Como parte del ciclo de conferencias Realismo Atroz, la Universidad del Valle presentó la charla titulada "La novela familiar de la Violencia en Colombia”, realizada por el profesor de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas Alberto Valencia. El encuentro se realizó el pasado miércoles 1 de noviembre en el auditorio Ángel Zapata.
En su exposición, el profesor Valencia no sólo exploró las raíces y motivaciones de la violencia bipartidista en Colombia sino que, más allá de las explicaciones tradicionales, enmarcadas como un resultado de la lucha de clases, problemáticas agrarias o la ausencia estatal,, se sumergió en el estudio de la violencia en sí misma, desde perspectivas tanto sociológicas como psicoanalíticas.
El profesor planteó cuestionamientos fundamentales, como el dilema sobre los individuos que en otros aspectos de sus vidas eran trabajadores, amigables y en general, buenas personas, se vieron capaces de cometer las atrocidades más horribles durante la violencia bipartidista. Asimismo, indagó en la diferencia entre el comportamiento individual y el comportamiento en masa.
Antes de abordar su análisis sobre la violencia, el profesor Valencia estableció que la agresividad y la violencia son intrínsecas al ser humano; un concepto respaldado por las observaciones de Freud sobre las narrativas de los pueblos aborígenes y las brutalidades perpetradas por los europeos durante la Primera Guerra Mundial. En palabras del profesor Valencia: "En términos más simples, la agresividad precede al hombre en la primacía de su existencia".
Además, el profesor se apoyó en valiosos aportes del psicoanálisis, como la noción del inconsciente y la existencia de una realidad psíquica que difiere de la realidad material objetiva que todos conocemos, así como la distinción entre lo que se considera normal y la patología.
La violencia bipartidista se gestó en el año 1946 y alcanzó su clímax entre 1949 y 1953. Este episodio oscuro de la historia colombiana se caracterizó por enfrentamientos generalizados en la mayor parte del país -con excepción de la costa norte y Nariño-, en nombre de los partidos políticos liberal y conservador.
Una de las premisas fundamentales de su análisis se centró en que la Violencia no puede ser reducida a una típica guerra civil. A diferencia de un conflicto con bandos claramente definidos y un final con un vencedor y un vencido, la violencia de los años 50 se presenta como un fenómeno desorganizado, arraigado en una multitud de intereses. Además, no existe un interés central que motive el conflicto, sino que este varía de una localidad a otra, por lo que involucra a una multiplicidad de actores: desde comunidades indígenas hasta industriales y comerciantes.
Otro aspecto relevante es que, a diferencia de una guerra civil tradicional, no existe un relato colectivo que otorgue significado a los eventos, al no haber un claro vencedor ni vencido. La violencia emerge como una entidad colectiva, una pasión que conecta a las personas, pero también como una fuerza anónima que tiende a excluir.
El profesor Valencia destacó el entendimiento del crimen atroz como una característica fundamental para comprender esta violencia. A través de la exposición fotográfica “Realismo Atroz” en la biblioteca Mario Carvajal, el docente presenta una tipificación de los crímenes cometidos durante este período. Estos actos van desde el descuartizamiento del cuerpo hasta crímenes sexuales de una brutalidad inimaginable, destinados a eliminar la posibilidad de procreación y aterrorizar a la población.
A partir de ese ejercicio, el profesor consideró esencial reflexionar sobre la naturaleza de estos crímenes: ¿por qué la necesidad de desmembrar y prolongar el sufrimiento del adversario? ¿Qué motivaciones subyacen a tales atrocidades? Además, la violencia también se caracteriza por ir acompañada de un lenguaje de insultos y amenazas con el fin de crear un espacio psicológico para el crimen. Este comportamiento aún persiste en actos de sicariato y otros crímenes.
El profesor Valencia también destacó el fenómeno del desdoblamiento de comportamientos, donde individuos aparentemente inofensivos y respetables se transforman en criminales despiadados de un día para otro, sin una continuidad aparente en sus acciones.
