Caracterización de Estrategias de Persistencia y Resiliencia Socioecológica en Fincas Tradicionales Afrocampesinas de Padilla-Cauca.
En un esfuerzo por integrar la ingeniería en el ámbito de la justicia social, María Camila Cambindo Mezu, estudiante de Maestría en Desarrollo Sustentable, se propuso analizar los impactos del cultivo de la caña de azúcar en territorios afrocampesinos y destacar las estrategias mediante las cuales las comunidades nortecaucanas intentan preservar el legado de sus ancestros. Sus hallazgos ofrecen una perspectiva amplia sobre la diversidad y complejidad de los sistemas agrícolas tradicionales, los cuales han demostrado habilidad para adaptarse a la presencia de nuevas plagas y enfermedades, al cambio climático, a la globalización y, más recientemente, a la incorporación de tecnologías y tendencias actuales.
María Camila Cambindo Mezu, ingeniera agrícola graduada de la Universidad del Valle y estudiante de Maestría en Desarrollo Sustentable, ha encontrado en sus raíces una guía invaluable para aplicar una ingeniería más cercana y relevante a las realidades de las comunidades. Aunque nació en la ciudad de Cali, su familia es oriunda del municipio de Padilla, al norte del Cauca. Es en este lugar donde se siente completamente en casa, gracias a la cálida acogida por parte de la comunidad.
Durante sus frecuentes visitas a Padilla pudo observar directamente los cambios provocados en el paisaje campesino por el cultivo de caña de azúcar. Así surgió la idea de aplicar las teorías de la sustentabilidad para caracterizar y destacar las estrategias de persistencia y resiliencia socioecológica que las familias afrocampesinas del municipio de Padilla (Cauca) han implementado durante los últimos treinta años para conservar y proteger las pocas fincas tradicionales que aún perduran ante la expansión agroindustrial del monocultivo de caña de azúcar.
"En Padilla alrededor de los años 1930 existía una gran diversidad de cultivos y un territorio rico en fauna y flora. El estudio está evidenciando que, con la introducción del monocultivo de caña de azúcar, todo eso comenzó a cambiar, alterando profundamente las prácticas agrícolas tradicionales de la zona", comenta la maestranda.
Propósito para el cual cuenta con el apoyo del equipo docente de la Maestría en Desarrollo Sustentable y de su director te tesis, el docente Yesid Carvajal Escobar, investigador del grupo de investigación IREHISA y coordinador del Doctorado en Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas de la Universidad del Valle.
El regreso al municipio como investigadora fue recibido con entusiasmo. "Uno se siente muy acogido en el pueblo, es una comunidad maravillosa. Valoran enormemente que quienes han dejado el territorio regresen con conocimientos, prácticas y nuevas propuestas, pues muchas veces se carece de eso”, comenta la investigadora.
“La agroecología “más que una ciencia es una práctica, un movimiento social y político. La finca tradicional busca la diversificación de los cultivos respetando y promoviendo la identidad cultural de las familias afrocampesinas que habitan en ella (sus historias, tradiciones y conocimientos ancestrales que merecen ser valorados y preservados)”.
Este interés por poner la ingeniería al servicio de la comunidad se remonta a sus épocas de estudiante de pregrado. María Camila recuerda haber cursado la electiva “Participación Comunitaria en Proyectos de Riego”, impartida por la profesora Mariela García Vargas del Instituto CINARA, quien les hacía notar a sus estudiantes –entre ellos María Camila– la importancia de comprender y conocer profundamente las necesidades de la comunidad, antes de generar adelantos en materia tecnológica. “Eso quedó inmerso en mi mente”, recuerda María Camila, y añade que, desde entonces, se fijó la meta de desarrollar proyectos de ingeniería con un alto sentido social y étnico, orientados a ser útiles y beneficiosos para las comunidades que día a día trabajan por la construcción de paz en el país.
El trabajo con las comunidades
Para María Camila, las fincas tradicionales desempeñan un papel crucial en el valle geográfico del río Cauca, pues, además de representar y fomentar la diversidad de estas zonas, promueven métodos agrícolas sustentables tanto para los habitantes como para el medio ambiente. Por esta razón, estas fincas tradicionales se convierten en el foco principal de su estudio. Gracias a la cercanía con la comunidad, se enteró de la existencia de una organización que agrupaba varias fincas de la región, y de inmediato buscó establecer puentes de comunicación para trabajar con ellos.
