“Hemos aprendido mucho sobre la pandemia, pero necesitamos mejorar en los sistemas de alerta temprana”. Esta fue una de las conclusiones que surgieron del último conversatorio del Grupo Latinoamericano por la Administración Pública – LAGPA por sus siglas en inglés, realizado el lunes 13 de diciembre.
La mesa redonda entre especialistas en administración pública tuvo como invitados a Fernando López Parra, doctor y master en administración pública por la Fundación Getulio Vargas con posdoctorado en desarrollo territorial, profesor titular de la Universidad Andina Simón Bolívar, director del doctorado en Administración de la UASB 2006 -2018 y actual rector del Instituto de Altos Estudios Nacionales (Ecuador); y a la profesora Lyda Osorio, médica, epidemióloga y especialista en enfermedades infecciosas, profesora asociada de la Universidad del Valle e investigadora del Centro Internacional de Entrenamiento e Investigaciones Médicas en Cali (Colombia), para tratar el estado actual de la pandemia y medidas gubernamentales recientes en sus respectivos países.
En el caso de Colombia, la profesora Lyda Osorio hizo un análisis sobre el exceso de mortalidad y otros indicadores de la pandemia, una probable transición hacia la endemicidad y las intervenciones recientes que se han realizado en el país para mantener o disminuir los niveles de contagio frente a las nuevas variantes.
De acuerdo con las palabras de la epidemióloga, el exceso de mortalidad es el indicador más sólido que se ha tenido durante la pandemia y, tanto con Colombia como en Latinoamérica está en disminución. A partir de estos resultados se puede decir que nos acercamos a una etapa endémica en la que tanto este indicador como las hospitalizaciones en UCI y sala general tienden a disminuir, aunque haya contagio.
En cuanto al análisis de la curva epidemiológica, Colombia acumula a lo largo de la pandemia 5.093.534 casos confirmados y 129.107 fallecidos. Aunque la cifra de contagios ha comenzado a aumentar nuevamente, la epidemióloga destaca que, a diferencia de las curvas anteriores, esta asciende a una velocidad mucho menor, lo que también es una consecuencia de la transición de epidemia a endemia.
“Cuando no se controla el agente infeccioso se establece un comportamiento estable”, explica la profesora Lyda en referencia a que, más allá de un comportamiento lineal, el virus en su etapa endémica se caracteriza por una sucesión de pequeñas olas de las que se desconoce, por el momento, la frecuencia y altitud. El factor determinante en este proceso es la inmunización, que varía el número de casos frente a la inmunidad.
En esa perspectiva, para mantener el umbral de endemia, se requiere mantener un umbral de población susceptible, de tal manera que no haya tantos casos como para provocar un gran pico, pero tampoco disminuyan lo suficiente como para que haya una erradicación. A esta velocidad de propagación de la enfermedad dentro de una población se le conoce como R0.
Esta velocidad de propagación o R0 depende de la duración de la infectividad, la probabilidad de transmisión y la tasa de contacto. En el caso del Covid-19, se conoció de entrada que tanto la duración de la efectividad como la probabilidad de transmisión eran elevadas, por lo que en un inicio se intentó disminuir la tasa de contacto con las medidas de aislamiento y autocuidado.
Sin embargo, la llegada de la vacuna ha transformado los comportamientos. La profesora Lyda Osorio recuerda que la vacuna previene la muerte y la hospitalización, pero no tiene una repercusión directa en la tasa de contagio.
Debido a factores de tipo etario y cultural, la sociedad latinoamericana tiene unas tasas mayores de contacto a otros lugares del mundo, por lo que variantes como la Ómicron, con un R0 superior incluso al de la variante Delta -altamente infecciosa- podría significar un pico. Por ello, la epidemióloga considera fundamental reducir el número de personas susceptibles para evitar su expansión.
Frente a la población actual, la estrategia de vacunación ha tenido una alta eficacia. Pero ¿puede existir nueva población susceptible? De acuerdo con la profesora Osorio sí. En su exposición explica que fuentes de población susceptibles son los nacimientos, las migraciones y la pérdida de inmunidad en la población, que se pueden contrarrestar con la vacunación a todos los grupos etarios y un mejor sistema de alertas tempranas. En cuanto a la inmunidad recuerda que esta recae mayoritariamente en la vacunación y plantea dos escenarios: en caso de que la tercera dosis provea de inmunidad de por vida, cada vez disminuirán más las olas; en caso contrario, se tendrá mayor frecuencia en sus apariciones. En resumen, “la pregunta no es si tendremos olas, sino cuándo”, en palabras de la docente.
Uno de los factores que ha protegido a Colombia -y a Latinoamérica- frente a los azotes de las variantes, ha sido, curiosamente, el mismo virus, que al haberse propagado de forma masiva a creado cierta protección. Sin embargo, hay otras variables que hacen más probable su expansión, como la transmisión por asintomáticos, el aumento de la infectividad, la inmunidad no de por vida y la parcialidad de la inmunización otorgada por las vacunas.
