Arte y Cultura

¿Vos sos valluno? Sí, pero también soy vallecaucano oís

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Jueves, 03 Octubre 2019
Agencia de Noticias Univalle

La profesora del Departamento de Historia de la Universidad del Valle, Isabel Cristina Bermúdez, presentó una ponencia en el acto oficial de conmemoración de la Batalla de San Juanito, realizado en Buga.

A continuación presentamos un resumen de la ponencia presentada por la docente, sobre identidad cultural.  

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Isabel Cristina Bermúdez, profesora titular, Univalle

Hoy, hablar de identidad cultural de una región o de una nación es más fácil que hace diez años, porque los aspectos que históricamente la habían definido y caracterizado se han transversado con aspectos de directa influencia política y, en ese camino, su capitalización cada vez borra las fronteras que durante mucho tiempo habían hecho de la cultura un campo sacro del espíritu creativo y sublime. 

El campo cultural antes desdeñado por el Estado y sus gobiernos, interceptó el campo cultural como un sector de desarrollo económico y como un discurso político más del argot electoral. Ello no es del todo negativo porque la inspiración humana siempre será móvil de inspiración, creación y recreación, y la Identidad cultural en su dinamismo y performance garantiza que, en medio de toda esa industria cultural, Mnemósine la diosa de la memoria, cumpla su tarea inspiradora.

Historia e identidad conforman una dinámica inseparable de autoconstrucción y auto referenciación, en contraste convergen en ese espacio que llamamos cultura todas aquellas manifestaciones estéticas, costumbres y ocupaciones de los sujetos y los pueblos. 

La identidad vallecaucana ha sido igual de dinámica que su devenir histórico, proviene de procesos surgidos en la vida cotidiana misma y detecto cinco momentos en los que se juntan personas, convivencias y tensiones que nos permite cierta cohesión e identificación.

1° El primer momento se ubica en el proceso de hibridación biológica e interculturalidad coloniales, de los siglos XVI a XVIII, en los cuales la Gobernación de Popayán conforma una unidad político administrativa de distintas orografías, componentes étnicos y vocaciones económicas, con muy pocas conexiones internas que en la larga duración no facilitaron una unidad identidataria, más si una rivalidad interna entre jerarquías de villas, pueblos y ciudades y sus pequeñas elites. 

En contraste, el pueblo llano, los estamentos populares de libres de todos los colores con más del 76% de la población y el concurso de la mestización biológica y cultural que se daba en los espacios cotidianos, es la que va conformando lazos lugareños que generan proyectos de vida comunes, unión en coyunturas difíciles y de festejo y se forman culturas locales que defenderán sus intereses en coyunturas como las de independencia.

2° El segundo momento se ubica en el Proyecto Político de las Ciudades Amigas “Confederadas” del Valle (1811-1815) que es un proyecto cohesionador, identitario que se origina en el contexto de los movimientos juntistas de 1810, cuando las elites de las ciudades del valle geográfico del rio Cauca: Cartago, Toro, Anserma, Buga, Cali, Caloto, rechazan la imposición y dominación desde Popayán.  

La confederación fue un proyecto de las elites de estas ciudades que concibieron la creación de la región del valle, sustentando la idea en el reconocimiento de una historia y un presente común y una propuesta a futuro. Redactaron, a varias manos, una constitución que no alcanzó a ver la luz, pero que claramente expone el tipo de ciudadano que quieren para la región, su religión, sus derechos y obligaciones, su territorio y su sociedad.

Fue un proyecto de identidad fallido por la reconquista española. De este proyecto político tenemos el origen de la actual bandera del Departamento del Valle del Cauca, que según el mito fundacional toma los colores azul y blanco de la virgen inmaculada con la cual soñó el general José María Cabal.

El general soñó que recibía el manto de la virgen de sus manos para que lo llevara en su campaña. Otra virgen de tradición centenaria en Cali, la virgen de los Remedios, nombrada como patrona de los ejércitos de las ciudades confederas, la llamaban la montañerita cimarrona y la bandera azul y blanca de las confederadas hacía las veces de capa de esta virgen. 

