Parece un asunto lejano pensar hoy en la pandemia, como si hubiera sucedido hace mucho tiempo. Apenas van cinco años de esta coyuntura que significó una erosión en nuestra cotidianidad. Fueron populares imágenes, videos y las fotografías tomadas en las calles de lugares como New York, Nueva Delhi, Madrid, Reino Unido o Nara (Japón), en las cuales se apreciaban animales como pumas, zorros, zarigüeyas, jabalíes, deambulando donde antes hubo ríos de personas y vehículos. Mientras la humanidad bajó el ritmo, la naturaleza siguió el suyo.
Para muchos afortunados la rutina se vio desplazada por otro tipo de lógicas. La vida cotidiana transcurrió desde y a través de una ventana: la de los hogares por donde veíamos pasar al vendedor de aguacates y a los grupos de mariachis que recorrían las calles buscando el sustento; las ventanas de los navegadores web con miles de informes, las plataformas como Meet o Zoom donde se desarrollaban reuniones y clases.
Ese es el contexto de origen del libro Desde la ventana. Historias y escenas de la cuarentena del profesor de la Escuela de Comunicación Social Manuel Silva Rodríguez, con dibujos de Miguel Bohórquez y Mónica Bravo, y editado recientemente por el Programa Editorial de Univalle, donde se recopilan esas sensaciones que evocan pensar en la pandemia. “Quienes gozamos del privilegio de permanecer en nuestras casas pudimos mirar hacia afuera y hacia dentro, extraviados en una difusa realidad”, expresa el autor en la presentación del libro.
Los relatos que componen esta publicación hablan de esas nuevas rutinas que los habitantes de las capitales desarrollaron e incorporaron a su día a día. Los dibujos además dan cuenta de la angustia del encierro, de la incertidumbre ante ese enemigo microscópico que representaba el virus, de la necesidad del contacto humano, de la vida que podíamos ver a través de los ventanales, única posibilidad de establecer una comunicación con nuestros vecinos y allegados. Esos breves relatos representan instantáneas que fueron comunes durante la pandemia: los correos electrónicos que llegaban con información abrumadora, los rumores de posibles contagiados, el caos en los supermercados, el temor al contacto humano por el riesgo a la transmisión del virus, las reuniones virtuales, los problemas de conexión y conectividad, la esposa pendiente de una gata callejera, escenas que transcurrieron entre la incertidumbre del futuro y la desazón por el amigo, el familiar o el conocido que falleció en la distancia.
Desde la ventana lo componen una serie de textos breves, precisos y certeros, entre la ficción, la autoficción, la crónica, los apuntes del diario y el microrrelato, que sumado a las gráficas que acompañan la publicación dan cuenta de esos largos minutos suspendidos durante la cuarentena, de esos días que parecían interminables, de esa larga espera, de esos momentos a los que como sociedad tendremos que regresar para reflexionar sobre aquello que nos hace humanos.
Por Diego Alejandro Guerrero
Agencia de Noticias Univalle












