En Roldanillo, durante tres días, la lectura dejó una experiencia compartida, viva y profundamente colectiva. El Primer Festival Infantil y Juvenil “Libros al Viento” no solo reunió instituciones y actividades en torno al libro: tejió un relato común donde distintas voces coincidieron en una idea central la lectura como un acto de encuentro, de resistencia y de construcción de futuro.
Para Horacio Lozano, rector del Gimnasio Norte del Valle, este festival no es un evento más en la agenda cultural: es la materialización de un propósito que trasciende las aulas. Desde su perspectiva, el libro debía dejar de ser un objeto aislado para convertirse en el centro de una experiencia cultural amplia.
Ese sueño logró materializarse gracias a una red de aliados que creyeron en el poder del libro. El propio Lozano reconoce el papel clave de las instituciones que acompañaron el proceso: “Este es un esfuerzo en el que nos han ayudado instituciones muy importantes para nosotros, como es el Instituto de Educación Técnica Profesional de Roldanillo, el INTEP, la Alcaldía Municipal de Roldanillo, Comfandi, la Cámara de Comercio de Cartago… en fin, todas las instituciones encargadas de la cultura en la región han estado presentes aquí”.
A esta red se sumó el Museo Rayo, así como diversas Universidades: “Quiero agradecerles a todos el apoyo que nos han prestado las universidades, la Universidad del Valle, la Universidad San Buenaventura […] la UCEVA”
En este trabajo interinstitucional, la participación de la Universidad del Valle, a través de su Programa Editorial, la Biblioteca Mario Carvajal, la Universidad del Valle sede Zarzal y estudiantes del Programa Semilleros IDICA de la Escuela de Literatura refuerzan la dimensión pública del festival.

Desde la administración municipal, la voz de Juan José Madrid amplía la postura del festival. Más allá de una actividad cultural, lo plantea como parte de una visión de ciudad.
Madrid ubica el nacimiento de “Libros al Viento” en un momento simbólico: los 450 años del municipio. Sin embargo, lejos de ser una actividad conmemorativa aislada, el festival se plantea como una decisión consciente de invertir en el futuro cultural del territorio: “Haciendo parte de esa celebración de los cuatrocientos cincuenta años, nace este festival de Libros al Viento […] donde todas las instituciones de nuestro municipio, a nivel de educación, culturales, nos hemos unido para que dé inicio a este maravilloso festival”.

En su intervención, Madrid insiste en el papel central de las infancias: “Los niños son los protagonistas, los niños son los invitados especiales”. Y proyecta el evento hacia el futuro como un proceso sostenido: “Roldanillo va a institucionalizar este evento para que año tras año nos convoquen los libros, para que los niños sueñen, para que los niños puedan crecer con la literatura”.
Desde esta perspectiva, la lectura deja de ser únicamente una práctica educativa para convertirse en una herramienta de desarrollo social y humano. El festival, entonces, funciona como un escenario donde los niños pueden imaginar, crear y proyectarse, reforzando su vínculo con la literatura desde una experiencia significativa.
La lectura como refugio, identidad y posibilidad
Una de las reflexiones más profundas del encuentro llega desde la experiencia de Johana Gómez, coordinadora de LitWorld en Colombia, quien sitúa el festival en un contexto más amplio de promoción de lectura a nivel global.
“Estamos en una alianza maravillosa […] y apunto de tener un evento histórico, el primer festival del libro infantil y juvenil Libros al Viento”.

Para Gómez, el valor del festival no está solo en su programación, sino en lo que posibilita: “Un libro es un espacio seguro y un espacio para la libertad”
Su mirada introduce una idea clave: estos espacios no solo forman lectores, sino sujetos capaces de narrarse a sí mismos desde diferentes miradas. Por eso enfatiza: “No enseñamos a leer. La escuela enseña a leer, pero enseñamos a amar la lectura”. Y en ese proceso, la lectura se convierte en una herramienta de empoderamiento: “Estos espacios donde los niños pueden hablar desde su propia historia, les permite empoderarse […] alzar su voz, que es lo más importante”
Su reflexión conecta directamente con el sentido más profundo del festival: la lectura como práctica que construye identidad, comunidad y posibilidades.
Leer en tiempos de pantallas: una apuesta urgente
Desde la voz de la escritora Mary Grueso Romero aparece una preocupación compartida: cómo sostener el vínculo con la lectura en un mundo atravesado por lo digital.
“Estamos trabajando fuertemente porque si no lo hacemos, la tecnología nos va a arrastrar” Afirma Mary.
Sin embargo, su postura no es de rechazo, sino de equilibrio: “No es que sea mala la tecnología, lo que pasa es que nosotros tenemos que buscar la herramienta de poder […] competir con ellos”
Y hace un llamado directo a la acción colectiva: “Necesitamos que los estudiantes y las nuevas generaciones no pierdan el gusto […] por una buena lectura”.

La presencia de todos estos actores aporta a la circulación del conocimiento y permite que los libros lleguen a nuevos públicos, consolidando la relación entre la literatura y el territorio ampliando el alcance de la lectura como práctica social.
Al escuchar estas voces en conjunto, el festival revela su verdadero alcance: no se trata solo de promover libros, sino de construir una comunidad lectora.
Desde el sueño institucional que lo hizo posible, pasando por la apuesta política que lo sostiene, hasta la dimensión humana que lo habita, “Libros al Viento” se consolida como un espacio donde la lectura deja de ser individual y se vuelve colectiva.
Porque, como quedó claro en Roldanillo, cuando los libros circulan, también lo hacen las historias, las voces y las posibilidades de un territorio pujante.