Aunque a simple vista es un panorama completo, gran parte de los países latinoamericanos y del Caribe tienen como factor transversal la desigualdad, reflejada en la pobreza, en la capacidad de salud pública, en necesidades insatisfechas y en menor acceso a las vacunas. “Ellos están por debajo del resto y los gobiernos deben intervenir allí para garantizar esa equidad”, expresó la epidemióloga.
Con la suposición de que esta intervención ocurra y se vacune un porcentaje mayor de población, no se puede asumir que se ha terminado el ciclo de contagio y se pueden salvar las medidas de protección. Por el contrario, el nivel de endemicidad “tolerable”, como lo enuncia Lyda Osorio, es una balanza entre los beneficios de quitar las medidas para sostener las economías de los países y las consecuencias de retirarlas, como la elevación de los niveles de contagios. Este equilibrio es precario y, por tanto, vive en constante movimiento.
El sistema que usa Colombia para la aplicación de medidas, llamado PRASS, ha demostrado su utilidad que, de acuerdo con el transcurso de la pandemia, será permanente. Sin embargo, también se ha observado que tiene recursos limitados y necesita mejorarse con más información como, por ejemplo, guías nacionales para el manejo del Covid persistente, que hasta el momento no se ha establecido en el país.
Con los aspectos por mejorar a la vista, la epidemióloga considera que el paso de pandemia a endemia ha traído consigo la aplicación de medidas acertadas, tales como la prolongación de la emergencia sanitaria, la aplicación de terceras dosis, la vacunación para migrantes dentro de los mismos aeropuertos y el requisito de esquema de vacunación completo o de prueba PCR negativa para viajeros. De acuerdo con Lyda Osorio, la perspectiva es alentadora, sobre todo con la proximidad de la vacuna de refuerzo disponible para la mayor parte de los grupos etarios.
En la misma línea del análisis sobre Colombia, el profesor Fernando López Parra habló sobre la actualidad de la pandemia en Ecuador, que resulta motivante en contraste con los primeros meses y la gran pérdida de vidas acaecida por el primer pico de contagios, vivido en abril de 2020.
“Al principio de la pandemia Ecuador sufrió, especialmente en Guayaquil, un gran golpe. También en abril de 2021 hubo un gran pico, sin las consecuencias y el contexto de falta de preparación del año anterior. Cuando la vacunación comenzó a aumentar, hubo una disminución significativa de la curva epidemiológica. En este momento tenemos un 72% de la población vacunada con la segunda dosis y esperamos que para finales de diciembre la cifra aumente un 10%”, expuso el rector del IAEN.
Las cifras denotan un éxito en la estrategia que, de acuerdo con el experto, se debe en gran parte a que ningún político politizó o desestimó la importancia de la vacunación, sino que comprendieron que era un asunto de salud pública y se concentraron en enfrentar el elemento.
A pesar de los logros generales, Fernando López hizo un balance sobre los indicadores como el contagio y el exceso de mortalidad, donde observó que, si bien las grandes urbes son las que tienen una mayor tasa de contagios, son las provincias alejadas, con menor infraestructura en salud, las que tienen un porcentaje de muertes más elevado. Aún en estas condiciones desiguales, se ha observado una disminución general de los índices.
Dentro de las medidas que el profesor considera determinantes para este descenso, se encuentran el confinamiento y la virtualidad de las clases, que dividieron sus medidas en dos geográficamente: en el caso de la sierra, la virtualidad continuará hasta febrero de 2022 y para el litoral la presencialidad es optativa y se cuenta con aforos del 70% en las aulas.
En cuanto a los retos enfrentados para la aplicación de las medidas, se ha notado una gran dificultad de acceso a sitios remotos como aquellos que se encuentran en las partes altas del Ecuador -cerca de 4000 metros sobre el nivel del mar- o las zonas de litoral más cercanas a la frontera con Colombia, como Esmeraldas. Allí, aunque el avance de los esquemas ha sido tardío, actualmente se tienen indicadores positivos.
En gran parte, Fernando López considera que el éxito se ha logrado alrededor de los incentivos generados por el gobierno y las estrategias de promoción de la vacuna, tales como hacer puestos de vacunación en centros de votación.
Finalmente, al igual que la profesora Lyda Osorio en Colombia, considera que falta un gran camino para hablar de normalidad. “Las medidas continuarán por un largo tiempo, quizá de por vida. Aún no podemos hablar de clases enteramente presenciales ni de relajar las medidas, que deben continuar. La normalidad, como la conocíamos antes de la pandemia, aún no llega”, concluyó.












