¿Sabían que se puede crear combustible a partir del agua? preguntó un joven universitario, delgado y pálido, cursante de algún semestre superior de química en la Universidad del Valle a cerca de 30 colegiales que visitaron la Carpa de Melquiades, en su apertura.
Las preguntas de los asistentes empezaron a fluir como burbujas en las probetas cuando se exponen al fuego. Adriana, una niña que no aparentaba los 12 años que tiene, le contestó con otra pregunta al joven expositor. ¿Entonces podemos contaminar menos el planeta si usamos el agua en vez de petróleo para hacer combustible? El estudiante de química respondió con un sí mudo que evidenció al asentir con la cabeza.
Atónitos y expectantes a lo que ocurriría después de ese intercambio de preguntas, que quizás muchos no comprendieron del todo, vieron el proceso de la electrólisis del agua, algunos probablemente por primera vez en su vida. La electrólisis del agua consiste en separar las moléculas de hidrógeno y oxígeno por medio de la electricidad.
La anterior es una de las escenas características que acontecen al interior de la Carpa de Melquiades en cada una de sus versiones anuales. La Carpa es un espacio que preparan con dedicación, durante mucho tiempo atrás, estudiantes de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas de Univalle. En la Carpa presentan muestras didácticas y experimentos científicos sencillos que acercan a la puerta de la ciencia a los niños de colegios y escuelas del Valle del Cauca.
Todos los chicos que entraron a la carpa, recorrieron un circuito que se configuró en muestras, experimentos y explicaciones desde la química, la física, la matemática y la biología.
El rostro de Adriana y sus compañeros de visita a la Carpa, cambiaba en cuestión de pasos, unos estaban inquietos, otros felices, algunos se asombraron al punto del susto e incluso se intimidaron durante la reacción de sustancias químicas, pero todos caracterizados y unidos por su capacidad de asombro y el sueño de seguir estudiando para llegar un día a ocupar el otro lado, es decir, el de expositor que para los niños era como una especie de sabio con conocimientos extraordinarios.
La Jaula de Faraday, que lucía como una canasta de alambres, también impresionó a Adriana. Este artefacto es capaz de acallar a un radio cuando lo cubre, como si fuera asunto de magia, pero todo es ciencia. Todo tiene una explicación que la mayoría pasa por alto durante el transcurso de su vida. La Jaula forma un campo electromagnético interno igual a cero que al cubrir al aparato de radio, anula el efecto de campos externos y lo enmudece.
El efecto de Faraday se evidencia en numerosas situaciones cotidianas, por ejemplo, el mal funcionamiento de los teléfonos móviles en el interior de ascensores o edificios con estructura de rejilla de acero.
En la sección de Biología las plantas carnívoras despertaron nuevamente el asombro de Adriana. Parecen de mentiras, dijo luego de atreverse a tocarlas, sin ningún reparo, pues eran tan lindas y diferentes a las demás plantas, que no las creía reales.
La emoción de los colegiales se incrementó con las muestras de peces óseos y cartilaginosos, tocaron sus texturas mientras escuchaban de sus características. Otros abandonaron su turno en el estand de los peces para ver las moscas mutantes, a través de un microscopio.
Cada una de las muestras se convirtieron en el aliciente para esos chicos que madrugaron e hicieron fila con la intención de llegar a un encuentro cercano con las ciencias exactas.
La Carpa de Melquiades es un espectáculo donde la ciencia ocurre de la manera más inesperada y cotidiana, un espacio abierto al público más joven que le explica a todos los asistentes, de una forma sencilla y en la mayoría de los casos divertida, los asuntos más complicados de la matemática, la biología, la química y la física.












