Para el profesor Paulo Freire "todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre", así que estamos reinventándonos constantemente, es una búsqueda permanente, por encontrarle sentido a la existencia en medio de una sociedad que cada vez exige individuos con características específicas de acuerdo a los parámetros establecidos por un sistema económico global. Según el filósofo Byung chul Han (2010) “La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria sino una sociedad de rendimiento, los súbditos son ahora sujetos de rendimiento, emprendedores de sí mismos”, hay una necesidad por obligarse a sí mismo a rendir, lo que para el autor esta presión se convierte en “autoexplotación”.
Entonces la pregunta que nos surge es ¿Quién es él o la joven de hoy?¿ para quienes nos estamos preparando como docentes, como facilitadores o mediadores de información, conocimiento y aprendizaje?. Aunque no tenga una respuesta acertada, creo que debemos por empezar a leer la sociedad actual, una sociedad liquida de la que nos habla Zygmunt Bauman (2005) donde se dan relaciones artificiales, liquidas, frágiles que se evaporan como la espuma. Estamos en una sociedad donde los vínculos humanos son efímeros, donde el individualismo es la opción más segura para protegerse de una sociedad fría y pragmática. Las relaciones de hoy según Vásquez Roca (2007) “son complejas y frágiles interrelaciones carentes de centro y en constante movilidad expansiva o decreciente”.
El y la joven de hoy está en esa burbuja, individualizado, sin un horizonte claro, carente de vínculos y cargado de una presión por rendir y ser parte de ese sistema económico global, quienes no están a la altura estarán anulados, frustrados y depresivos. Y es que para Byung Chul Han (2010) la sociedad del rendimiento ha convertido al ser humano en un “hiperneurótico, con un gran nivel de agitación nerviosa”, transformándose así en una “máquina de rendimiento autista”.
Tenemos un modelo pedagógico mercantilista que se debe ajustar a ese modelo económico global, donde la calidad educativa esta valorada por los resultados de unas pruebas estándar para medir el rendimiento de los jóvenes, pues deben ser competitivos, eficientes y emprendedores y conduciéndolos a lo que Chul Han denomina la “sociedad del cansancio” que produce la obsesión por el rendimiento, conllevándolo así al “agotamiento y cansancio excesivo”, un rendimiento que según él es un “cansancio a solas, que aísla y divide”, explotándose a sí mismo, hasta que “se derrumba”. Aunque, los y los jóvenes están viviendo cambios acelerados agenciados por el avance tecnológico, que los mantiene alerta, paradójicamente también los desconecta de la realidad y los somete a un estado de ostracismo.
Estamos ante una sociedad compleja, que requiere seres humanos dispuestos a aprender siempre, de docentes que sean lectores críticos de su sentir, pensar y hacer y estudiantes reflexivos que cuestionen y sean exploradores más que de información de conocimiento, que sean capaces de desafiar lo establecido y propagan nuevas prácticas de enseñanza. Creo que tenemos un amplio abanico de discursos y teorías que si bien tienen enfoques diferentes son complementarios entre sí. Se hace necesario integrar cada saber y construir un pensamiento complejo que nos conlleve a repensarnos la sociedad de hoy y a cambiar paradigmas.
Pero también se requiere de seres humanos, sensibles que retomen y pongan en práctica valores como la solidaridad, la generosidad y el respeto por la diferencia. En el frenesí de la sociedad actual, donde lo “urgente” es prioridad, el individualismo y el egoísmo se han naturalizado, se hace necesario hacer un alto en el camino no para aislamiento tecnológico, sino para el recogimiento y encuentro con el ser. Para escuchar nuestra propia voz interna, para encontrarnos con nosotros mismos y retomar el camino a partir de mi yo interior y no de los postulados externos.
Pienso que el cambio debe ser integral, el pensamiento complejo, científico, critico, reflexivo debe estar en sintonía con el desarrollo del ser, porque cuando nos desconectamos de lo que somos realmente, pasamos a ser maquinas en estado de alienación, que van de un lado a otro repitiendo el mismo guion sin conciencia de lo que se es realmente somos, donde lo único que importa es ir a algún lugar, no importa donde, lo importante es llegar. Pero como dice el cantante Argentino Fito Paez “Lo importante no es llegar, lo importante es el camino… Y eso que llevas en tu corazón y eso que llevas ahí…”
Autora: Alisamar Urrea, docente del Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos del Instituto de Educación y Pedagogía- IEP Universidad del Valle, sede Santiago de Cali. Doctoranda en Ciencias Sociales y Magister en Políticas Públicas para el Desarrollo con Inclusión Social de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) Sede académica Argentina. Especialista en Desarrollo Comunitario y Profesional en Estudios Políticos y Resolución de Conflictos de la Universidad del Valle.
Fecha: 6 de junio de 2019












