Por Diego Alejandro Guerrero
María Fernanda Ampuero es una periodista ecuatoriana que ha escrito varios libros de cuentos, entre ellos Pelea de gallos y Sacrificios humanos. En 2024 se publicó Visceral, un libro entre ensayos y autoficciones. Ella es reconocida como una de las voces más influyentes en el mundo de las letras contemporáneas.
Esta autora estuvo de visita en Cali, invitada a la programación del Festival de Literatura Oiga, mire, lea, que organiza la Biblioteca Departamental. La Agencia de Noticias Univalle tuvo la oportunidad de dialogar con ella y de tener un acercamiento a su obra.
Agencia de Noticias Univalle: Algunos críticos hablan de un elemento importante y central en tus cuentos. Se habla de la carne, de la herida, de la sangre. Quisiera que habláramos precisamente del lugar que ocupa el cuerpo y particularmente el cuerpo femenino en tu poética literaria.
María Fernanda Ampuero: Mientras me formulabas la pregunta, me ponía a pensar que es extraño que el cuerpo no haya sido un elemento central de la literatura universal, de aquello que Harold Bloom llamó el canon occidental. Creo que esto es una cosa muy de Occidente, blanco, grecorromano. Podría asegurar que en otras culturas, como por ejemplo en India, en su literatura el cuerpo está muy presente. Es que somos cuerpo, pese a lo que pueda decir cualquier filósofo alemán. Quizás ellos no lo son tanto, pero yo estoy aquí en Cali. Cómo no voy a hablar de ser cuerpo, cuando me han dicho que la salsa es poesía, con lo cual es un género literario que se genera con el cuerpo, ya ni siquiera que literariamente habla del cuerpo, sino se toma todas las pretensiones y todas las ideas, las metáforas y va directamente al asunto, al núcleo de la importancia del cuerpo, que es moverlo.
ANU: Y quizás eso lo pudiéramos ligar con algo que se menciona de tu literatura. Y es que incomoda, que duele, que da voz a esos cuerpos que se dan desde las otredades ¿Sientes que escribir es un acto de reparación?
MFA: Es difícil esa pregunta que me haces. ¿Reparación para quién? ¿Reparación, para qué? Yo creo que más bien - curiosamente - es un acto de solidaridad y empatía. Creo que las niñas, adolescentes y mujeres como yo, que no son físicamente ni por forma de ser ni por forma de vida canónicas o normativas, creen que están solas y no. Yo sí que creía que estaba sola, en esa sensación de odiar mi cuerpo, de sentir que me cambiaría por cualquiera. I’m a monster… la cita de Creep que, ya cancelamos a Radiohead entonces ya no podemos citarla. Yo era una persona que sufría, que era de la Facultad de Literatura, decía que era una creepy. Creo que no hay nada más horrible que sentir que eres una creepy y que estás sola, cuando somos un montón.
ANU: ¿Usted cómo hace para que en su literatura se plasme esa violencia, pero sin que se pierda la belleza en el lenguaje?
MFA: Bueno, esa es una parte que para mí siempre es difícil de responder, porque no me gusta mucho alabarme o ser como un señor blanco español, hablar de mi literatura y mi poética, y lo que hago, qué maravilla, me merezco esto... no me gusta hacer eso. Me gusta cuando tengo una oportunidad de hablar justamente de los y las marginales y de justo lo que tú decías de la violencia.
Si hay un trabajo duro en la literatura, es ese, el de buscar que cada palabra se convierta en bálsamo para ese horror que estoy contando. Es muy, muy difícil. Esa es mi búsqueda: decir una verdad dolorosísima de una forma bella. En eso se me va a ir la vida.
ANU: En Pelea de Gallos vemos una violencia íntima, cotidiana como territorio de exploración. ¿Qué la llevó a fijar su mirada como autora en esos espacios domésticos donde la crueldad muchas veces es silenciada’
MFA: Precisamente por eso, porque es silenciada. Creo que ya probablemente hay más libros sobre la guerra que sobre la violencia doméstica. No tengo los números pero, mirando la historia de la literatura, los libros icónicos no La Ilíada, Guerra y Paz, Por quién doblan las campanas… Y sin embargo, ¿cuántos de nosotros hemos estado en una guerra y cuántos de nosotros conocemos casos de violencia doméstica de cerca? Eso para mí era una obsesión ¿el material literario qué? ¿tiene que ser extranjero, lejano, epopéyico? ¿Donde los hombres se maten con otros hombres y donde las mujeres sean la razón por la que esos hombres se matan? cuando en verdad, en la vida cotidiana, en la vida de todas, de Latinoamérica y del planeta, hay muy pocos hombres yendo a la guerra y muchos hombres matando mujeres. Entonces, hablemos de esa otra guerra que se desarrolla en un campo pequeñito que es la casa de una familia.
ANU: En Sacrificios humanos da un salto y representa una violencia mucho más imbricada en el ámbito social. ¿Cuál fue esa motivación que la llevó a dar ese salto?
