Dante fue un visionario que a través de su obra vislumbró los huecos del corazón humano.
Por: Fabio Martínez, profesor de la Escuela de Estudios Literarios y columnista de El Tiempo.
Tomado de El Tiempo.
En el mundo de la cultura occidental ha habido tres grandes escritores cuyas obras no solo han perdurado en el tiempo sino que también, a lo largo de la historia, han contribuido a consolidar la lengua española, la lengua inglesa y la lengua italiana.
Me refiero a Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare y Dante Alighieri.
En el caso del poeta florentino, que en este año cumple setecientos años de su muerte, hay que decir que apenas salió al mercado la Divina comedia, esta fue condenada por sus contemporáneos y considerada como una herejía.
Cuando se inicia el periodo del Renacimiento, y se deja atrás la Edad Media, el poema infernal de Dante se abre paso en el mundo académico y entre los lectores curiosos, hasta el punto de que hoy en día no cabe una tesis o un estudio más en los estantes de las bibliotecas del mundo, y en cada país surgen sociedades secretas compuestas por dantistas.
¿Por qué leer a Dante?
El poema, que está compuesto por 14.200 versos, narra el viaje de Dante al infierno y el purgatorio, acompañado de Virgilio, el poeta latino… El último capítulo está dedicado al paraíso, donde el poeta italiano es ayudado por su amada Beatriz, quien los salva del averno.
La metáfora del infierno es tomada de la cultura judeocristiana que reinaba en la época de Dante. A partir de esta figura infernal, el poeta realiza en su obra un rastreo minucioso sobre la condición humana.
El infierno aquí es tomado como la ciudad del fuego, para parafrasear el título del último libro del dantista y escritor colombiano Édgard Collazos Córdoba, quien acaba de sacar a la luz pública un bello y exquisito libro sobre la Divina comedia.
Me refiero a su libro Por la ciudad del fuego, editado por la Universidad del Valle.
Para Collazos, Dante quiso representar la ciudad de su época como aquel espacio hórrido y cruel compuesto por nueve círculos, y a donde van los ladrones, los violentos, los glotones, los envidiosos y los malversadores del erario público.
Collazos, quien curiosamente vivió por muchos años en el paraíso de la isla de Providencia, realiza, a su vez, un viaje hermenéutico por el libro, para finalmente concluir que la metáfora del infierno –según la Iglesia católica era comparable a un embudo puesto al revés– se desplazó al mundo de los humanos, hasta convertir a nuestras ciudades en verdaderos infiernos sembrados de autos y asfalto, donde conviven en un solo aquelarre los corruptos y los violentos.
En el capítulo dedicado al purgatorio, que según el papa ya no existe, habitan los héroes literarios como Homero, Horacio, Ovidio y Lucano. A la espera de que el padre celestial les dé una segunda oportunidad en el cielo.
Dante cierra su extraordinario poema con el paraíso, a donde es conducido por su amada Beatriz, que, en medio del horror y la crueldad que se vive en el Malebolge, es la única representación bella y prístina del poema.
Como Cervantes y Shakespeare, Dante fue un visionario que a través de su obra vislumbró los huecos negros de los que está hecho el corazón humano.