Fracturados los sueños de una sociedad bajo una misma constitución, se trasciende en un siglo XIX abrumado de tensiones políticas. Justamente en esta conflictiva y tensionante etapa los reordenamientos territoriales que fragmentaban las jurisdicciones y unidades político administrativas fueron negativas a los procesos de identificación cultural en la medida en que las adscripciones territoriales estaban al vaivén constitucional, y éste a su vez, al vaivén de quién sale victorioso de la reyerta política o bélica.  En esta inestabilidad, las permanencias solo son posibles en las culturas locales que siguen en ritmos tradicionales muy cotidianos como lo reflejan los viajeros que describen costumbres particulares.

En esas miradas externas, también encontramos imaginarios con los que se identificaba a nuestra región como contestaría, en ella, se pensaba surgían los caudillos y las guerras que azotaban al país.   Y a sus habitantes se les identificaba de forma negativa, veamos dos ejemplos.

En 1850: “El valle es “un paraíso habitado por demonios» (1850); y en 1889 “La lucha entre Dios y Satanás no culminó como se cree con la derrota del demonio sino en una tregua. Cuando se discutían los términos del tratado de paz Satanás exigió para sí el Cauca, la obra maestra de la creación: el paraíso terrenal. De mala gana se acordó cederle lo pretendido y se le preguntó a Satanás: 'Y ahora que ya tienes esa tierra ¿qué piensas hacer con ella?'. El demonio respondió: Poblarla con gente que no me aguanto en el infierno”.

3° El tercer proceso corresponde al proyecto político de la creación y consolidación del Departamento del Valle del Cauca que se logra con el liderazgo político e intelectual de vallecaucanos quienes, mediante prensa, discursos, oratoria y tertulia, tiendas e incluso púlpito, crean el ambiente, la presión y el contexto propicio. 

Esta etapa que ubicó entre 1910 y 1960 y permitió retomar la idea de lo vallecaucano. Además divulgó y planeó la construcción departamental; se comparó con regionales colosales del mundo y se diferenció de las regiones atrasadas; se puso como ejemplo a imitar y se hizo propaganda de orgullo. Todo ello en prensa, en discursos de plaza y en tertulias de clubes, los que trascendían al imaginario popular por las mismas y otras más disciplinantes como las escuelas y colegios oficiales en donde la educación se encargaba de fomentar desde la niñez la simbología departamental con su himno y bandera. 

En los proyectos de construir el departamento son absolutamente visibles las gentes en cada municipio mediante su accionar directo en las juntas parroquiales y barriales, los comités cívicos, las juntas de ornato municipal. Se crean espacios de “tejido social” que unían esa visión de un presente halagüeño y un futuro prometedor, se va formando esa identidad colectiva de vallecaucano.

4° El cuarto momento en esa construcción identitaria, no corresponde a un proyecto político territorial, pero si se genera en el devenir. Se ubica después del auge de la primera década de creación departamental, entre 1920-1970, pero no nace con los líderes gubernamentales y empresariales, sino en la gente, en los pueblos y su diario acontecer. En este tiempo ese rasgo de mestizaje de procedencia colonial se reactiva con fuerza, con las olas migratorias campo -ciudad y ciudad- campo, las migraciones interdepartamentales que fluían en ríos de gente preferencialmente hacia Cali, pero también a Palmira, Buga, Tuluá, Cartago, y otros municipios en donde el auge de los ingenios y el comercio prometía espacios para un nuevo comienzo de vida y/o búsqueda de opciones laborales y de estudio. 

En esta etapa cuando los vallunos raizales al ingresar en nuevos procesos de hibridación étnica y de diálogo intercultural, con el enriquecimiento de esos modos de ser y manifestarse, adoptan nuevas miradas de sí y se va constituyendo lo vallecaucano. Es precisamente en esos núcleos matrimoniales, o laborales, de las nuevas colonias asentadas con los vallunos de vieja data en dónde se encuentra y fusiona nuestra vallecaucanidad permanentemente.

