Arte y Cultura

I Coloquio Internacional sobre el Cuento Latinoamericano

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Viernes, 30 Octubre 2020
Agencia de Noticias Univalle

El profesor Álvaro Bautista Cabrera, docente de la Escuela de Estudios Literatios de Univalle, habló con el equipo del periódico cultural La Palabra sobre el I Coloquio Internacional sobre el cuento latinoamericano que se realizará de manera virtual.

Por: Equipo La Palabra

Del 3 al 5 de noviembre del presente año se realizará, en modalidad virtual, el I Coloquio Internacional sobre el cuento Latinoamericano, evento organizado por la Universidad del Valle, la Universidad Icesi y la Universidad Autónoma de Occidente.

Álvaro Bautista Cabrera, profesor de literatura de Univalle y miembro del comité organizador, nos habla de este evento inédito en Cali.

La Palabra (L.P.): ¿Cómo surgió la idea de hacer el I Coloquio Internacional sobre el cuento latinoamericano y qué se propone?

Álvaro Bautista Cabrera (A.B.): Surgió de una preocupación inicialmente mía y, posteriormente, de algunos amigos y colegas, sobre el olvido del género cuento ante el prestigio de la novela. Hay algunos géneros rezagados, y uno de ellos es el cuento. Por ejemplo, a pesar de que estamos viviendo una época en la que no se tiene en cuenta la poesía, tenemos regularmente festivales poéticos. Es como si la poesía se impusiera finalmente por sobre los desconocimientos que padece. Hay diversos tipos de eventos, pero no hay ninguno entre nosotros sobre al género del cuento, incluso en el contexto universitario. En los últimos dos años encontré un congreso sobre el cuento latinoamericano en Arequipa (Perú) y otros dos en España y Francia. Hay pues un vacío de actividades sobre el cuento que congregue a la comunidad académica. Empecé entonces a plantearlo a amigos, colegas, escritores e investigadores. Es muy común observar que se quiera escribir la gran novela, no el gran cuento. Al cuento se le concibe como un ejercicio para calentar motores y luego escribir una novela. Sé de un gran cuentista a quien su esposa le pregunta que si ya está listo para escribir la novela. Es decir, lo importante es escribir novela. En el fondo no se trata de denigrar de ningún género, pues todos son extraordinarios y todos implican lectores y tiempos, pero el género del cuento necesita un posicionamiento investigativo por parte de la Academia. Ese es el origen del Coloquio.

Además, hay señales epocales que apuntan a esta reconquista del cuento. Alice Monroe ganó el premio Nobel hace pocos años, y es cuentista. Canciones para un incendio, de Juan Gabriel Vásquez, es un libro de cuentos excelente, pero su autor es más conocido como novelista. Se presentan pues hechos que señalan la relevancia del cuento, no para aplastar a los otros géneros, sino para que el cuento recupere su altura entre estudiosos y creadores.

L.P.: ¿Cuáles serán las temáticas del Coloquio?

A.B.: El Coloquio tendrá cinco ejes temáticos. El primero es las poéticas del cuento latinoamericano, pues en América Latina hay una profusión de poéticas del cuento cuyo fundador fue Horacio Quiroga, quien a mi modo de ver es uno de los más grandiosos cuentistas de la lengua española. El segundo eje es el cuento infantil y juvenil latinoamericano; el tercero es el de los talleres de escritura, creación y didácticas del cuento latinoamericano; el cuarto es el tema de los cuentos cortos, la minificción o el cuentínimo, y el último eje es cuento y alteridad.

L.P.: ¿Qué otras instituciones están participando en la organización del evento?
A.B.: Ante la necesidad de hacer proyectos con otras instituciones, recordé a los colegas de otras universidades caleñas que son cuentistas y estudiosos del cuento. Escritores como Humberto Jarrín, Gabriel Jaime Alzate, Gustavo Bueno Rojas en la Universidad Autónoma de Occidente; Alice Castaño, Catalina Villa y Hoover Delgado, profesores de la Universidad Icesi, por lo que decidí proponerles el Coloquio para aunar esfuerzos y recursos.

