Enrique Buenaventura era ya entonces un mito estelar del teatro colombiano. Su nombre comenzó a sonar desde mediados de los años cincuenta cuando asumió la dirección de la Escuela de Teatro de Bellas Artes y a los pocos años dio un golpe maestro de amplia resonancia con el montaje de “En la diestra de Dios Padre” (1958), una adaptación del cuento costumbrista de Don Tomás Carrasquilla, obra que trascendió a los escenarios nacionales e internacionales. Los reconocimientos y las polémicas de esta obra nunca se acabaron, Enrique alcanzó a hacer cinco versiones distintas, la quinta y última la hizo en 1984 bajo los impactos ideológicos de la Teología de la Liberación. Su dramaturgia es de una historicidad obsesiva y dialéctica, no es posible entenderla por fuera de las luchas sociales y políticas en las que él mismo estuvo inscrito.
La obra del Maestro Buenaventura, como director y dramaturgo, resume o condensa todos los desafíos y contradicciones del teatro colombiano en la segunda mitad del siglo XX. En lo que podría llamarse la primera etapa de su desarrollo artístico en los sesenta, tiene dos líneas de trabajo: la construcción de su propia dramaturgia como autor y la contextualización social del repertorio clásico y moderno en sus montajes a las circunstancias de la realidad nacional. Como autor brechtiano, marxista, desde el principio esta consciente del “colonialismo cultural”, del choque de etnias que constituyen nuestra nacionalidad, de todo lo que este proceso traumático ha significado: como autor dramático escribe “La Tragedia del Rey Christophe”, para citar solo lo más representativo, en el marco de la lucha por la liberación de los esclavos en Haití y el “Réquien por el Padre Las Casas”, acerca del clérigo radical, dominico, que en el siglo XVI denunció el genocidio indígena de la conquista española. Como director escénico monta el “Edipo Rey” de Sófocles, representado en las gradas del Capitolio Nacional, poniendo el foco significativo en el autoritarismo del monarca y su desprecio por la comunidad; y luego como director, en esta reflexión sobre el repertorio “universal”, monta según su propia versión el texto “La Celestina” del teatro clásico español; igualmente hace una adaptación del “Macbeth” de Shakespeare, donde aparece la figura diabólica de un tirano medieval, así igualmente adapta, como entre muchas otras obras del teatro contemporáneo, la puesta en escena de “Ubú Rey” (1966) con la que se produce un cambio esencial en la práctica teatral del TEC: surge el concepto de la Creación Colectiva.
La pregunta por el tipo de teatro que quería hacer Enrique la responde en una ponencia que en 1968 presenta ante un congreso de teatreros en Montreal. Allí explica que, en un determinado momento, por la intolerancia y la represión del gobierno frente al tipo de obras que estaban montando, son expulsados y se ven obligados a constituirse en un grupo de teatro independiente, así nace el Teatro Experimental de Cali, TEC. Si ellos, vinculados a la Escuela oficial del Instituto Departamental de Bellas Artes, vivían en la tensión de hacer un “teatro cultural”, oficial, referido a la tradición clásica europea o al naturalismo norteamericano, ahora querían hacer un teatro de liberación, propio, nacional, un teatro de lucha contra el colonialismo, un teatro inscrito en las prácticas sociales del pueblo, en su historia, en sus necesidades y conflictos. No hay que olvidar que la experiencia histórica del momento está impactada por el ascenso de la Revolución cubana en la conciencia de una América Latina anti-imperialista y las movilizaciones internacionales de los estudiantes contra la guerra norteamericana en Vietnam. Para esas fechas, finales de la década del sesenta, ya se ha puesto en marcha un movimiento nacional de teatro organizado y politizado hasta la médula. Durante dos décadas las figuras centrales de ese liderazgo teatral estarán en manos de los maestros Enrique Buenaventura y Santiago García.