5° La fusión cultural continua con el quinto proceso que ubico entre 1980 y la actualidad.  Con nuevos procesos de hibridación étnica ocasionados en el sistemático exilio de desplazados, especialmente del litoral bonaverense, del pacífico y de los ríos nariñenses y caucanos, incluso amazónicos. 

Encontramos a Cali  y una gran cantidad de los municipios departamentales que se empiezan a autodefinir como afrodescendientes, no solo porque biológicamente lo sean sino porque culturalmente lo sienten.

Es en esta última etapa se revaloran y capitalizan las manifestaciones culturales y sus contenidos simbólicos. Se visibilizan, quizá se estereotipan, se hacen vendibles y comprables, a eso es que se llama la capitalización de la cultura y de la identidad cultural.

Entonces, la vallecaucanidad, como identidad, está en ese devenir histórico, en su pasado, sus memorias que la han configurado mediante dinámicas interculturales e hibridaciones permanentes. El valle andino y los pueblos de montaña y el valle plano y del piedemonte, tiene cada una de sus subregiones sus propias características y vocaciones, pero juntas nos hace diferentes. 

Hay una confusión que parece existir, desde fuera, entre la caleñidad y la vallecaucanidad.  La capital que subalterniza con su crecimiento urbanístico y beneficios de una modernización “casi permanente” la hacen atractiva; estar ahí es posibilidad de logros, posibilidad de sobrevivir, posibilidad de interacción con la modernidad, pero a la vez Cali es un caleidoscopio vallecaucano. Quizá, la identidad caleña por ser la más socializada en los medios de comunicación y por turistas le hace sombra a la identidad vallecaucana. 

La identidad cultural vallecaucana a 200 años de historia es mucho más que un recurso político y económico. Como una manera de no subalternizar una cultura sobre otra, y basándose en la historia, oficialmente el mapa de la cultura vallecaucana funge como mapa turístico.  Eso es consecuente con el ordenamiento burocrático que unió cultura con turismo como si fueran lo mismo (la capitalización de la cultura de la que les hablaba). Ese mapa turístico divide al valle en subregión norte, subregión oriente, subregión centro, subregión occidente y subregión sur. 

En cada región se marcan los festivales, los platos típicos, el patrimonio arquitectónico como sitios de interés turístico organizándose 6 rutas: la cultural, la religiosa, la gastronómica, la natural, la de negocios, la deportiva y de aventura, así, paradójicamente, la gestión política de la cultura según los mismos habitantes de las poblaciones, ha visibilizado más las culturas de los pueblos del valle hacia fuera y al interior mismo.

Un recorrido por la geografía musical vallecaucana nos lleva desde el festival Bandola de Sevilla al festival Mono Núñez en Ginebra y al festival Petronio Álvarez en Cali, todos absolutamente distintos en género musical, en público, como en la gastronomía que los acompaña, porque el sancocho de gallina, el atollao y el fiambre, son como el sancocho de ñato, el arroz endiablao y el pusiandao, platos que preparan al cuerpo para el agite y la resistencia;  y así como la lulada y el champús refrescan el calor de la tarde, no se compiten con el trabuco, el polvorete y el arrechón que avizoran la continuidad de la faena con muy buenos tumbaos, salseros o “encurrulaos”. Nada que decir, porque el remate de semana, o de fiesta termina con un familiar paseo en donde se lleva “gato” o “fiambre” para la merienda.

Y en la cotidianidad, un pandebono y “un calentao”; la arepa sin sal es imperdonable y se impuso como acompañante de las sopas dejando a un lado al banano en la mesa valluna; el aguapanela con limón predomina desde las cantimploras mismas de las soldadescas independentistas y no se ha dejado destronar. La dominical homilía afro se encuentra al día con la tradicional misa occidental, incluso hay ritos litúrgicos fusionados dignos de ver en donde participan con respeto y entusiasmo todo tipo de habitantes. Y tema para hablar hay mucho con nuestro “hablao” en donde el “mira vé” se dice a la par del gesto gutural “jumm” que señala con la boca, lo que se pretende mostrar.

 Lo importante es reconocer que son expresiones de una identidad colectiva forjada en esas hibridaciones bicentenarias. 

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