Ciencia y Tecnología

El periodismo y la investigación científica

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Jueves, 13 Febrero 2014
Univalle - Administrador

Dice Argelia Ferrer que a principios del siglo XVI y XVII la ciencia abandonó la filosofía y la religión y adquirió una potencialidad operativa, mayoritariamente dominadora y posesiva.

Citando a Eduardo Azcuy, dice que creció el racionalismo y se consumó la ruptura entre la razón y la fe. El hombre europeo abandonó su dialogo con la naturaleza y se abrió a la modernidad. La ciencia sustituye a la religión y exige un nuevo y peculiar acto de fe. (se busca dominar la naturaleza)

A partir del Siglo XVIII la ciencia se presenta como destinada a ampliar el conocimiento y a mediados del siglo XIX surge la ciencia industrial o aplicada, con los primeros laboratorios en Alemania.

Hoy, como dice Zully David Hoyos, subdirectora de Colciencias, toda ciencia incluye a todos los integrantes de una sociedad en cuanto a impacto y resultado, en la medida en que en ella ocurran oportunidades reales, económicas, políticas, sociales, culturales, de acceso y disfrute; excluyen de su comprensión, a quienes carezcan de un lenguaje estructurado concreto y abstracto. Sin conceptos no es posible comprende los procesos y procedimientos de la ciencia.

En el misma línea, Eduardo Vasco dice que hay una errada y generalizada creencia que entre más avanza la ciencia más avanza la educación para las ciencias y yo agrego que igual sucede con la idea que entre más avanza la ciencia mayor es su divulgación.

Algo similar sucede con el lenguaje, que aunque también crece con los desarrollos de la ciencia, su precisión y exactitud no aumentan.

El lenguaje común se presta fácilmente para diversas interpretaciones y, en consecuencia, para que el mensaje que se envía llegue con un significado diferente al que tiene quien lo emite.

Una misma palabra puede tener varias acepciones y, entonces, su significado, muchas veces depende del contexto en que se diga. Por ejemplo, la palabra experimentar tiene 4 acepciones, mientras que la palabra ¨palabra¨ tiene 16 acepciones en el DRAE.

Para evitar las imprecisiones y equivocaciones, los científicos han creado un lenguaje especializado, por área de conocimiento, que permite una mayor precisión en la expresión de las ideas, pues las palabras creadas dentro de este lenguaje usualmente tienen uno y sólo un significado. Este lenguaje supone adiestramiento específico, reglas de juego, convenciones.

Pero este lenguaje sólo lo manejan aquellas personas que han transitado constantemente por esa área de la ciencia y utilizan con regularidad y precisión los vocablos que hacen parte de ese lenguaje especializado.

Estas personas son conocidas como ¨iniciados¨, en esa área, es decir aquellas personas que tienen un conocimiento, con alguna profundidad, sobre esa área de la ciencia.

Este uso del lenguaje especializado lleva a que el común de las personas no entienda lo que reportan los científicos y dentro de este grupo incluyo a los periodistas, aunque es menester tener en cuenta que los científicos no son usualmente consultados o entrevistados por los medios masivos, por varias razones.

Esto no quiere decir que el científico no se comunique con los demás. De hecho lo hace constantemente como cualquier otra persona, pero sobre su trabajo de investigación sólo habla con sus pares o iniciados en su campo o durante sus clases y eventos académicos. Pero se restringe para hablar de su trabajo de investigación con los del común y con los periodistas.

Una primera razón es que los periodistas usualmente no entienden al científico por la jerga que usa (el lenguaje especializado).

Una segunda razón es que los periodistas no tienen claro como funciona la ciencia, especialmente la investigación científica.

Muchos periodistas creen que los desarrollos científicos son producto de la inspiración de una persona que se mete en un laboratorio y obtiene un resultado tangible y palpable que se traduce en un aparato tecnológico o la solución a un problema. Desconociendo el hecho de que muchas veces el resultado consiste en averiguar que el problema no tiene solución o que el resultado no tiene una aplicación inmediata, pero no por ello deja de ser importante.

La falta de conocimiento del lenguaje especializado y la no comprensión de cómo se investiga lleva a que los no iniciados malinterpreten lo que dice el científico a quien la tergiversación no sólo le incomoda al extremo, sino que le causa perjuicios, porque le mina su credibilidad, especialmente entre sus pares.

Es usual ver que la mayoría de medios de comunicación funcionan bajo los parámetros del sensacionalismo y el espectacularismo.

El sensacionalismo busca exaltar sentimientos primarios, e incita en lugar de cuestionar; es decir que busca reproducir o motivar ciertas conductas.

Con el Espectacularismo se busca mostrar grandes hazañas, personas no comunes, acciones muy especiales, se busca la admiración no la reflexión.

Y cuando algunos periodista se acercan al científico lo hacen con la misma visión, con la misma concepción, entonces buscan ¨convertirlo en estrella¨ en una persona para destacar, e incluso convertirlo en ídolo, en paradigma a mostrar, más no necesariamente a seguir.

Tienden a desconocer e incluso ocultar el trabajo del científico, su background, el trabajo del equipo o grupo de investigación y tratan de mostrarlo como un inspirado, como un bendecido que por obra y gracia de una inteligencia superior o incluso por arte de magia, obtuvo logros, premios y merece la admiración de sus congéneres.

Otras veces lo muestran como un sacrificado social que no piensa más que en el trabajo, en el laboratorio y pleno desinterés por la vida social.

Esta imagen que se muestra del científico genera daños por varias razones.

Se desconoce el proceso que ha llevado al científico a obtener un desarrollo o un logro.

Lleva a las personas del común a creer que para ser científico se requiere una inteligencia excepcional, que el común no tienen y, en consecuencia, los excluye de la posibilidad de ser científicos.

Lleva a la creencia errada creencia que los grandes logros no son producto del estudio y trabajo sistemático sino de la suerte, el azar o la iluminación prodigiosa.

Otras veces se induce a la creencia de que los logros son producto del trabajo de una sola persona que renuncia a la sociedad por obtener un resultado en su investigación.

Por otra parte, a una gran parte de científicos básicamente le preocupa dar a conocer su trabajo en revistas especializadas, para buscar el reconocimiento de sus pares y por los estímulos (económicos) creados para quien ostente publicaciones (¨papers¨) en medios especializados (ojalá internacionales) y, usualmente, poco le interesa manifestarse ante los medios masivos, lo que ha llevado a un divorcio entre investigadores y periodistas.

Ese divorcio, además de los problemas ya mencionados, obedece también a que para el científico le es difícil vulgarizar o popularizar su tema hasta el punto de terminar caricaturizando su trabajo o las teorías con las cuales trabaja.

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