Resuelto el contexto de referencias sociales, culturales e históricas que guiarían los intereses artísticos de este “Nuevo Teatro”, el Maestro Buenaventura se adentró en los problemas del cómo habría que crear y producir estas obras innovadoras, en las que el teatro colombiano se jugaba su destino. Una tarea titánica de redefinición del paradigma tradicional de cómo hasta ahora se había entendido el “hacer” teatral entre nosotros. El concepto central de este “nuevo teatro” se habrá de nominar la “Creación Colectiva” (CC) y allí se plantea la democratización radical de todas las decisiones artísticas y administrativas de la creación y la producción teatral. En teoría un grupo es un colectivo de actores sin división del trabajo entre sus miembros, sin jerarquías de dominación, por tanto, el director es uno más, no puede imponer su repertorio o la concepción ideológica de las obras, todos son responsables, nadie está por encima de nadie, y tal vez lo más esencial, ellos son los autores de sus propias obras. Esto último resultaba bastante paradójico en la medida que el TEC tenía como patrimonio propio un reconocido autor dramático como era Enrique, cuyo liderazgo artístico y moral era indiscutible, con más de veinte obras escritas hasta la fecha de su puño y letra, ampliamente reconocidas y premiadas. Las relaciones entre lo individual y lo colectivo en el arte escénico entran a partir de ahora en un debate permanente e interminable que no acabará nunca de resolverse, pero dará origen a procesos de formación y creación que han marcado la estética del teatro colombiano.
Con la CC se parten en dos las aguas del movimiento teatral colombiano y surgirán grupos y escuelas teatrales enfrentados. El Maestro Buenaventura construirá todo un andamiaje teórico en defensa del “Método de Creación Colectiva” y difundirá su ideario a lo largo y ancho de la geografía latinoamericana. Es muy difícil hablar de teatro colombiano y no hablar del MCC. Hay por lo menos dos campos de acción en el teatro de CC: la dirección colectiva del montaje y la escritura colectiva del texto, todo ello atravesado por el trabajo de improvisación de los actores. La colectivización de las tareas administrativas resulta poco relevante y pertenece más a la época cruda de la militancia política. No obstante, la CC produjo obras importantes en el repertorio del TEC y muchos desafíos: “Soldados” en la experiencia del TEC es el primer ensayo de dramaturgia colectiva, se convertirá en una obra emblemática del grupo y dará origen a cinco versiones. El contexto histórico de la obra está referido a la “masacre de las bananeras” del año 1928 en Ciénaga y a la lucha obrera contra la explotación de la United Fruit Company. La obra va a sufrir muchos cambios en el proceso de confrontación con el público, dado que, para Buenaventura, en su visión de la CC, la percepción de la obra por el público va a ser determinante. Se cuenta que en una representación de la obra ante los viejos obreros de la zona bananera su reacción fue negativa y reclamaron que la obra no mostraba la huelga. La participación del público en los foros al final del espectáculo se convirtió en una marca de identidad de la CC, sobre todo por la presencia iluminadora del Maestro Buenaventura en la conducción del mismo. La necesidad de atender con cierta fidelidad a la historia lleva al TEC al teatro documento de Peter Weis y así, como consecuencia de la vasta investigación en los archivos para “Soldados” nace la segunda obra de la CC: “La denuncia”. Esta vez se trata del debate en el Congreso Nacional de la masacre de las bananeras promovido por el joven Jorge Eliecer Gaitán. Hasta el final de sus días la CC siguió siendo para Enrique el eje de su trabajo teatral, no solo aparecieron nuevas obras como la “Bala de Plata” o la “Ópera Bufa” sino que el “método” siguió enriqueciéndose con nuevas y complejas disquisiciones teóricas provenientes de la Semiología.
En la década de los noventa comienza el declive del movimiento del “Nuevo Teatro”, el ideario de la CC agudiza sus contradicciones, su discurso y su práctica se hacen más abstrusos, los Festivales Nacionales de Teatro pierden su energía y surge el Festival Iberoamericano de Teatro con otros presupuestos y otros liderazgos. Pasados veinte años de su fallecimiento la memoria del Maestro Buenaventura sigue viva, su obra dramática, incluso la que emerge de la CC, tiene el sello particular de su autoría, lo esencial de su mensaje es la idea de un teatro popular, anti-comercial, anti-académico, antiprofesional, anti-oficial, surgido en la precariedad de un medio que se fue haciendo cada vez más adverso. La sala del TEC que fundara en una vieja casona del centro histórico de Cali sigue allí, activa, nunca fue cerrada en los más de cincuenta años que tienen de funcionamiento, un milagro, contra viento y marea la aureola sagrada del Maestro la protege.












