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Impuesto a las bebidas azucaradas, ¿una necesidad?

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Viernes, 19 Agosto 2022
Agencia de Noticias Univalle

La conversación sobre el impuesto a las bebidas azucaradas en Colombia no es nueva.  En el 2016 el entonces ministro de Salud Alejandro Gaviria trajo a colación la medida como un impuesto para mejorar la salud de los colombianos, pero la propuesta naufragó en el Congreso apenas debatida.

Si bien durante los años posteriores el trabajo se centró en otras disposiciones como el etiquetado frontal de los alimentos, la posibilidad de ese impuesto siguió rondando los pasillos del legislativo hasta hoy, donde revive con fuerza como parte del paquete de cambios que vendrían con la reforma tributaria radicada por el nuevo gobierno.

Al igual que hace seis años, la iniciativa ha causado revuelo en varios integrantes del congreso y el sector empresarial, así como en la población que considera estos productos como parte de sus alimentos cotidianos.

Para resolver con argumentos técnicos algunas de las inquietudes, hablamos con Lena Barrera, médica, doctora en Epidemiología Vascular del London Imperial College y docente del Departamento de Medifina Familiar de la Universidad del Valle desde hace 20 años. La profesora explicó la importancia y los efectos que tendría el impuesto, configurado como una medida a favor de la salud pública del país.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en complemento con los conceptos de varios investigadores, el principal grupo de las bebidas azucaradas son aquellos productos que contienen sacarosa o fructosa derivada del maíz. Allí clasifican tanto bebidas carbonatadas y no carbonatadas.

Si bien estas, explica la docente Lena Barrera, serán las gravadas como bebidas azucaradas,  aclara, que estas no serán las únicas con nuevo impuesto: “También está el grupo de las bebidas endulzadas artificialmente o cero calorías, al que entran todos los productos bebibles endulzados con azúcares industriales sintéticos como la sacarina o el aspartame”

Además de este grupo, recordó, se encuentran los jugos de fruta natural, los cuales, enfatiza, no entrarán como parte de estas medidas tributarias al contener solo el azúcar proveniente de la fruta.

En cuanto a las bebidas azucaradas, la docente aclaró sus efectos en la salud pública por su asociación con varias enfermedades, especialmente las relacionadas con las mayores causas de muerte en la población mundial.

“Las investigaciones han demostrado que hay varias condiciones claramente asociadas con el consumo regular de este tipo de productos: obesidad y diabetes, caries y pérdida de dientes, cáncer y mortalidad, tanto total como cardiovascular”, afirmó Lena Barrera.

Estas mediciones demostraron que personas que consumen desde una lata diaria de bebida azucarada hasta una semanal pueden tener un 87% mayor de riesgo de desarrollar diabetes en comparación con personas que consumen estas bebidas en menor cantidad. Igualmente, el índice de masa corporal es superior en 0.57 unidades en las personas que consumen más de una lata semanal.

Las estadísticas sobre las enfermedades cardiovasculares, que son la primera causa de mortalidad en el mundo, no resultan más alentadoras. Quienes consumen dos vasos de bebidas azucaradas al día, en relación con quienes consumen menos de uno al mes, presentan un 8% más de probabilidades de mortalidad en una cohorte de 8 a 10 años.

Estas preocupantes cifras, si bien dibujan un panorama frente a la población mayor de 40 años, apenas reflejan a la infancia, que al ser uno de los grandes públicos objetivos de los productos azucarados, viven a diario problemas de salud oral como la caries y la pérdida de dientes, además de la obesidad, común a todos los grupos etarios.

“En la infancia se hace un seguimiento exhaustivo del crecimiento y el desarrollo, por lo que ha sido fácil identificar consecuencias como la obesidad, la caries y la pérdida de dientes. Enfermedades con desenlaces fatales como las cardiovasculares requieren un tiempo de exposición prolongado para desarrollarse, por lo que son mucho más comunes a partir de los 40 años”, aseguró la experta en salud pública.

Como consecuencia de este encuentro temprano con factores de riesgo como la obesidad, los niños crecen con mayor predisposición a adquirir otras patologías que revisten mayor gravedad.

A raíz de la clara incidencia de las enfermedades relacionadas con el consumo de productos azucarados en las enfermedades crónicas no transmisibles -primeras causantes de muerte en  Colombia y el mundo- surge la inquietud acerca de la eficiencia del sistema de salud del país para disminuir, a través de sus programas de promoción y prevención, las tasas mortalidad por estas causas. De acuerdo con la profesora, ha sido nula.

Por otro lado, la imposición de impuestos frente a productos que son factores de riesgo, ha mostrado resultados positivos. “Europa lleva al menos 20 años con impuestos a estos productos, entonces no es una medida nueva. En Finlandia, por ejemplo, que fue uno de los primeros países que lo asumió y, por ende, donde se tiene un registro histórico más amplio, se ha observado una correlación entre el impuesto, la desaceleración del consumo y, por supuesto, la disminución de las enfermedades y factores de riesgo. Esto mismo se ha observado en México, donde el primer impacto se notó en la disminución de la obesidad”, observó la experta en salud pública.

Si bien la profesora dejó en claro que los impuestos a la bebidas azucaradas han tenido efectos positivos, este no ha sido el primer producto en demostrar los efectos de la carga impositiva. Tal es el caso del tabaco.

En ese sentido, los impuestos son un necesario primer empujón en el camino hacia una población más saludable. Sin embargo, no son suficientes.

Para la profesora Barrera, medidas como la implementación pronta de las normas de etiquetado frontal para entender los contenidos de cada alimento y una mayor educación frente a los productos que se consumen, unidas a la exclusión de los productos azucarados de las cafeterías escolares y la transformación del sistema de salud a una política de prevención de la enfermedad, son la complementariedad que requiere la carga impositiva para disminuir la carga que el dulce veneno de las bebidas azucaradas trae a la salud de los colombianos.

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