Además de las anteriores características de la violencia, el profesor resaltó la horizontalidad de la lucha. Las élites políticas colombianas promovieron la violencia en los años 1946-1949, sin percibir que esto reverberaría en los escenarios locales, donde el campesino se convirtió en el agente de su propia violencia.
Valencia identificó dinámicas distintas a nivel nacional, local y regional que operan de maneras diversas. Adicionalmente, subrayó el componente religioso que permeó la cultura de la violencia, así como la intención de convertir el crimen en un espectáculo, donde se utilizaron los cadáveres como medio de comunicación y propaganda.
Para profundizar en las razones de la violencia atroz, el profesor Alberto Valencia desveló una perspectiva en torno a la influencia de los partidos políticos en la construcción de la identidad colombiana. A menudo, se argumentó que los partidos conservadores y liberales eran un pretexto, mientras los verdaderos intereses subyacían en la contienda política. Sin embargo, el profesor Valencia entendió la oposición partidista como una subcultura con dinámicas y lógicas propias, independientes de factores económicos, sociales o políticos.
Los partidos políticos han mantenido una continuidad histórica significativa desde el siglo XIX y no se desvanecieron a finales del siglo XX. Surgieron con marcadas diferencias en cuestiones religiosas y de federalismo versus centralismo. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XIX, las creencias religiosas pasaron a segundo plano al convertirse en rasgos comunes a ambos partidos.
El profesor Valencia identificó a los partidos como una subcultura autónoma, con una vida propia que incluso influye en prácticas cotidianas; es decir, eran elementos fundamentales en la construcción de identidades en Colombia, y no solo a nivel regional, sino también como una proyección ampliada de un modelo familiar arraigado en la socialización primaria.
Esta intersección entre la dimensión psíquica y social fue donde el Profesor Valencia aportó una nueva perspectiva al argumentar que la conformación de identidades políticas estuvo estrechamente vinculada a la socialización primaria, entendida como el proceso en el que un niño aprende a formar identidades fundamentales que le moldearán en el futuro. Este proceso se lleva a cabo en el mismo espacio donde los colombianos aprendieron a ser conservadores o liberales.
El Profesor hizo la distinción de dos dimensiones: la dimensión imaginaria y la dimensión simbólica: la primera relacionada con la formación de una imagen unificada del cuerpo y la inevitable rivalidad primaria entre el yo y el otro. La segunda,enfocada en la adquisición del lenguaje y el nombre, elementos esenciales en la construcción de la identidad.
El cuestionamiento de las identidades políticas en el plano nacional tuvo un impacto significativo en la división partidista en Colombia. Esto repercutió no solo a nivel local, sino también en la conformación de identidades políticas como identidades tribales en las familias y comunidades. En ese sentido, el profesor Valencia enunció que, al constituirse la política como parte de la identidad primaria de un ser humano, estaba dispuesto a recurrir a la violencia para su defensa, tal como haría por sí mismo o su propia familia.
Por otro lado, el docente también ahondó en las premisas que aseguran que la Violencia se originó en la ausencia del Estado. Para el Profesor Valencia, el derrumbe parcial del Estado en Colombia en la primera mitad del siglo XX desencadenó la pérdida gradual de monopolios estatales. Los partidos políticos tomaron el relevo en ausencia del Estado, polarizando a la población en dos bandos.
En resumen, el análisis del Profesor Valencia propone que la violencia en Colombia se origina en condiciones económicas y elementos sociales, pero su núcleo primario surge de la intersección entre dimensiones psíquicas, sociales y religiosas.
Esta perspectiva proporciona una nueva visión del enigma de la violencia de los años 1950, en la búsqueda de un sentido profundo a estos crímenes. El legado de brutalidad y sufrimiento que dejó este período exige una comprensión completa y reflexiva para cesar la repetición de la violencia que vive a diario Colombia.












