Compartimos el prólogo escrito por Carlos Caballero Argáez en libro Testigo de Excepción, del empresario y escritor Alfredo Carvajal.
Conocí a Alfredo Carvajal hace más de treinta años y hemos mantenido una relación de amistad a la distancia entre Cali y Bogotá que me honra inmensamente.
Si en dos palabras pudiera describirse a Alfredo Carvajal, diría que es un magnífico ser humano, una maravillosa persona, como queda en absoluta evidencia en este libro que recorre a través de sus páginas su trayectoria vital de una manera sencilla, fácil, austera en la palabra, pero completa en los detalles de una existencia bien vivida, que se acerca ya a los noventa años.
Un libro que refleja con acierto su personalidad, sus intereses profesionales, su vocación de servicio a la comunidad siempre por encima de cualquier beneficio propio, su contribución a la empresa que lo vio nacer, el arraigo de sus valores personales y familiares. Un libro, en fin, lleno de vivencias y lecciones para las nuevas generaciones de su familia, para los colaboradores de Carvajal y Cía., para los caleños y para los colombianos jóvenes y ya no tan jóvenes.
La familia y la educación: asuntos fundamentales
Son muchas y de muy diversa índole las reflexiones que se desprenden de la lectura de este libro. Difícil asignarles un orden de prioridades. Sin embargo, quiero resaltar la importancia que Alfredo otorga a la familia, lo cual, creo, explica en gran parte la supervivencia de Carvajal y Cía., como una empresa familiar de 120 años, con más de doscientos miembros de la familia, hoy en día, como accionistas. Un capítulo del libro transcribe los valores familiares, lista que se inicia con la “unión familiar” e incluye la espiritualidad, la responsabilidad social, la creatividad, la integridad, el desarrollo personal, la sencillez el respeto y la confianza. Razón de más para comprender que la familia Carvajal es ejemplar en Colombia y que en tiempos tan convulsionados como el presente muchas familias debieran volcar sus miradas hacia la familia Carvajal, su unidad y su solidaridad.
Desde las primeras páginas del libro, cuando recuerda su paso por el Colegio Berchmans en Cali, Alfredo escribe que “la moral, los principios y los valores se adquieren con el ejemplo” y que, por lo tanto, “la familia cercana, padres, hermanos, abuelos, tíos y primos ejercieron en mí una inmensa influencia”. Y añade que “la educación desempeña papel importante” por lo cual agradece a sus profesores los conocimientos y la formación que recibió de ellos.
El énfasis en la educación emerge con poderosa fuerza a lo largo del libro. Se refiere a la fundación de la Universidad del Valle y recuerda al “autodidacta visionario” que la promovió a quien además nombró, cuando desempeñaba la Alcaldía de Cali en los años setenta y daba especial atención a la educación, como rector del Colegio Antonio José Camacho.
En una sección posterior relata la creación en 1966 de la Maestría en Administración en la Universidad del Valle con la colaboración de los profesores del Instituto de Tecnología de la Universidad de Georgia. Este programa fue pionero en Colombia, antecedió a los de las universidades de Bogotá y de Medellín. Don Manuel Carvajal Sinisterra, hermano de mayor de Alfredo, en ese momento presidente de Carvajal y Cía., fue uno de sus promotores, convencido de la necesidad de introducir la gerencia científica en el manejo de las empresas del Valle y de Colombia. Alfredo recuerda que Manuel le insistió en inscribirse en la Maestría, a pesar de su relativa juventud: tenía 30 años.
De la Dirección de Gestión Humana a la Presidencia de Carvajal y Cía. en 40 años.
Después de concluir sus estudios universitarios en la Facultad de ministración en la Universidad de Pensilvania con una concentración en Economía, Alfredo Carvajal regresó al país y comenzó a trabajar en Carvajal y Cía. Su primera responsabilidad fue la de organizar la Dirección de Gestión Humana en la empresa.
Una de las realizaciones de esta primera etapa de Alfredo en Carvajal fue crear un seguro de salud, equivalente a un programa de medicina prepagada en la actualidad. Se llamó ‘Servimedico’ y fue contratado con la Clínica de Occidente. Básicamente se descontaba un porcentaje del salario de los empleados para cubrir los costos de los servicios y Carvajal asumía un subsidio cuando estos superaban las cotizaciones de los afiliados. Por algo más de treinta años Carvajal se anticipó a la Ley 100 de 1994 que reformó el sistema de salud en Colombia y vino a servir de ejemplo a Coomeva para diseñar su Empresa Prestadora de Salud, EPS.