L.P.: Muchos de esos profesores, hay que decirlo, son egresados de Univalle. Por ejemplo, Gustavo Bueno Rojas, quien después hizo una maestría en escritura creativa en la Universidad Nacional, así como Hoover Delgado, Humberto Jarrín, entre muchos otros. Univalle tiene esa gran virtud de alimentar a las universidades a su alrededor, muchas de ellas privadas, y no solamente en el campo de la literatura. Por otro lado, ¿cómo ves el panorama de la cuentística a nivel regional?

A.B.: Eso tiene que ver con otro aspecto relacionado con nuestra cultura. Hay una especie de mirada comparativa de la actividad cultural y literaria del Valle del Cauca, o del Gran Cauca, con respecto a otras regiones que conforman a Colombia, como la región de Antioquia y el Caribe colombiano, y en esa discusión siempre se pregunta por los nuevos Tomás Carrasquilla. Y esa es una mirada, diría yo, desenfocada de la actividad cultural de la región, pues hay personas que han escrito libros destacados y apenas hoy se están descubriendo por qué no circularon. Hay quienes están recuperando textos extraordinarios olvidados en el pasado. Por ejemplo, yo investigó estudios españoles del siglo XVII, y una de las cosas que empieza a brillar son autores contemporáneos de Cervantes, de Quevedo, cuyas ediciones no circulan y se está desempolvando y reeditando. No sé si tengan la importancia de un Cervantes, pero sí tienen la importancia, por poner un ejemplo, de Juan de Alarcón.

Así se descubrió, por ejemplo, a María de Zayas o Mariana de Carvajal, autoras de novelas en pleno siglo de oro español, olvidas y hoy recuperadas. Entonces, en ese sentido, se han escrito libros de cuento desde hace años, no solamente con autoras como, por ejemplo, la cuentista caleña Esther Arango, Carlos Arturo Truque, quien murió a principios de los 70, Alberto Dow o Enrique Buenaventura.

Tenemos Bomba camará y En busca de tu nombre de Umberto Valverde, y tenemos una ventaja, a mi modo de ver, y es que contamos con uno de los mejores cuentistas colombianos: Harold Kremer. Lo vi desde muchacho hace cuarenta años y él ha ahondado en el género. También tenemos, por ejemplo, a Guillermo Bustamante, quien, junto con Harold, son fundadores de Ekuóreo, una revista de minificción y relato breve, una de las primeras revistas del género en Latinoamérica, que surgió en Cali, no en Bogotá, Medellín o Barranquilla.

Igualmente tenemos autores muy importantes de la región, y estoy hablando del gran país del Pacífico, como decía Gustavo Álvarez Gardeazábal, como por ejemplo Óscar Collazos, autor nacido en el Chocó, quien en los años setenta participó de discusiones literarias a nivel hispanoamericano con Cortázar y Vargas Llosa.

Cuando hicimos el Congreso sobre Roberto Bolaño hace un año, un invitado chileno, Felipe Ríos Baeza, que se doctoró en Barcelona, me dijo que quería los cuentos completos de Umberto Valverde porque estudió sobre la música de barrio en los cuentos, y de ese autor sólo tenía tres cuentos. Amerita hacerle ese reconocimiento al cuento. También están los cuentos del profesor Hernán Toro y del traductor Juan Fernando Merino y de Julio César Londoño, cuyos cuentos son extraordinarios, pulcramente tejidos, cajas de música, construcciones destacadas.

