Las siguientes son las palabras del rector de la Universidad del Valle Guillermo Murillo Vargas durante el acto de bienvenida de los posgrados de la Escuela de Arquitectura.
Nada más grato para mí como Rector de la Universidad del Valle que dar apertura a esta conferencia del profesor Harold Martínez Espinel, que marca la iniciación de los estudios de posgrado 2026 para la Escuela de Arquitectura. El año pasado cuando celebramos los 80 años de fundación de nuestra universidad y se hablaba de sus modestos comienzos en 1945, era preciso mencionar también que tan temprano como 1947 se estableció la Facultad de Arquitectura, la cual pasó a ser parte de la Facultad de Artes Integradas en 1995 como Escuela de Arquitectura. Así que la tradición de los estudios de arquitectura nace con la Universidad y pocas personas han tenido un papel más brillante en esa historia que el profesor Harold Martínez Espinel.
Creo que el mejor homenaje que se le puede rendir hoy es constatar que el campus de la Ciudad Universitaria es un reflejo de su visión de lo que debe ser la arquitectura. Integrada a la naturaleza, respetando su entorno, sin recalentarla ni depredarla como lo denuncia en sus libros.
Su papel en la concepción de la Ciudad Universitaria fue determinante en el grupo de distinguidos arquitectos que adelantaron los diseños, que soñaron con edificios rodeados de un bosque seco tropical en lo que entonces era un cañaduzal.
Quisiera repetir las palabras que dije en la inauguración de la exposición de fotografías de los edificios de la Ciudad Universitaria en la Biblioteca Mario Carvajal bellamente titulada “Luz en Concreto” el pasado 10 de diciembre, porque parecen escritas para esta ocasión:
“Cuando miramos hacia atrás y vemos la moderna arquitectura, es imposible no pensar en la visión que tuvieron los constructores de esos edificios hechos para albergar una gran universidad, incluyendo por supuesto esta espléndida biblioteca”.
“Quisiera destacar dos aspectos de esta exposición. El primero, el descubrimiento de nuevos ángulos en edificios que creíamos conocer muy bien. Un rayo de luz que cae sobre una escalera, un espacio de tránsito que se convierte en una escultura, un homenaje al “brutalismo”, esos edificios de concreto a la vista tan de moda entonces, que cobran vida en un juego de luz y sombra. El segundo, la manera como la naturaleza se ha integrado a esa arquitectura que la precedió. Durante decenios los árboles han crecido y la han arropado de modo que hoy conforman un todo armónico, lleno de verdes de todos los colores, como dijo el poeta, de mariposas, aves y ardillas”.
Es decir, lo que el profesor Martínez cree que debe ser la arquitectura. Asistimos hoy a la conferencia de un maestro lleno de títulos y distinciones, incluidos los que le ha otorgado la Universidad, dictada con la autoridad de quien puede probar con hechos que tenía la razón. Hoy a esas distinciones añadimos la que sugirió la propia Escuela de Arquitectura para ser entregada en la noche de gala en honor de los egresados más distinguidos que se hace cada año en diciembre, que no pudo ser entregada entonces al profesor Martínez, y que se ha vuelto una noble tradición de la Universidad.
Esa concepción de establecer el vínculo entre el hábitat y el hombre es la manera como se ha enseñado la arquitectura en la Universidad del Valle. El pasado 24 de septiembre cuando la Universidad le otorgó el grado Honoris Causa en Arquitectura a la profesora Gilma Mosquera fue evidente como el centro de su obra era el estudio de la manera como las gentes de los campos de Colombia concibieron una arquitectura en comunión con la naturaleza, que en alguna medida trataron de trasplantar a las ciudades, no siempre con éxito. Pero el alma de los pueblos de la costa pacífica y de la zona cafetera estaba en la manera como sus casas eran parte del entorno natural.
Estas menciones son solo para decir que la Universidad del Valle tiene mucho que mostrar y mucho que hacer en el trabajo de sus arquitectos. Ustedes estudiantes de posgrado son a la vez guardianes y enriquecedores de esa tradición fecunda que les invito a estudiar porque puede ser base sólida para la construcción de la futura arquitectura colombiana.
Muchas Gracias
Guillermo Murillo Vargas, Ph.D.
20 de febrero de 2026












