Para Alejandro Martín Maldonado, director creativo del Festival Internacional de Cine de Cali - FICCali, “los festivales no son solo una temporada de exhibición, sino que atienden todos los momentos de la creación cinematográfica”.
Conversamos con él sobre el rol del FICCali como dinamizador de la cultura audiovisual en una ciudad que históricamente se ha destacado en la producción y apreciación del séptimo arte. Además, Martín se refirió a la relación reciente del cine caleño con otras expresiones artísticas.
Alejandro Martín es filósofo, matemático e investigador en arte, cine y cultura. Ha sido docente universitario y por más de veinte años fue editor de revistas de arte de Colombia, Brasil, Francia y Estados Unidos. También se desempeñó como curador del Museo La Tertulia y participó activamente en la recuperación de su cinemateca. Desde el 2015 está vinculado al FICCali; inició coordinando la programación académica y el programa de cine expandido y ahora, como director creativo, está a cargo de la curaduría.
Actualmente, es estudiante de la Maestría en Culturas Audiovisuales en la escuela que su padre, el reconocido teórico de la comunicación Jesús Martín Barbero, fundó y dirigió en Cali: la de Comunicación Social de Univalle.
Cali cuenta con una reconocida tradición en la producción y apreciación cinematográfica, ¿Cuál ha sido el papel del FICCali para sostener o transformar esa tradición?
El festival se entroncó de forma natural con la historia del cine en Cali. Inició liderado por Luis Ospina, quien conectó con los cineastas caleños que hacían parte de la generación del Grupo de Cali: Andrés Caicedo, Ramiro Arbeláez y Carlos Mayolo, entre otros que se quedaron dando clases en Univalle, como el mismo Ramiro. Luis abandonó la ciudad, pero volvió a comienzos de los 2000 para crear el festival y desde entonces este se convirtió en una pieza fundamental dentro del ecosistema del cine caleño, tanto como un espacio para que los cineastas muestren sus producciones, como para que se formen.
Las generaciones de cineastas caleños han estado marcadas por estos distintos momentos. La Cinemateca de Univalle, que durante un largo periodo fue liderada por Rodrigo Vidal, inspiró a mucha gente. Así mismo sucedió con el cineclub de Lugar a dudas. Después el festival permitió que los realizadores de Cali se alimentaran de diversas formas de hacer cine.
Desde su comienzo hasta la versión número 16, el FICCali creció con fuerza. El salón de productores y proyectos cinematográficos, liderado por Alina Hleap es un mercado para las producciones desde el que un buen número de realizaciones de la ciudad se han dinamizado y potenciado.
Entre sus propósitos, los festivales tienen la misión de formar públicos. ¿Cuál es la estrategia del FICCali para llegar a diversos públicos y no convertirse en un evento exclusivo de los cinéfilos?
El festival se propone dinamizar la cultura audiovisual en la ciudad de distintas maneras, por eso la programación incluye las exhibiciones en salas de cine, cinematecas y el programa Cine Sin Límites que, en alianza con colectivos, grupos y colegios proyecta películas según los intereses de las colectividades.
Igualmente, se han incluido programas relacionados con música o videoclips. Este año nos propusimos trabajar con grupos de Buenaventura, donde hay una industria audiovisual increíble que no viene de la academia y tiene otros referentes.
¿Cómo colabora el FICCali con el circuito de la industria audiovisual de la ciudad?
Los festivales no son solo una temporada de exhibición, sino que atienden todos los momentos de la creación cinematográfica. El festival ofrece un laboratorio de guion con el colectivo caleño Algo en común, quienes han desarrollado una infraestructura para acompañar en distintas etapas a las personas que quieren realizar películas y así ayudar a impulsarlas. Es interesante ver que como instituciones como SAP Cine o Algo en común han crecido en paralelo al festival.
Recuadro Este año el FICC tuvo programación gratuita en la Cinemateca de la Universidad del Valle
¿Cómo se relaciona el festival con otras iniciativas alternativas en la ciudad y otros festivales más pequeños de nuestra región?
El año pasado hicimos un encuentro de cineclubes y festivales en el que se elaboró un mapa de lo que está pasando con dichos espacios y resultaron algunas alianzas. Estamos armando un grupo grande para promover el cine en la ciudad durante todo el año y no solo en el periodo específico del festival. Muestra de ello es que una película del Festival de Cine Ambiental se puede proyectar en el FICCali y después pasar por los distintos cineclubes.
¿Cómo es el proceso de selección de las películas?
Revisamos una gran número de películas: algunas que han tenido éxito en otros festivales y otras que son interesantes e identificamos como potencialmente destacadas, teniendo en cuenta que nos interesa atender a distintos públicos. Además, hay un interés, marcado por el espíritu de Luis Ospina y de la Escuela de Comunicación Social de Univalle, en resaltar las relaciones entre la ficción y el documental. Esta perspectiva ha marcado el cine latinoamericano.
Las películas las escogemos en un comité del que hacen parte: Diana Cadavid, que ahora es curadora en el Festival de Cine de Toronto y en el de Cine Latino de Los Ángeles; con María Luna, que ha trabajado como curadora y organizadora de la Muestra Internacional Documental de Bogotá —MIDBO; Sergio Wolf, que fue director artístico del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente —BAFICI y con Gerylee Polanco, directora ejecutiva de nuestro festival.
¿Cuáles son los temas que la curaduría del FICCali busca destacar?
Buscamos películas que lleguen a un público más amplio o que aborden temas que deben ser discutidos. Por ejemplo, cómo los cineastas de Palestina podrían darnos luces sobre lo que está pasando en su país.
Asimismo, tenemos un interés fuerte en entender las líneas del cine afro y las relaciones del cine africano con los distintos países de la diáspora, que cada vez son más visibles. Es importante proyectar estas producciones porque somos una ciudad con una población afro grande.
Finalmente, también trabajamos con el laboratorio Killary, dirigido por Gerylee Polanco, relación que nos ha llevado a incorporar la paridad de género. Este año, 50, de un total de 124 películas, son realizadas por mujeres.
119 proyecciones
201 películas
20 películas con enfoque étnico
12 proyecciones para público infantil y juvenil
10 proyecciones de películas animados
35 espacios de proyección.
¿Cuáles son las propuestas del FICCali para incentivar las relaciones del cine con las otras artes?
Estamos pensando en cómo incentivar el interés por la animación, que cada vez es mayor. Esa es una línea donde hay mucha experimentación y está dirigida a un público más amplio que el infantil.
Esto enlaza con una iniciativa de ciudad: Cali hace parte de un grupo de ciudades creativas conformado por la UNESCO, en la categoría de media arts y dentro de ese posicionamiento la animación ocupa un lugar muy importante.
Del mismo modo, incorporamos otras formas de experimentación audiovisual que no son exclusivas para las pantallas de cine, como las video instalaciones o piezas diseñadas para teléfonos. Esta línea, en la que estamos iniciando, además está relacionada con mi experiencia de colaboración con el festival, que ha sido en las relaciones del cine con las artes plásticas.
Invitamos a todas las personas a apoyar y apreciar el cine independiente asistiendo a la Cinemateca de Univalle, que contó con parte de la programación del XVI Festival Internacional de Cine de Cali, así como a los cineclubes y otros espacios de exhibición en la ciudad. Nos vemos en el próximo FICCali.
Por: Yizeth Bonilla y Laura Parra
Agencia de Noticias Univalle












