Colombia se ha posicionado como uno de los países pioneros en legislación para la protección animal. Normas como la Ley 1774, que reconoce a los animales como seres sintientes, y otras iniciativas más recientes, como la Ley Ángel o la campaña “Esterilizar Salva”, buscan garantizar su bienestar desde distintas perspectivas. Sin embargo, un marco legal sólido no es suficiente.
Natalia Guevara Muñoz, líder del Área Educativa de la Unidad Administrativa Especial de Protección Animal de la Alcaldía de Santiago de Cali, explica que “la gran barrera para aplicar los derechos de los animales está en la realidad cotidiana. Tenemos leyes, conocemos los mecanismos, pero la gestión pública muchas veces se queda corta frente a la cantidad de casos de maltrato y abandono que enfrentamos cada día”.
Es importante destacar que la educación es el puente entre la norma escrita y la protección real. Por eso, la ciudad ha implementado una serie de programas que buscan transformar la relación entre las personas y los animales, desde la base: el conocimiento.
La prevención del abandono animal comienza mucho antes de que un perro o un gato llegue a la calle. Comienza en casa, en las escuelas, en los espacios públicos y privados donde se forman ideas y actitudes.
Uno de los programas más destacados es la Cátedra Animalista, que se implementa en instituciones educativas oficiales de Cali. A través de talleres y contenidos pensados para niños, niñas y adolescentes, se siembra la semilla del respeto por la vida animal en las nuevas generaciones.
Pero la apuesta educativa no se queda solo en los colegios. “Trabajamos con universidades, hacemos jornadas en corregimientos y comunas, y también capacitamos a los mismos funcionarios y funcionarias de la Alcaldía para que esta información llegue a todos los rincones de la ciudad”, dijo Natalia Guevara.
“Muchas personas tienen un gran corazón por los animales, pero cuando actuamos solo desde el amor, sin información, a veces cometemos errores que afectan su bienestar. Por eso lo más importante es educarse”, afirmó.
Cali está apostando por una estrategia clara: formar, acompañar y transformar. Porque no basta con querer a los animales. Hay que saber cómo cuidarlos, cómo protegerlos y cómo construir juntos una ciudad que respete toda forma de vida.
Por años, los pasillos del campus Meléndez de la Universidad del Valle han sido recorridos por estudiantes, docentes, investigadores y trabajadores administrativos. Pero también, de forma silenciosa, lo transitan otros seres: animales domésticos que llegaron al campus no por elección, sino por abandono.
Lorena Núñez, trabajadora de la Biblioteca Mario Carvajal de Univalle, ha convertido el cuidado de estos animales en una causa personal y comunitaria.
“Actualmente, dentro del campus Meléndez hay dos perros en condición de abandono, ambos esterilizados: una hembra adulta mayor y un macho de aproximadamente cinco años, al que han nombrado Manuelito. También hay una colonia de 52 gatos, entre los cuales 12 tienen la disposición para ser adoptados, el resto no son adoptables por ahora. Muchos han sufrido traumas o desarrollaron conductas temerosas por experiencias anteriores. Sin embargo, hay algunos que se adaptan muy bien al contacto humano”, explicó Lorena Núñez.
Estos animales no llegaron por azar. Fueron traídos, abandonados, dejados atrás por personas que creyeron que la universidad era un buen lugar para ellos y aunque el campus ofrece sombra, alimento y espacio, también implica riesgos, especialmente para la fauna silvestre que vive en este ecosistema.
La sede Meléndez está ubicada dentro de un bosque seco tropical, un ecosistema natural que alberga aves, ardillas, zarigüeyas, perros cañeros, entre otros animales silvestres, que también encontraron en este entorno un nuevo hogar tras ser desplazados por la urbanización.
“Este campus debería estar habitado solo por fauna silvestre. Los animales domésticos no hacen parte de este ecosistema. Su presencia, aunque muchas veces con buenas intenciones, puede alterar el equilibrio y provocar accidentes”.
Durante la pandemia, cuando el campus estaba cerrado, Lorena Núñez fue una de las pocas personas que pudo ingresar. Al ver a los animales completamente solos, creó “Huellitas Univalle”, una página en redes sociales desde la cual comenzó a publicar casos de adopción y a visibilizar la problemática del abandono animal en el campus.
Es importante aclarar que Huellitas Univalle no es un refugio y no recibe animales. Su propósito es difundir casos urgentes, facilitar adopciones y actuar como puente entre quienes pueden ayudar y quienes lo necesitan.
¿Dónde denunciar casos de maltrato?
- Instagram: @proteccionanimalcali
- Facebook: Unidad Administrativa Especial de Protección Animal
- Correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Es fundamental educarnos y enseñar a las nuevas generaciones sobre la protección animal, solo así podremos lograr un futuro más justo y respetuoso para todos los seres vivos.