La asociación, llamada “ASOFINTRA – Asociación de Finqueros Tradicionales de Padilla Cauca”, actualmente está integrada por 36 personas propietarias de fincas tradicionales dentro del municipio de Padilla, Cauca, aunque en el pasado llegó a contar con más de 60 integrantes, la mayoría de ellos personas de edad avanzada. Fueron ellos quienes vieron en la investigación adelantada por la maestranda una oportunidad para ser escuchados.
Lazos fortalecidos
Una vez concluida la fase de trabajo de campo, la investigación se encuentra en el proceso de sistematización de la información, que ya ha revelado algunos resultados significativos: “Defender, recuperar y conservar la tierra, la finca tradicional y el territorio es una precondición de todo proceso agroecológico. Esto se ve reflejado en la respuesta política con que las comunidades afrocampesinas del norte del Cauca crean autonomía y comunalidad mediante el trabajo colectivo, la reciprocidad, el diálogo de vivires y la creación de espacios de juntanza” aclara María Camila.
Además de documentar el impacto en las dinámicas tradicionales de la población debido al uso extensivo de tierras para el manejo del cultivo de la caña de azúcar, la investigación ha permitido diagnosticar el estado actual de las fincas tradicionales, el uso de huertas caseras, semillas nativas, cría de animales, prácticas culturales, distribución de tareas agrícolas y empleo de biopreparados; así como las constumbres culinarias derivadas de las actividades generadas dentro de las fincas.
Proceso en el que la investigadora identificó una necesidad urgente: la falta de un mercado propio accesible para que estas comunidades (los finqueros tradicionales) puedan comercializar sus productos.
"Es muy difícil porque muchas de estas familias viven por fuera del casco urbano, y no tienen un medio de transporte propio que les permita desplazarse hacia los distintos mercados locales presentes en la región, ya sea en localidades como Puerto Tejada, Miranda o Corinto", explica la maestranda, "por tanto, es fundamental desarrollar nuevas estrategias de comercialización que les permita vender sus productos, sin intermediarios, y contar con el apoyo institucional y la preferencia de los consumidores locales hacia los productos de la finca tradicional".
En ese sentido, el trabajo de investigación cumple un rol complementario, que contribuye al fortalecimiento de estos procesos, y que tiene que ver con la visibilización de dichas necesidades, encontradas como resultado de las visitas, talleres, entrevistas, encuestas y diagnósticos participativos hechas hasta ahora, lo que se aúna al reconocimiento por parte de ellos en su papel dentro de la región.
“Lo más importante es el empoderamiento de ellos, de sentirse orgullosos de que son finqueros tradicionales, que están haciendo las cosas como no todo el mundo las hace, que tienen una manera de pensar distinta, enfocada en la conservación de los territorios y los ecosistemas”, dice María Camila, y añade que se comprometió con la asociación en ayudarles con la parte organizacional, de tal manera que puedan contar con la información sistematizada, de cara a futuras postulaciones en proyectos de categoría nacional e internacional.
El haber hecho esta investigación en el lugar de donde es oriunda su familia ha afianzado los lazos entre unos y otros. “Yo me siento ya como una hija más, una nieta más de ellos, porque muchos son abuelos. El amor que he sentido de parte de ellos ha sido muy gratificante para mí. Yo voy y se les iluminan los ojos, y me reciben con un abrazo afectuoso. Los vínculos han sido desde el respeto, el cariño y la fraternidad”, resume María Camila. Según dice, está satisfecha por la manera en que le ha apostado desde su profesión a un ámbito de ingeniería social, ya que ha sido un proceso enriquecedor tanto persona como profesionalmente.
"Me he vuelto una mujer más sensible hacia las cuestiones comunitarias, hacia los desafíos y las luchas de nuestras comunidades. Este proyecto ha profundizado en mí, el dolor y la valentía de mi pueblo", expresa la investigadora María Camila Cambindo Mezu.
Por: Édgar Bejarano
Oficina de Comunicaciones Facultad de Ingeniería












