El domingo 4 de septiembre de 2022, a los 93 años, falleció el profesor jubilado de la Escuela de Arquitectura, Hernando Reyes Nieto. El profesor Harold Martínez, también jubilado de la Escuela de Arquitectura, comparte este texto en su memoria:
Sabemos, quienes tuvimos la fortuna de ser partícipes de buena parte de su vida, que Hernando Reyes Nieto fue un ser humano pletórico de vida, íntegro en sus ideales y, como pocos, generoso, firme y leal en la amistad. Nacido en familia campesina en Sogamoso, Boyacá, su niñez transcurrió en Bogotá. Cuando acababa de cumplir 16 años fue testigo del estallido social ocurrido el 9 de abril de 1948, tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en Bogotá. En ese nefasto día de la historia colombiana y en medio de un horizonte urbano de enormes llamaradas y humaredas, apretado al pavimento presenció una furiosa balacera en torno a la toma de una estación de policía. Los cruentos recuerdos de sangre y dolor sucedidos ese día, fueron germen de sus ideas y convicciones políticas en torno a la injusticia social, institucionalmente establecida en Colombia desde el siglo XIX.
Transcurrido un año de esa cruenta fecha ingresó a la Universidad Javeriana donde posteriormente recibió el título de arquitecto, a la par de destacarse como gran jugador en las ligas menores del Club Independiente Santa Fe. Allí continuó hasta ser un brillante delantero profesional, con méritos suficientes para ser llamado a formar parte de la Selección Colombia, compitiendo en un Suramericano de Fútbol celebrado en Buenos Aires, Argentina, a mediados del siglo XX. No obstante, su verdadera vocación era la arquitectura y así, alejándose de los estadios, pasó a ser arquitecto de la Caja de Crédito Agrario, entidad estatal encaminada al financiamiento de la economía campesina, donde fue diseñador e interventor de varias de sus sedes en el centro y norte de Colombia.
En febrero de 1961, un creciente entusiasmo por la revolución cubana lo llevó a ser militante de izquierda y a atender el llamado de solidaridad que ese país hacía a todos los jóvenes profesionales de América Latina para suplir el vacío ocasionado por la fuga apresurada de buena parte de sus profesionales hacia los EE. UU. Recién llegado a la isla, ocurrió la renombrada invasión de Bahía Cochinos y, sin dudarlo un minuto, se alistó como voluntario miliciano de tercera línea, posición en que se mantuvo durante los casi 3 días de combates al Norte Ciénaga de Zapata que concluyeron con la derrota de los invasores. Fue una valerosa actitud que, en el año 2011, el gobierno cubano reconoció invitándolo a La Habana donde fue condecorado con honrosa medalla, al cumplirse 50 años del histórico suceso.
Algunos años después, ya regresado a Bogotá, es incorporado como profesor de diseño arquitectónico en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de las Américas y luego en la Universidad La Gran Colombia. En esta última, una prolongada protesta estudiantil desencadena la propuesta de fundar otra universidad que debería ser piloto de una nueva formación profesional universitaria. Varios arquitectos acuden a ser profesores voluntarios, no remunerados, en apoyo y realización de esta iniciativa estudiantil, siendo uno de ellos Germán Samper Gnecco, quien llegaría a destacarse como una de las más grandes figuras de la arquitectura colombiana. Otro voluntario en ese emprendimiento fue Hernando Reyes Nieto. La iniciativa triunfó y culminó con la fundación de la Universidad Piloto de Colombia cuyas directivas, 50 años después, reconocieron con senda condecoración a Hernando Reyes Nieto como uno de los partícipes de esos acontecimientos fundacionales.
En el segundo semestre de 1981, ingresa como profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Valle y en esa misma década obtiene una beca de la Universidad Autónoma de México para asistir a un curso de especialización en enseñanza de arquitectura hospitalaria. Hace la Maestría en Docencia Universitaria en la misma Universidad del Valle, recibiendo el título en 1992, y dos años después se incorpora a la recién fundada cátedra CU:NA donde permanecerá hasta 2014, cuando se retira definitivamente de la docencia.
En 1983, viajé con él a Managua, Nicaragua, para participar de la celebración del IV Aniversario de la revolución sandinista. Allí, en medio de miles de vítores, de banderas rojinegras agitadas por una entusiasta y delirante multitud, pude vislumbrar o mejor, comprender en los humedecidos ojos de Hernando, sus recuerdos de Cuba. Esa misma noche me compartió el profundo significado de esa experiencia: Cuba fue el país que quiso entrañablemente a través de su música, de sus ritmos, de su clave, pero también de su literatura, de la lectura de las obras de Alejo Carpentier como El siglo de las luces, La consagración de la primavera y Los pasos perdidos. Ese amor por su cultura lo extendió al Caribe, a las obras de García Márquez, deleitándose en la interminable narración de El Otoño del patriarca, que no fue capaz de terminar, de Cien años de soledad, de la cual citaba algunas frases, y curiosamente de los Doce cuentos peregrinos, que disfrutó ostensiblemente.
En la década de los años 80, en la medida en que se iba integrando a la vida caleña, fue sintiendo también el potencial cultural de esta ciudad en la que África, con la música del Caribe, alcanzaba su límite sur y así mismo, desde el Litoral Pacífico, invadía Cali a ritmo de marimba y cununo. En esos años, me confesó que había encontrado el lugar para vivir hasta el último día de su vida, y así fue. Lo hizo demostrando plenamente que, cómo en su ser vasto y polifacético, era posible fusionar la intelectualidad con la sensualidad del vivir.
Gracias a esos 32 años como profesor de Arquitectura en la Universidad del Valle, Hernando Reyes Nieto perdura hoy en día en la memoria de multitud de estudiantes por su personalidad afable, sus enseñanzas y por su actitud sensiblemente comprensiva de las cualidades de cada estudiante, siempre con amistosa sonrisa, siempre motivando el interés y la imaginación en sus diseños. Pero más allá de sus numerosos méritos académicos, Hernando Reyes Nieto, tras su fallecimiento, pasa a ser ahora un singular ejemplo de ser humano que, como un vigoroso roble, desplegó con amplitud y generosidad sus ramas, enseñando en cada momento que la vida vale vivirla cuando, más allá de toda contingencia, se la asume con la más valerosa de las alegrías.
Harold Martínez
Profesor jubilado de la Escuela de Arquitectura
Cali, septiembre 5 de 2022.












