Arte y Cultura

Cómo ganar en un concurso

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Viernes, 05 Julio 2019
Agencia de Noticias Univalle

Durante dos semanas, los seis jóvenes universitarios se reunieron todos los días. Discutían sobre cómo diseñar para el futuro, pues la Universidad de Génova había abierto una convocatoria mundial para estudiantes.

En la convocatoria, la Universidad de Génova introducía el tema con estas palabras: “En cierto sentido, la biblioteca tiene que ver con la eternidad. De hecho, conecta pensamientos y experiencias más allá del espacio y del tiempo ya que es un lugar construido por seres humanos para acceder a la experiencia de sus predecesores y es antes que nada un gran colector de informaciones.

¿A raíz de todo esto, cuál es el futuro para las bibliotecas y cuál es la biblioteca del futuro? Empezando por esta pregunta, a la Universidad de Génova le complace lanzar Future Library. Se trata de la competición de proyecto que invita a jóvenes de todo el mundo a reflexionar sobre el futuro de los espacios dedicados al aprendizaje y al conocimiento creando un modelo de learning space inédito a través de la arquitectura”.

Además, la convocatoria entregaba un espacio virtual que se asemejaba a una fábrica abandonada y allí se debía instalar la propuesta.
Sobre los premios los organizadores eran claros desde un principio. Se seleccionaría treinta finalistas de los que se escogerían los tres primeros puestos y diez menciones de honor.

Desde el mismo momento en que los seis estudiantes de noveno y octavo semestre de arquitectura de la Universidad del Valle accedieron a participar, se reunieron sólo para pensar si la biblioteca del futuro debía tener espacios flexibles o dinámicos. En otras palabras, estuvieron debatiendo en torno a la idea de si los módulos debían ser estáticos o móviles para que se pudieran transformar o cambiar y darle varias configuraciones a un mismo espacio.

La discusión entre los estudiantes, Julián Cuervo, Nataly Gutiérrez, Katherine Muñoz, Linda Salazar, Karen Rojas y Camilo Valencia parecía no tener fin. Por momentos, llegaron a pensar en no participar pues el costo en tiempo era muy alto y no sabrían si ganarían. Finalmente, después de dos semanas de hablar, discutir y argumentar, llegaron a un acuerdo: En el futuro siempre habrá otro futuro y, por tanto, debían diseñar un espacio atemporal, flexible, adaptable, que se acoplara a las nuevas necesidades y circunstancias que se presentarían en "la biblioteca futura", a partir de un piso hidráulico modular que permitiría generar diferentes configuraciones espaciales en un mismo escenario.

Y con esa conclusión la discusión terminó. Acto seguido se distribuyeron el trabajo que realizarían, en los intersticios de tiempo que dejaban los trabajos finales y exámenes que debían presentar a sus profesores.

Pero, aunque algunas labores estaban asignadas de acuerdo con las habilidades de cada uno de los miembros, el trabajo en grupo se impuso y comenzaron por desarrollar el proyecto que incluía la realización de imágenes, modelado 3D, diseños arquitectónicos y técnicos, diagramación y esquemas.

La propuesta de imágenes, por ejemplo, que presentaba uno de los integrantes era cuestionada y mejorada por todos y después de un par de meses de trabajo intenso y agotador la propuesta estaba lista y se envió a la Universidad de Génova, a través de una plataforma digital.

Luego vino un tiempo de dos meses de espera para conocer el resultado y la premiación. Y llegaron las noticias.

El Grupo ARQ380 integrado por seis estudiantes de la Escuela de Arquitectura de Univalle había quedado entre los 30 finalistas de los 420 equipos participantes de 50 países de todo el mundo. La noticia llegó en una carta de la Universidad de Génova en la que además pedían, al grupo, certificar que todos eran estudiantes universitarios.

Entre los finalistas también estaba el grupo Andino del que hacían parte los estudiantes Isabela Jaramillo y juan Esteban Porras de la Escuela de Arquitectura de Univalle, quienes conformaron equipo con otros tres estudiantes de universidades de Suramérica, que en el momento del concurso, también estaban en intercambio en la Universidad de Génova –Italia.

Después se anunciaron los ganadores de los tres primeros puestos y las diez menciones de honor y una de éstas fue para el Grupo Andino.

El Grupo ARQ380, que tiene ese nombre porque ARQ son las siglas de Arquitectura, la escuela que los está formando y 380 el número del edificio sede de la escuela en el campus de Meléndez, no fue más allá en la premiación del concurso aunque teníamos muchas esperanzas en ganar porque hicimos un muy buen trabajo, dijo Nataly Gutiérrez, una de las integrantes del grupo. Pero de todas maneras ganamos, agregó.

Ganamos el reconocimiento de los organizadores del concurso al quedar entre los 30 finalistas entre 420 equipos.

Ganamos porque aprendimos a reconocer las habilidades de los otros compañeros y a potenciarlas mediante el trabajo conjunto.

Ganamos porque aprendimos a trabajar en equipo sin una persona que tuviera mayor autoridad o jefatura sobre los demás.

Ganamos porque cuando publicaron los proyectos de los 30 finalistas los estudiamos uno a uno y entendimos y aprendimos de las cosas buenas que presentaron los otros concursantes y cada proyecto nos regaló una enseñanza nueva que nos ayudó a crecer profesionalmente.

Para sintetizar, explicó la estudiante de arquitectura, con ese concurso ganamos y ganamos tanto que no es fácil cuantificarlo.

En este link se encuentra toda la información del concurso.

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