Entonces cuando hay esa riqueza en la región, uno tiene que pensar en un evento académico cultural sobre el cuento de talla internacional. Por lo demás, tenemos a otro autor que no es de aquí, pero vive aquí hace muchos años: Gabriel Jaime Alzate. Acabo de leer un libro de su autoría compuesto de nueve cuentos de una gran factura verbal y de una aguda creación de tramas y personajes, escritos en esa corriente cuentística que dice poco, pero dice todo, de la línea de un Hemingway. También tenemos autores jóvenes como Luis Miranda, Jenny Valencia, Silvia Valencia, Javier Zamudio, egresados de Univalle, o los Cuentos de despojo del payanés Andrés Mauricio Muñoz. Por todo lo anterior hacemos este Coloquio sobre el cuento. La idea no es que sea el único encuentro sobre el género cuento, sino el primero de muchos. Dentro de dos años vamos a hacer el segundo Coloquio y consolidaremos en Cali una semana dedicada a la investigación, lectura y goce del cuento latinoamericano.

L.P.: ¿El Coloquio tendrá invitados nacionales e internacionales?

A.B.: Vamos a tener a la escritora argentina Ana María Shua como una de las invitadas internacionales, quien es autora de novelas, cuentos, minificciones y ensayos. Vamos a tener al profesor José Sánchez Carbó, de la Universidad Iberoamericana de Puebla, autor de libros de cuentos y cuya tesis de doctorado en la Universidad de Salamanca fue sobre el cuento mexicano; a Ricardo Sumalavia, autor de los libros de microrrelatos Enciclopedia mínima y Enciclopedia plástica, profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú, autor de novelas y libros de cuentos; a Wilson Alves-Bezerra, profesor, escritor, traductor y actual coordinador del programa de postgrado en la Universidad Federal de San Carlos. También tenemos a otra invitada internacional, traductora de cuentos latinoamericanos al chino, Luisa Chang, de la Universidad de Taiwán. En cuanto a los invitados nacionales tendremos a Yolanda Reyes, Alejandra Jaramillo, Harold Kremer, Guillermo Bustamante, Gabriel Jaime Alzate, Javier Tafur y Uriel Cassiani de Palenque. Igualmente, al profesor de la Universidad del Valle y autor de varios libros de cuentos Tim Keppel.

L.P.: Cada vez son más los jóvenes y profesores que están empezando a destacarse y a descollar como creadores, ya sea en el teatro, en el guion o en el cuento, como el caso particular, por ejemplo, de la profesora Ángela Rengifo, excelente cuentista egresada de Univalle.

A.B.: Parte de la inquietud de promover este evento es impulsar la escritura de cuentos en la Escuela de Estudios Literarios y la región. En el programa de literatura hay un curso que se llama Cuento Colombiano y hay profesores que realizan seminarios sobre el cuento, de modo que creo que la Escuela, sin hacer un énfasis absoluto en ello, pues siempre está el dominio de la novela, ha promovido el cuento.

Pienso que este tipo de eventos va a impulsar más el papel del cuento. Dice Mariana Enríquez –de las mejores cuentistas actuales de la lengua española–, que un buen cuento es suficiente para un autor. Es decir, leo Funes, el memorioso y no necesito que Borges escriba una novela porque con eso es suficiente. Un cuento como Después del almuerzo o Silvia de Cortázar, ¿para qué más? Lee uno Las Hortensias de Felisberto Hernández, ¿para qué más? Lee uno Blacamán el bueno, vendedor de milagros y es un milagro que haya aún más y más. Entonces el cuento es muy poderoso y tiene una virtud: se puede leer de un tirón, y si el cuento está maravillosamente lleno de interrogantes, de secretos, de contundencias, lo puedes volver a leer en el mismo día; mientras que a la novela tienes que darle mucho tiempo, a no ser que tengas todo el tiempo del mundo para hacerlo. Esa es una de las ventajas del cuento.