De la misma manera, Carvajal se adelantó a los tiempos al establecer el subsidio familiar, el pago de una suma por hijo de los colaboradores de la compañía mediante la creación de un fondo al cual aportaban los trabajadores con hijos y la misma empresa. Al conformarse las cajas de compensación, Carvajal se afilió a Comfandi, que se comprometió a pagar un subsidio mayor a los empleados de Carvajal que a los de otras empresas debido a que el promedio aportado por Carvajal era más alto que el otorgado por Comfandi.
Estas experiencias de Carvajal y Cía. en el manejo de sus colaboradores no son conocidos por quienes han escrito la historia de la empresa. Es significativo, por tanto, que Alfredo las traiga a cuento en su libro. Como él mismo lo anota, Carvajal recibió críticas de algunos empresarios por considerarlas paternalistas y poner en riesgo la viabilidad de las empresas. Sin embargo, en su opinión, “el establecimiento del subsidio y del seguro médico fue novedoso y oportuno”.
La contribución de Alfredo a Carvajal y Cía. a lo largo de los años fue trascendental en muchos aspectos, Uno de estos fue la de las exportaciones porque también fue responsable de las ventas al exterior de Carvajal y Cía. Cuenta, entonces, en uno de los capítulos del libro el episodio de la exportación de libros animados, tridimensionales, que condujo a que Carvajal y Cía. alcanzara el 70% de participación en el mercado mundial de estos libros - los llamados ‘pop-up books’ - que la posicionó internacionalmente en el renglón de la impresión y generó en Colombia tres mil empleos. Infortunadamente la competencia de Singapur y Malasia, con costos más bajos que los nuestros, condujo al fin de este negocio en Carvajal y Cía.
Así como Alfredo Carvajal inició su vida profesional en Carvajal y Cía., la terminó en la presidencia de la compañía en la primera década del siglo XXI. Una época turbulenta para las empresas de Carvajal por la irrupción de nuevas tecnologías que trajeron consigo la desaparición de negocios como la fabricación de directorios telefónicos y de formas continuas, que representaban un porcentaje sustancial de los ingresos de la Organización. Carvajal y Cía., entonces, “se vio forzada a focalizarse en poco tiempo en negocios más productivos y a sacrificar su diversificación, vendiendo empresas atractivas”.
El esfuerzo de Alfredo en la presidencia de Carvajal - que aceptó con la condición de que no se prolongara por más de seis años debido a su edad - fue construir “la institucionalidad de una sociedad sólida y resistente a las fragilidades de una empresa familiar. La familia era ya numerosa y tendía a multiplicar sus accionistas de manera acelerada, por lo cual se requería dotarla de una gobernabilidad que le garantizara la subsistencia teniendo en cuenta los riesgos inherentes a su carácter”. Alfredo cumplió su período y fue sucesivamente reemplazado por dos ejecutivos ajenos a la familia.
En la actualidad Pedro Felipe Carvajal preside Carvajal y Cía. Un miembro de la quinta generación de la familia con la formación, la experiencia y todas las credenciales para desempeñarse con éxito al frente de la Organización. Así lo demostró al cumplir ésta 120 años en noviembre de 2024. Carvajal había iniciado una nueva y promisoria etapa de su existencia después de un ajuste profundo en sus negocios y en sus estrategias. Del recorte drástico de los costos administrativos y la venta de compañías tradicionales de Carvajal y Cía., muy apreciados por la familia y por los colombianos.
La Alcaldía de Cali
La dedicación de Alfredo Carvajal a la empresa familiar no fue, sin embargo, continúa en el tiempo. Su vocación de servicio público lo condujo al trabajo por su ciudad, en la cual dejó una huella profunda.
Alfredo fue llamado en 1973 a servir a Cali. Fue nombrado Director de Valorización, en donde apostó a la modernización de la infraestructura de transporte de la ciudad. Su experiencia y el aprendizaje de la gerencia pública, lo impulsaron para que un año después, en 1974, el gobernador del Departamento del Valle del Cauca lo designara Alcalde de Cali, que desempeñaría hasta el segundo semestre de 1976.
