Es una tarea de lenta maduración que requiere ingentes recursos materiales y humanos.
Por: Guillermo Murillo Vargas, rector de la Universidad del Valle.
Tomado de El Tiempo.
En educación superior no se puede escoger entre aumento de cobertura y calidad. Ambas cosas deben ir juntas, que es lo que hace tan complejo y costoso el proceso de llegar con una oferta académica amplia y sólida a la Colombia profunda. Aunque el problema es más o menos el mismo en las grandes ciudades. En la Universidad del Valle, en Cali, donde estudian casi 18.000 estudiantes, para el primer semestre de 2024 hubo 7.570 inscritos para 2.685 cupos. O sea, existe una capacidad de acogida solo para el 35 % de las solicitudes, dadas las limitaciones físicas y de recursos humanos que existen.
Y eso que la Universidad del Valle es un caso único en Colombia de descentralización en las ciudades intermedias del Valle, que alivia la presión de cupos sobre Cali. Tiene once sedes y cinco nodos de extensión que acogen a estudiantes provenientes de más de 540 municipios colombianos, y tiene la población estudiantil que se reconoce como afrodescendiente más numerosa del país (4.500 estudiantes), al igual que la más numerosa población indígena (1.200 estudiantes). De sus más de 33.000 estudiantes, 15.000 estudian fuera de Cali, en un proceso de regionalización que tiene más de treinta años, cuyo mayor reto ha sido alcanzar en esas sedes la misma calidad de los estudios que se ofrecen en Cali, un proceso que aún continúa.
En ese sentido, la Universidad del Valle es un gran laboratorio para contrastar con la realidad el propósito del Gobierno Nacional de plantear como el eje central de su política de educación superior llevar los estudios universitarios de calidad a regiones, donde no ha habido universidades, aun fundando nuevas instituciones. Es un propósito basado en la búsqueda de la equidad social y de equilibrio en el desarrollo nacional que solo puede suscitar el apoyo del conjunto de las universidades públicas, pero es una tarea de lenta maduración que requiere ingentes recursos materiales y humanos.
Puede decirse sin temor a equivocarse que la presencia de la Universidad del Valle en las ciudades intermedias del Valle ha sido un factor fundamental para el equilibrado desarrollo regional, pues en esas sedes se ha preparado el recurso humano que hoy está en la dirección empresarial y en la administración pública de las regiones. Así que la idea de llevar educación superior de calidad a zonas del país de menor desarrollo económico e institucional es una idea clave para su progreso. La experiencia de la Universidad del Valle es que debe haber una oferta académica adecuada a las necesidades de la zona (administración portuaria en Buenaventura, para poner un ejemplo), una planta profesoral propia, unas instalaciones dignas y unas políticas generosas de bienestar estudiantil. Y la voluntad política y los recursos para hacerlo, sin prisa y sin pausa.
El caso de la Universidad del Valle está al servicio de la Nación entera, puesto que la Institución ya ha recorrido un camino que ahora se propone como una política general nacional. La educación superior pública tiene un déficit enorme en su capacidad para atender a todos aquellos que quieren estudiar en todos los niveles de formación. Identificar el cierre de esa brecha como una prioridad de las políticas públicas es un gran acierto. Puesto que la brecha existe en las grandes ciudades, en las ciudades intermedias, en los polos de desarrollo y en los sitios alejados, cada lugar debe tener una manera propia de tratar el problema, que es donde está la clave para solucionarlo con éxito.