En ese sentido, la Escuela de Estudios Literarios ha promovido el cuento como los otros géneros de la literatura, pero claro, creo que este evento ayuda a que la Escuela le dé más relevancia. Además, hay profesores de la Escuela que escriben cuentos, como por ejemplo Ángela Rengifo, egresada y formada en la Escuela de Estudios Literarios; Alejandro José López, Óscar Osorio y Fabio Martínez, quienes han publicado libros de cuentos. Entonces ustedes pueden ver ahí un conjunto de profesores inclinados a la producción del cuento, pero también hay investigadores, como por ejemplo la profesora María Eugenia Rojas, quien ha escrito un hermoso libro, Cada uno con su Cuento, en el que entrevista a diversos autores de cuentos, un homenaje a la cuentística de los últimos veinte años. Tenemos al profesor Darío Henao, que, como parte de su trabajo en torno al Año Zapata Olivella, publicó los libros de cuentos del loriquero; al profesor Fabio Martínez, quien ha hecho la edición de Carlos Arturo Truque. Por su lado, el profesor Juan Moreno Blanco, quien descubrió que entre las investigaciones sobre Gabriel García Márquez hay pocos análisis sobre su cuentística, por lo que ha convocado a investigadores y escritores a revisar el género cuento de Gabo en el libro El ejercicio del más alto talento, Gabriel García Márquez. Hay mucha investigación sobre Cien años de soledad y sobre algunos cuentos en particular, como por ejemplo La cándida Eréndira y su abuela desalmada, El ahogado más hermoso del mundo, entre otros, pero de los otros cuentos no hay muchos estudios.

La Escuela de Estudios Literarios tiene riqueza investigativa y profesores que producen cuentos. Hay también una investigación sobre minificción de la profesora María Antonieta Gómez, quien también presentará ponencia en el Coloquio, y el profesor Alejandro José López tiene varios artículos sobre la cuentística latinoamericana. Es por todo lo anterior que la Escuela tiene con qué lanzarse al tinglado sobre pensamiento del cuento latinoamericano.

L.P.: Usted también ha escrito cuento y poesía. Cuéntenos cómo ha sido esa experiencia.

A.B.: Eso tiene que ver con muchas decepciones. Empecé a escribir cuentos antes que poesía. Cuando estaba cursando el pregrado en Univalle entre los años 78 e inicios de los años 80, mandé muchos cuentos a concursos y nunca me mencionaron, ni siquiera de último, porque lo podrían llamar a uno y decirle que su cuento quedó de último. No suelen hacerlo, pero sería muy divertido que lo hicieran. El caso es que pronto me ocupé de las tesis de pregrado, maestría y doctorado, y esa labor te quita mucho tiempo, pero hacia los años 2000 tuve una lectura que me llevó a reconsiderar mi poesía, y cuando estuve en Francia escribí ocho cuentos sobre mi experiencia cuando visitaba el barrio La Estrella. Durante mi bachillerato en Cali, un compañero de colegio vivía allá y escribí esos cuentos que desafortunadamente se perdieron. Eran una especie de mirada tardía del cuento-barrio escritos casi treinta y cinco años después de que algunos escritores colombianos como Umberto Valverde ya hubieran hecho eso. Pero no era mi barrio sino el que yo visitaba. Esa pérdida me dio mucha tristeza, pero seguí escribiendo cuentos sobre hermenéutica. Entonces mi hija me preguntó por los cuentos que yo les contaba de mi autoría, y eso me llevó a escribir un libro de cuentos infantiles. Ahora tengo terminado uno que se llama Ocho pesadillas, que se encuentra en edición, y otro terminado, pero no editado, un libro de unos veinte cuentos cortos que se llama Lenguaraces. Estoy configurando otro que me cuesta mucho, acerca de los altares, que recogen una experiencia en Piendamó, Cauca, cuando era niño. Me cuesta mucho escribirlos. ¿Cómo se pueden escribir cuentos con la idea de los altares? Ahí voy entre la fe y la herejía.


Para participar en el evento es necesario inscribirse en el link: http://www.icesi.edu.co/e/cuento 

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