El Área Cultural de la División de Bibliotecas de la Universidad del Valle invita a la charla “Conversaciones sobre la historia del arte: Pisa, una República marinera en el Tirreno”, que se realizará este miércoles 9 de septiembre, a las 6:15 p.m., en el Auditorio Ángel Zapata.
El invitado es Carlos Esteban Mejía Londoño, doctor en Historia del Arte de la Università degli Studi di Bologna.
Sobre la charla
Como casi todas las ciudades del Occidente mediterráneo, la historia lejana de Pisa estaba ligada a la guerra de Troya y al regreso de los aqueos al mundo de la Hélade primitiva. Griegos, entonces, al mando de Néstor, según Estrabón, pudieron ser sus primeros fundadores, que en el recuerdo del Alfeo en el Peloponeso, se situaron junto a los ríos Arno y Auser, casi a orillas del Mar Tirreno. Pero las tribus itálicas eran muchas, y también a los lígures se atribuye su origen.
Ciudad etrusca y, luego romana, fue nombrada por Augusto Colonia Julia Obsequens. En adelante será lombarda y formará parte de la Tuscia, una de las Marcas más meridionales del Imperio Carolingio. Por sus contactos con Oriente y por su condición portuaria, desarrollará un floreciente comercio y una gran flota, hasta convertirse junto a Génova en el centro más importante del Tirreno, conquistando Córcega y Cerdeña a los sarracenos. Pisa apoyará a Ruggero I en la recuperación de Palermo, y con el tesoro ganado, emprenderá la construcción del Campo dei Miracoli, sin duda la mayor obra en la Europa de su tiempo…
Cuando los pisanos, entusiastas y previsivos, acojan el llamado de Urbano II para emprender con la cristiandad toda la Primera Cruzada, sabrán que el éxito de ésta, les atraerá poder, fama y una inmensa riqueza comercial. Por los siguientes dos siglos, el XII y el XIII, la República marinera de Pisa, ejercerá y disputará su poder en todo el Mediterráneo, estableciendo colonias en Jaffa, Accone, Acre, Jerusalén, Trípoli, Tyse, Joppa, Latakia, Cesárea, Alejandría y Constantinopla. Gibelina, apoyada y protegida por emperadores, será fiel a Federico I Barbarroja, a Enrique VI y a Federico II de Hofenstaufen.
Más allá de campañas exitosas y gran comercio, la joya mayor de su trascendencia histórica y cultural, será sin duda el Campo dei Miracoli. Durante cerca de 300 años, diseñará y construirá un conjunto nunca antes visto ni emulado, libre de construcciones obstructivas y de vías internas, en medio de un campo verde como único entorno, y hasta el límite de la muralla. Iniciará, de la mano de Buscheto y Rainaldo, la construcción de su Catedral de Santa María Assunta 1046-1118; del Baptisterio 1153-1278, el más grande de Italia, a cargo del arquitecto Diotisalvi y de los escultores Nicola y Giovanni Pisano; de su bello Campanile, la Torre inclinada 1173-1350, iniciada por Bonanno; y, finalmente, del Camposanto, planeado por Giovanni di Simone e iniciado en 1278, dentro de un pleno y elegante estilo gótico.
Cuidadosa de su patrimonio estilístico y depositaria de sus varios legados lombardo, islámico, paleocristiano y bizantino, la arquitectura pisana evidenciará un armónico y equilibrado lenguaje románico y gótico, sirviendo de vehículo esencial entre las tradiciones clásicas puglieses y sicilianas, y la explosión toscana quattrocentesca en la plástica y el relieve. Pero en medio de tanta competencia y rivalidad con las llamadas "Repubbliche Marinare", Génova, Venecia y Amalfi, y con las ciudades toscanas, Florencia, Siena y Lucca; Pisa sufrirá un golpe fatal que le significará la pérdida irremediable de su temprana supremacía en la Alta Edad Media mediterránea: su derrota en la Batalla de Meloria, en 1278, a manos de los genoveses.
Durante todo el Trecientos, aún en medio de la conclusión de sus más bellas obras y de la fundación de la Universidad en 1343, recibirá un nuevo infortunio: la pérdida de su condición portuaria debida al cambio del curso del Arno. La ciudad, que había contado entre los suyos con Fibonacci, excelso matemático, Bonnano, Nicola y Giovanni Pisano, durante la Edad Media, y con Galileo en el Renacimiento; será la patria del físico Pacinotti, del poeta Gabriele D'Annunzio, del cineasta Gillo Pontecorvo y del tenor Andrea Bocelli. Pisa, hoy, además de su intensa vida universitaria y de su pujante turismo, conserva la genuinità (genuinidad), la gentilezza (gentileza) y el garbo (gracia, elegancia) proverbiales de todos los toscanos.












