El pasado 9 de noviembre, el líder empresarial vallecaucano Alfredo Carvajal Sinisterra recibió la “Gran Cruz de la Universidad del Valle”, máxima distinción que otorga esta institución, en reconocimiento a los eficaces servicios prestados como miembro de su Consejo Superior.
A continuación, el discurso proferido por el empresario durante la imposición de este honor:
“Agradezco a las autoridades que tomaron la decisión de otorgarme esta distinción, en especial a la señora gobernadora Clara Luz Roldán, al señor rector Edgar Varela y a los demás miembros del Consejo Superior de la Universidad del Valle, quienes por tantos años me acompañaron.
Para mi, no solamente se trata de un honor, sino también de una inmensa satisfacción por provenir de mi alma mater, a la que le profeso un especial afecto.
Soy producto del denominado curso del 66, cuando un puñado de profesionales idealistas recién graduados tuvieron la iniciativa de proponerle a la Facultad de Economía, así llamada en ese entonces, de la Universidad del Valle de crear un curso de maestría en administración para la dirigencia empresarial y cívica de la ciudad, con el fin de poner a su disposición herramientas de última generación en aquella época para que se obrase con mayor eficiencia y eficacia el profesionalismo de las entidades que tenían a su cargo.
Para este propósito, previamente habíamos contado con la anuencia de la dirigencia, que serían los alumnos en nuestra iniciativa. Asistí en calidad de miembro del grupo promotor, puesto que carecía de jerarquía para ser considerado parte de la dirigencia de la comarca.
Se logró que la universidad estatal de los Estados Unidos Georgia Tech se interesara en llevar a cabo este proyecto, para lo cual nos dio uno de sus profesores más destacados, Robert O’Connor - en muy grata recordación-, el tiempo completo para asesorar a la Universidad del Valle en la implementación y estructuración de los dos años de estudio.
El curso del 66 se convirtió en la primera maestría que se ofrecía en el país, razón por la cual el Ministerio de Educación tuvo que autorizar la creación de esta nueva categoría en los grados que se podían otorgar mediante un decreto.
Esta decisión permitió traer a Cali personajes del prestigio de Peter Drucker, en esa época una leyenda de la administración moderna. Menciono esta exitosa iniciativa en razón de que añoro los lazos de unión y confianza que se vivían en aquella época entre nuestra Universidad y la ciudadanía, lo cual permitió este tipo de realizaciones que, sin duda, acrecentaron el prestigio de nuestra alma mater más allá de nuestras fronteras.
Comprendo que el paso del tiempo produce huellas, muchas de ellas de profundo calado. Las circunstancias actuales son muy distintas, la Universidad ha tenido un desarrollo cuántico gigantesco en las últimas décadas, tanto en la calidad académica como en su cubrimiento. En el 2014 le otorgaron la acreditación de alta calidad por 10 años, hoy cuenta con 281 grupos de investigación, ofrece 166 posgrados, entre los cuales 21 son para optar por el título de doctor.
El equipo de profesores comprende 1.100 profesionales, el 50% de los cuales tienen el título de doctor. Se le imparte educación a más de 30.000 estudiantes, distribuidos en 8 sedes en nuestro departamento, además de las dos de Cali y una en el Cauca, situada en el sur de nuestro valle geográfico. Sin embargo, todo esfuerzo que se oriente a estrechar lazos de unión más fuertes con la comunidad no es vano, se invierte en nuevas oportunidades. Estos puntos de encuentro catapultan la labor de Univalle.
Quisiera que nuestra biblioteca, la mejor de la región, formase parte habitual de las redes en la ciudad para que cualquier estudiante de cualquier institución la pudiera consultar libremente. Vería con mucho halago que el tesoro de piezas de arqueología que hoy posee la Universidad y las que más tarde se puedan adquirir, estuviesen expuestas para el deleite de la ciudadanía y los visitantes. No sé si sería mucho soñar.
Comprendo las dificultades de orden público que tienen origen en el Campus de Meléndez, seleccionado por un puñado de subversivos que perturban el orden, perjudicando una institución que constituye el instrumento más eficaz para disminuir las brechas socioeconómicas, mediante la formación de las personas más capaces a los cargos más importantes, al margen de su estrato social o su raza. Sin embargo, creo posible que con voluntad, inteligencia y osadía se vuelva natural circular dentro del Campus de Meléndez como ocurre en San Fernando.
Suenan extrañas y atemporales estas disquisiciones habiendo sido el representante del sector productivo en el Consejo Superior, lo admito, pero ocurre que cualquier esfuerzo o declaración que se haga para rescatar la confianza entre la Universidad y la ciudadanía, en el sentido amplio de la palabra, nunca es vano.
Quizás no insistí lo suficiente cuando estuve en el Consejo Superior, pero ocurre que no todo se puede hacer con inmediatez. Se avanza paso a paso, cuando las circunstancias ofrezcan y permitan realizar las oportunidades.
La labor académica siempre es de largo plazo y exige un esfuerzo permanente y sin pausa, por esta razón, pocas son las personas que poseen la paciencia y el talento para visualizar sus inmensas e insustituibles virtudes; con el tiempo sus impactos sociales son enormes comparados con la inversión realizada, siempre y cuando la educación que se imparta sea de alta calidad como lo ha venido haciendo la Universidad del Valle.
Me refiero a la inversión en estudio, talento y además, claro está, a los requerimientos económicos correspondientes.
Quiero despedirme de todos ustedes, aunque nunca se van a romper esos lazos de unión, ni ese afecto que siempre le he tenido a la Universidad del Valle. Creo en la educación, creo en la educación pública porque, reitero, es el mejor instrumento para disminuir las brechas económicas y sociales.
Mil y mil gracias.”