Alfredo armó un muy buen equipo de gobierno con total autonomía de los jefes políticos quienes, a su turno, aprobaron sus nombramientos. Dió énfasis especial a la educación, mejoró sustancialmente la calidad de las sedes escolares y se preocupó por la construcción de unidades deportivas en la ciudad. Amplió las obras por valorización extendiéndolas a los barrios populares para lo cual personas de bajos ingresos pagaron la contribución y se beneficiaron de la construcción y la pavimentación de las vías. Para Alfredo era mejor orientar los subsidios a facilitar el acceso a la educación más que a otros propósitos urbanos y, de ninguna manera, a “desestimular el deseo de superación que conduce a la movilidad social, indispensable para la convivencia y la justicia”. Mantuvo un diálogo permanente con la comunidad; dedicó los sábados a visitar los barrios aislados del centro de la ciudad para conversar con las gentes, escuchar sus inquietudes y buscar soluciones a sus problemas.
El paso por la Alcaldía de Cali fue el cargo que más satisfacción aportó a su vida profesional. Fue para él, “inmensa la oportunidad de trabajar por el bienestar de mis conciudadanos, procurando cumplir hasta el límite de mis capacidades”.
Traslado a Bogotá. La presidencia de Ecopetrol
No recordaba que en 1982 el presidente Belisario Betancur designó a Alfredo Carvajal representante del sector privado en las conversaciones de paz con las FARC. En tal calidad estuvo presente en Casa Verde, el refugio de las FARC, en el Departamento del Meta, en el lanzamiento de la Unión Patriótica junto con Nicanor Restrepo Santamaria y el general Gerardo Ayerbe Chaux. Allí conoció a Manuel Marulanda, a Raul Reyes y a Alfonso Cano.
Más importante fue el nombramiento del que fue objeto en 1985, también por parte del presidente Betancur, para que presidiera Ecopetrol, un desafío que consideró como muy importante en su carrera profesional.
Llegó a Ecopetrol en un momento clave. Hacía dos años se había descubierto el yacimiento de Caño Limón en Arauca bajo un contrato de asociación firmado entre Occidental Petroleum Corporation , OXY, y Ecopetrol. Un hallazgo que, de traducirse rápidamente en la exportación del crudo, le permitiría a Colombia recuperar la autosuficiencia en materia de petróleo, perdida en 1976, por lo cual el país había tenido que destinar ingentes recursos en moneda extranjera a la importación de petróleo. Le correspondió a Alfredo como presidente de Ecopetrol decidir y avanzar en la construcción del oleoducto Caño Limón- Coveñas para transportar el crudo, lo mismo que un puerto flotante en el mar para embarcarlo hacia el exterior. Así se hizo con gran éxito. En 1986 el país estaba exportando petróleo nuevamente.
Alfredo se convirtió, entonces, en un experto en materia de hidrocarburos continuando el legado de su hermano Manuel, quien como ministro había tenido el encargo, en 1951, de recibir de la Tropical Oil Company (filial de la Standard Oil en los Estados Unidos) la Concesión de Mares, a nombre de la recién fundada Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol.
En 2008, después de la oportuna separación de Ecopetrol como compañía de petróleos en sana competencia con extranjeras y nacionales, y la Agencia Nacional de Hidrocarburos, ANH, Alfredo fue designado miembro de la junta directiva de Ecopetrol, ahora independiente fiscalmente del gobierno y con accionistas privados en 10.5% de su capital. Lo fue también por cuatro años de la junta de la ANH. En la primera mitad de la segunda década del siglo el país experimentó una notable bonanza petrolera que llevo la producción a un pico temporal de 1,0 millón de barriles diarios en 2013.
Testigo de excepción
Alfredo Carvajal fue, sin duda, un testigo de excepción de la historia de la segunda mitad del siglo XX y del primer cuarto del siglo del XXI. Estudiaba en el colegio en Cali durante la Segunda Guerra Mundial y desde ese entonces comenzó a entender los impactos de los eventos globales sobre la empresa de su familia y a interesarse por lo que sucedía más allá de las fronteras nacionales. Lo mismo que por los hechos de la política colombiana, como el 9 de abril de 1948, que marcarían el devenir colombiano con sus manifestaciones futuras de violencia partidista y guerrillera.