MFA: No están divorciados lo íntimo, lo social y lo público. En un hogar donde la gente sobrevive con menos de un dólar al día, no hay acceso a la salud, ni a la educación, ni a una posibilidad de cambiar de vida. No me refiero a lujos ni a que nos enloquezcamos con el capitalismo, sino me refiero a una vida digna, donde el Estado se asegure de que ninguna persona muera por falta de dinero. Creo que en esos lugares es donde se exacerba la violencia, porque hay un movimiento social que no quiere que esas personas salgan del lugar en el que están y viven. Para mí es importante hablar de eso, de la migración por ejemplo, porque hay un movimiento muy calculado que habla de “destruyo y consumo todos los bienes de un país, lo dejo en los huesos, me llevo el petróleo, me llevo sus bienes, me llevo absolutamente todos los minerales y dejo las montañas descascarada, pero luego no quiero que la gente de ese país venga a mi país”.
ANU: Pasemos ahora a Visceral, uno de tus libros más íntimos. Recuerdo mucho el texto con el que abre el libro, en donde se queja de la sociedad patriarcal que decide sobre los cuerpos de las mujeres y les prohíbe a unas niñas acceder a la interrupción del embarazo, al aborto. Quisiera que hablemos sobre lo que significó asumir esa postura tan personal, tan profunda, tan íntima.
MFA: Creo que es porque tengo edad de tener una hija o un hijo adolescente, y por otro lado, también porque tengo la edad que tenía mi mamá cuando yo era adolescente. El libro surge de cosas que quise que me dijeran y cosas que quisiera yo decirle también a la gente que es “provida” y que le parece una aberración absoluta que haya aborto legal, gratuito y para todas, cuando tenemos en el caso de Ecuador, por ejemplo, uno de los mayores problemas de embarazo infantil. ¿Esto qué significa? Significa que una niña de diez años está embarazada.
Tú no sabes lo que es ser una niña de diez años. Pero yo sí. Y cuando tienes diez años, estás pensando en que ojalá te regalen unos stickers de tu muñequita favorita, pero está gestando un bebé y entonces tu cuerpo se va a destruir, pero tu mente se va a destruir mucho más. Si le pasa a mujeres de 25 o 30 años, imagínate una niña de diez, pero que además está embarazada, no de un noviecito, porque Ecuador es uno de los países donde más incesto hay, y probablemente esa niña está embarazada de un primo.
Imagínate lo enferma que tiene que estar una sociedad para que diga “que esa niña tenga el hijo”, pero si yo como mujer soltera quiero adoptar ese hijo no puedo. Esa criatura va a pasar años dependiendo del gobierno, creciendo sin amor, porque el aborto no es legal en nuestros países. ¿Entonces cómo no me voy a enfurecer? Me dan ganas de gritarle a alguien a la cara y mostrarle a una niñita cuya barriga pesa tanto como ella misma. Decirle “¿Y si fuera su hija o su nieta, que tiene diez años y está embarazada?” Cómo es posible que me digan que eso no es legal, que esa criatura tenga una vida normal, que crezca, sea profesional, estudie, haga lo que quiera, que sea deportista, científica, que haga uñas, que haga lo que le dé la gana. Pero no puede ser mamá una niña. Entonces sí, me enfurezco y sí, me pongo vehemente.
ANU: Y es precisamente esa postura que asume al escribir, esa ira, esa rabia, es el sentimiento que atraviesa muchos de sus textos.
MFA: Sí, claro, he usado esa rabia, pero he llegado a la conclusión es que es una rabia que no tiene que ver con la violencia y con el asesinar al otro. Yo no quiero que la gente de derecha, o que está en contra del aborto muera. Lo que quiero es que las niñas tengan una oportunidad de tener una vida como la tuve yo. Creo que esa rabia viene del amor. Es una rabia que viene de la ternura, no de la ira, no de la violencia. Yo no llamo a la violencia, yo llamo a la compasión. Por Dios santo, tiene diez años, tiene 11 años, No puede llevar a término un embarazo, No puede ser mamá, no puede.
ANU: Al leer autoras como Mariana Enríquez, Liliana Collancy, Samanta Schweblin, Brenda Navarro, eh, la misma María Fernanda Ampuero ¿Qué se está dando en Latinoamérica o en estas autoras que han crecido en Latinoamérica, que les llama tanto la atención el horror, el terror en sus diferentes facetas y formulaciones y que nos llevan a pensar que la literatura de terror que se está produciendo aquí es de talla internacional.
MFA: Nosotras no somos las primeras que escriben terror. Hay una historia de mujeres a lo largo y ancho del mundo que escribieron terror, desde Amparo Dávila en México, Shirley Jackson en Estados Unidos, las hermanas Brontë en Inglaterra, o las Ocampo en Argentina. Creo que todas coincidimos en decir que no hemos inaugurado nada, que en realidad lo único que pasa es que el foco se lo ponían a un señor. Si esta conversación hubiese pasado hace diez o quince años aquí estaría un señor blanco, ecuatoriano, de la capital, hablando sobre su poética. Lo mismo sería un señor argentino, gringo, colombiano o peruano, sentados aquí hablando sobre sus libros. El foco se lo ponían a ellos y nosotras estábamos allá atrás. Incluso a veces, como en el caso de Elena Garro, siendo la señora de... Es el foco, no somos nosotras.












