Consolidar las grandes universidades, acreditar las demás y descentralizar su tarea es un camino seguro de fortalecimiento de la equidad.
Por: Guillermo Murillo Vargas, rector de la Universidad del Valle
Tomado de El Tiempo
La Contraloría General de la República invitó a la Universidad del Valle a compartir sus ideas sobre el futuro de la universidad colombiana visto desde las regiones, pues ese ha sido un debate muy concentrado en Bogotá, donde están la mayor parte de las universidades y las más grandes. Aquí, algunas reflexiones.
Una primera idea es que independientemente de su ubicación la universidad colombiana enfrenta los mismos desafíos en un mundo donde todas las fronteras se han borrado. La diferencia está no tanto entre las grandes universidades bogotanas y las grandes universidades regionales, que son comparables en su complejidad académica, su tamaño y sus problemas, sino en el menor desarrollo académico, menor disponibilidad de recursos y menor preparación del cuerpo profesoral de las universidades públicas o privadas de menor tamaño, estén donde estén. El club de las universidades con acreditación institucional de alta calidad sigue siendo muy exclusivo. De 316 instituciones de educación superior (IES), solo 92 están acreditadas. Cubrir esa brecha sería el principal desafío para el futuro de la educación superior en Colombia.
Ese desarrollo debe darse dentro de unos principios y condiciones indispensables. Lo primero y fundamental, mantener la universidad como institución autónoma creadora y divulgadora de conocimientos, independiente frente al poder del Estado. Lo segundo, afrontar con creatividad y claros límites éticos los retos a los métodos de enseñanza creados por la inteligencia artificial generativa. Ninguna IES está hoy preparada para afrontarlos. Lo tercero, referido a la universidad pública, es que esta debe ser íntegramente financiada por el Estado, con gratuidad en la educación de pregrado. La reforma de los artículos 86 y 87 de la Ley 30 de 1992 y la gratuidad para los estratos 1,2 y 3 son pasos correctos en ese sentido, pero ponen de relieve que los recursos que se asignan a las universidades públicas para ampliar la cobertura, garantizar la permanencia y el grado, además de crear la infraestructura necesaria para mantener un alto nivel investigativo, han sido y son hoy insuficientes.
En cuanto a la necesidad de extender la cobertura geográfica de las universidades a ciudades intermedias, en lo cual la Universidad del Valle ha sido pionera, pues lleva cuarenta años en ese proceso y tiene hoy las dos sedes en Cali más nueve sedes regionales y cinco nodos que dependen de ellas, donde estudian cerca de 15.000 estudiantes, es necesario precisar que este ha sido un proceso de lenta maduración en el que han estado involucrados tanto la universidad como los sectores públicos y privado de las regiones. La participación del Gobierno Nacional y el departamental en el fortalecimiento de la infraestructura física y de laboratorios, así como del Ministerio de Educación en la formalización de la oferta, ha sido fundamental.
La meta de ese esfuerzo es que la oferta académica y el bienestar universitario sean comparables a los de Cali, puesto que la universidad debe ser una sola. El principal resultado de esa tarea ha sido generar un poderoso factor de arraigo de los ciudadanos a sus regiones. La demanda por educación superior en las regiones del departamento ha sido creciente, y la oferta académica se ha ido ajustando a las necesidades del entorno. Aunque el departamento del Valle del Cauca es un departamento de ciudades, el modelo es perfectamente replicable a nivel nacional, pero requiere importantes inversiones adicionales a la base presupuestal.
Consolidar las grandes universidades, acreditar las demás y descentralizar su tarea es un camino seguro de fortalecimiento de la equidad.