Reconoce, entonces, que la cadena de sucesos mundiales y nacionales, “influyeron profundamente en la vida social y económica de los ciudadanos de la época, que incidieron en los acontecimientos posteriores, no pocos posiblemente tendrán consecuencias en el futuro más lejano”. Y nos deja conocer sus opiniones sobre el acontecer del presente afirmando que las políticas del presidente Donald Trump en Estados Unidos van en contra de la corriente y en contravía de la historia.
Fue testigo personal de las dos tragedias que signaron, en una semana, el año de 1986 en Colombia: la toma del Palacio de Justicia por el M-19 y de la avalancha que sepultó la población de Armero. Estando de presidente de Ecopetrol, acompañó al presidente Betancur a sobrevolar el escenario de la tragedia en vista de que se había interrumpido el suministro de combustible al occidente del país. Escribe al respecto: “la vista desde el aire era dramática: solo se veía parte de la torre de la iglesia y uno que otro techo en la periferia. El resto era un mar de lodo y se veían grupos de personas en las colinas”. A solicitud del presidente Betancur regresó a Armero a la semana siguiente, ya reparado el oleducto, para conocer las necesidades de los sobrevivientes y prestar la ayuda que se requiriera. Concluye su relato elogiando la “entereza y la serenidad” del presidente.
Reflexiones
Aunque a lo largo del texto el lector percibe las grandes preocupaciones de Alfredo Carvajal con respecto a muy variados temas de interés nacional e internacional, el libro termina con una sección de reflexiones en donde trata asuntos de la coyuntura referidos, por ejemplo, al sesgo ideológico del presidente Petro en su empeño de destruir y estatizar más que de construir, como ha ocurrido en el caso del sistema de salud. Hace un llamado al pragmatismo, a abrir la mente para encontrar las soluciones más convenientes a los problemas del país, “aceptando que las alianzas con el sector privado son válidas en el propósito de alcanzar el bienestar de los ciudadanos”.
Son reflexiones muy valiosas en este momento de la historia colombiana que estoy seguro, para Alfredo y buena parte de sus amigos, está en absoluta contravía con la trayectoria recorrida por el país en los últimos noventa años, a pesar de los múltiples problemas que se enfrentaron y superaron a lo largo de esos años.
Pero quiero referirme para cerrar este ya largo prólogo a una obsesión de Alfredo que yo he llegado a compartir en los últimos tiempos a pesar de vivir en Bogotá. Al hecho de que en Colombia “hay más territorio que Estado” lo cual ha conducido a una falta de presencia del Estado en toda la geografía nacional con consecuencias dramáticas sobre la pobreza y la desigualdad. Así lo manifiesta Alfredo en las páginas finales del libro al afirmar que “no es casualidad que la guerrilla después de fracasar en el asedio a las ciudades más importantes del país se haya replegado a las regiones más abandonadas por el Gobierno Nacional. Allí se concentra la carencia absoluta de oportunidades de progreso personal, el mejor caldo de cultivo para la subversión”.
De ahí su desesperación con el centralismo, con el hecho de que todos los poderes del Estado se concentren en Bogotá, y a las empresas les convenga localizarse cerca de las autoridades, ampliándose las brechas entre quienes habitan en el centro y en el resto del país.
A estas alturas de mi propia existencia pienso que, en el futuro, ojalá no muy lejano, pero cuando primen de nuevo la sensatez política, económica y técnica, Colombia deberá proceder a una reorganización territorial y administrativa profunda, que responda a las dramáticas inequidades creadas por la historia.
Es que, en Colombia, la colonización del territorio se llevó a cabo desde el centro hacia la periferia y no de la periferia hacia el centro, como ocurrió en el resto de los países de América Latina. La Nación, entonces, como lo afirmó don Miguel Samper en el siglo XIX, ‘quedó contrahecha’. No fuimos capaces de corregir ese defecto de nacimiento a lo largo de los años sino, por el contrario, exacerbarlo.
Así las cosas, el mejor homenaje que podría hacerse a don Alfredo Carvajal en el futuro sería escuchar su grito contra el centralismo y contra la enorme inequidad social y territorial al cual ha dado lugar.
Carlos Caballero Argáez
Abril de 2025












