Ciencia y Tecnología

Los suelos del valle, con energía para rato

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Jueves, 13 Febrero 2014
Univalle - Administrador

Una nueva tecnología para la medición de la reserva energética y el potencial productivo los suelos ya está dando frutos en Colombia. Rentabilidad económica y sostenibilidad ambiental van de la mano.

Si usted va al médico, un examen de sangre no sería suficiente para determinar su estado de salud. Si usted toma 20 vasos de leche su cuerpo sólo absorberá lo que necesite y el resto lo desechará. ¿Por qué no pensar que ocurre lo mismo con el suelo? ¿Y si se pudiera medir no sólo la materia, sino la “energía” del suelo?

Este tipo de cuestionamientos, provenientes del campo médico y trasladados a los suelos agrícolas, fueron los que se plantearon los miembros del Grupo de Investigación en Ciencias Ambientales y de la Tierra – ILAMA, de la Universidad del Valle y reconocido por COLCIENCIAS en la categoría B, para desarrollar una tecnología que permitiera medir la reserva energética y el potencial productivo los suelos. Esta tecnología ocupó el primer lugar entre las diez innovaciones más promisorias para el desarrollo productivo del Valle del Cauca, a juicio de INNOVALLE 2011, y ya está empezando a modificar la visión de los empresarios del sector agrícola.

Se trata de un cambio de paradigma: “El suelo es mucho más que una composición química, es un ente vivo de múltiples características energéticas que no se tomaban en cuenta, hasta ahora, para medir su potencial”; así lo explica Orlando Zúñiga Escobar, Director de ILAMA, Geofísico y Ph.D. en Edafología, quien desde este grupo de investigación lleva cerca de 12 años en el desarrollo de tecnologías agroambientales aplicadas a producción limpia, y ahora también al sector productivo.

Esta tecnología, con patente en marcha, es de carácter analítico y sintético, es decir, entiende a los suelos como un sistema complejo afectado por múltiples variables; la composición química, un indicador clásico de calidad de suelos no es suficiente; “así sólo se está midiendo la materia”, enfatiza Orlando Zúñiga, “pero el suelo tiene también energía”. Esas nuevas variables se relacionan bajo métodos no lineales utilizando redes neuronales sintéticas, que dan como resultado un mapa energético de los suelos, es así como la principal aplicación de esta tecnología es el campo de la agricultura de precisión.

Técnicas geoeléctricas, electrotérmicas, espaciales, microbianas, entre otras, van definiendo un panorama mucho más preciso, que repercute directamente en medidas que garantizan mejor productividad y sobre todo más sostenibilidad ambiental.

No se trata de teoría en papel, ya ha sido aplicada y demostrada en varios proyectos, entre ellos uno del 2008 en el Ingenio RíoPaila-Castilla, con 100 hectáreas, y en la actualidad uno en el Ingenio INCAUCA, con más de 300 hectáreas; en ellos se pudo identificar zonas con mayor reserva energética que otras, y así recomendar con más precisión la aplicación de fertilizantes, según los mapas energéticos; en términos económicos esto representa un ahorro significativo de inversión, y en términos ambientales un restablecimiento de la salud de los suelos, que en el Valle del Cauca empiezan a presentar saturación por agroquímicos.

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