A setecientos tres años del tránsito de Dante Aliguieri, al encuentro prodigioso de Bernardo de Claraval, a la contemplación de la rosa azul, y al definitivo abrazo de Beatriz; un colombiano del pacífico, viene a ser nuestro Virgilio a través de los cien cantos que constituyen el más alto de los poemas que la pluma de un hombre solo haya labrado: Comedia, La Comedia, La divina Comedia.
El profesor de literatura medieval de la Universidad del Valle, Edgard Collazos Córdoba, nos regala en su libro “Por la ciudad del fuego”, mucho más que una mera propedéutica, una guía de lectura, o un boceto comentado a la vasta geografía de lo sobrenatural del Dante, siempre múltiple, proteico, inabarcable. Con amable erudición, y utilizando con sabiduría la intertextualidad, recoge de los mejores ensayistas de occidente (Eco, Eliot, Panofsky, Valéry, Mangel, Aurbach, por mencionar sólo unos pocos) las claves de su lectura de la Comedia, en la que el acercamiento a eso que de modo despectivo y pedante ha venido a llamarse “Edad Media”, dibujando un amplio vitral lleno de juegos de espejos, de la artesanía elegante de quien encuentra cruces de caminos entre las visiones del florentino y el mundo alucinado que nombraron “América”.
Con un gusto editorial impecable, acompañan al texto del profesor Collazos, nuestro Virgilio a través del Poema por antonomasia, imágenes provenientes de la vasta imaginería medieval, que hacen de este libro una obra de arte en sí mismo, si lo asumimos como objeto en el que se produce el milagro del hecho estético, a la vez que sin pedanterías, ni excesos grandilocuentes, el autor recorre los prolongados laberintos del infierno, el purgatorio y el paraíso, con la humildad de quien regresa del asombro como de un largo viaje.
Salvo la pobre nota introductoria, firmada por Juan Manuel Roca, estamos en presencia de un libro memorable, flor exótica y ave prodigiosa en el mundillo editorial colombiano, tan proclive a la mediocridad amiguera, al turbio manoseo de los feudos “intelectuales”, a nombrar como frutos del pensamiento, vanos deshechos de retórica ininteligible. Inmejorable tributo al Dante, el que nos hace Collazos, digno heredero de Virgilio al momento de conducirnos más allá de la selva obscura.
DANIEL RICARDO JIMÉNEZ BEJARANO
Yermo de Nuestra Señora y 2024












