La arquitectura fue la carrera perfecta para que esta artista se dedicara a su verdadera vocación
Por: Laura Parra Rodríguez
En un momento en que la profesión para las mujeres era ser maestra, Silvia Schiess Ibáñez quería ser pintora. La decisión de su familia de enviarla a Estados Unidos a estudiar docencia parecía una realidad, pero se atravesó la arquitectura. "vine a la Universidad del Valle con una profesora del colegio, ella enseñaba aquí inglés y me dijo que tomara unos cursos mientras me iba", recuerda esta artista sobre el encuentro inesperado con la carrera que fue su refugio perfecto. Su talento innato para plasmar el mundo en trazos la destacó desde sus primeros semestres, pero su espíritu inquieto la impulsó a explorar más allá de los planos y las maquetas.
50 años después de graduarse, la sala Mutis de la Biblioteca Mario Carvajal abre sus puertas a la exposición “Naturaleza y Vida” de Silvia Schiess Ibáñez, una mujer tan fascinante como sus creaciones. Sus pinturas tejidas con hilos de arquitectura, paisajismo y una profunda conexión con la naturaleza, nos revela un camino donde la vocación se abre paso a las oposiciones a su carrera de artista.

El paisajismo como lienzo
Fue en el paisajismo, una disciplina que la conectó con la exuberancia de Cali, las planicies del Valle y la Costa Pacífica, donde encontró un nuevo lienzo para su expresión artística. Mientras conocía el Valle del Cauca y proponía senderos ecológicos para parques del departamento, se despertó en ella una necesidad de capturar la belleza efímera de los paisajes, aquellos que, como ella misma reflexiona, "van a desaparecer y se van a quedar en recuerdos".
Su herencia suiza, legado de un padre que admiraba su talento, y la pasión por la naturaleza de su madre, se fusionan en sus obras, donde los techos rojos de Cali se entrelazan con la frondosidad de los mangos y la nostalgia de la infancia de sus hijos en el Colegio Bolívar, donde egresó y fue maestra.
Su formación en paisajismo, lejos de ser una mera profesión, se convirtió en una herramienta para comprender y representar la relación entre el ser humano y su entorno. La excusa perfecta para llegar a casa a componer con maestría. Los detalles de sus óleos exudan el aire húmedo de la selva y los acrílicos dedicados a las travesuras infantiles están ambientados en montañas y casas pueblos que nos recuerdan la esencia campesina del país.

La luz de la memoria
La memoria, como hilo conductor, guía su pincel. Fotografías encontradas, recuerdos y la necesidad de sanar la relación con su madre que se opuso a que fuera pintora se transforman en lienzos que dan cuenta de su maestría.
Acuarelas mágicas, óleos de gran tamaño y acrílicos que retratan lo cotidiano nos invita a reconocer la belleza de nuestras propias historias. Su exposición nos recuerda que el valle del cauca siempre ha sido un suelo fértil para el arte.
Fotografía: Ana Sofía Domínguez, fotógrafa del área cultural de la Biblioteca Mario Carvajal.












