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"Instituciones educativas públicas no deben retornar a la vieja normalidad”

"Instituciones educativas públicas no deben retornar a la vieja normalidad” Yomisma10, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons
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Viernes, 19 Febrero 2021
Agencia de Noticias Univalle

 

El doctor en educación Edisson Cuervo señala que en el afán de promover una supuesta ‘nueva normalidad’, se han tomado decisiones apresuradas, que muchas veces derivan en un retorno a la ‘vieja normalidad’ de un sistema educativo público con deficiencias económicas, de infraestructura y poca atención del Estado frente a sus responsabilidades.

Desde finales de enero, en varios departamentos del país, los estudiantes de educación básica y media empezaron el retorno a clases bajo el modelo de alternancia propuesto por el Ministerio de Educación.

En Cali, las instituciones educativas oficiales y privadas iniciaron sus calendarios académicos el 1 de febrero, pero solo las últimas reunían las condiciones para recibir el aval del regreso paulatino y semi presencial a las aulas, en un momento donde las cifras de contagios por Covid -19 y de ocupación de camas UCI en la ciudad seguían siendo altas.

Por su parte, según anunció el secretario de educación municipal William Rodríguez Sánchez, el sistema educativo oficial iniciará el modelo de alternancia el próximo 1 de marzo en las sedes que estén habilitadas y que cuenten con las condiciones de infraestructura necesarias.

Pese a que ya han pasado tres semanas desde que inició este plan de retorno progresivo a la presencialidad en las instituciones educativas del país, aún se mantiene el foco sobre temas como el impacto que tendrá esta decisión en el desarrollo de la pandemia, la importancia de que los menores vuelvan a socializar con sus pares y las transformaciones y adaptaciones que ha sufrido el sistema educativo por cuenta de la crisis sanitaria.

El profesor Cuervo Montoya, doctor en Educación de la Universidad de Valencia y docente del Instituto de Educación y Pedagogía de la Universidad del Valle, quién además de su experiencia en educación superior también se ha desempeñado como docente en educación básica y media, habló sobre estas cuestiones.

Profesor Eddison Cuervo

¿Cuáles deberían ser las condiciones para garantizar la seguridad de los niños, sus familias, profesores y directivos en este retorno gradual a las instituciones educativas?

En Colombia se tendría que dotar a las instituciones educativas con un montón de asuntos que históricamente les han faltado.

La pandemia le ha puesto en la cara a todos los sistemas educativos del mundo las grandes deficiencias de base. Desde septiembre del año pasado, Unicef tiene su atención sobre los países con grandes problemas socioeconómicos que han venido en una apuesta progresiva por el retorno, como República del Congo, Ghana o Myanmar.

Se habla de volver a la normalidad, pero ¿a cuál normalidad?, ¿la de antes de la pandemia en la que teníamos escuelas rurales sin conectividad, con una cantidad enorme de instituciones educativas sin acceso a agua potable o sin baterías sanitarias?

Esa pregunta básica también es un reclamo que distintas agremiaciones sindicales de maestros en el país le han venido anteponiendo al Ministerio de Educación.

Todos, tanto los estudiantes como los profesores, tenemos afán por volver a las aulas, por recuperar el contacto y las conversaciones. Múltiples investigaciones se han hecho sobre las afectaciones a la salud mental que devienen del distanciamiento físico y la situación se agrava más en relación a los procesos de socialización que tienen los estudiantes en la primera infancia, la primaria y la secundaria.

Las condiciones deben ser las mínimas para respetar la bioseguridad: el distanciamiento físico, el aseo e higiene en las instituciones educativas, la disponibilidad de agua potable, un sistema de alcantarillado adecuado, que se tengan los implementos mínimos que se requieren tanto para el profesorado y los directivos como para los estudiantes. Pero, quién va a solventar, sostener y bajo qué costos ese tipo de asuntos.

¿Considera oportuno este retorno a la presencialidad?

La vuelta a la presencialidad es prematura en la medida en la que no se han asegurado varios elementos de bioseguridad en las instituciones educativas públicas. Lo privado tiene unas condiciones distintas; lo público necesita mayor inversión y atención y es más la población que se beneficia de este sistema. 

En los últimos días, los medios masivos de comunicación han mostrado un gran número de instituciones privadas, pero es necesario hacer matices. Una cosa es un colegio en el norte de Bogotá, que tiene infraestructura y recursos para poder acaecer, pero cuántos estudiantes tiene regularmente un profesor en educación básica y media en Colombia en el sector público. No estamos hablando de 8 o 10, como en las imágenes que muestran los medios en Colombia.

En relación a esas diferencias marcadas entre las condiciones para el retorno a clases entre las instituciones públicas y las privadas. ¿Cómo ve la situación para la alternancia en el sistema educativo público? 

Un profesor del sector público atiende en promedio entre 30 a 55 estudiantes por aula, entonces es importante revisar las condiciones que van a asegurar el distanciamiento.

Ahí empiezan a combinarse inquietudes desde la salud pública, que son atendidas por salubristas y epidemiólogos, pero después vienen las preguntas pedagógicas. Por ejemplo, ¿qué condiciones se deben tener para acondicionar la prácticas educativas en estas circunstancias? En el último caso, las respuestas van quedando silenciadas.

Políticos y administradores de lo público en el país hablan de la importancia de la vuelta a las aulas, pero en qué momento se le va a preguntar a los maestros y a los estudiantes de lo público, al profesor de a pie, qué está pensando, qué estrategias va a llevar a su aula con un número tan alto de estudiantes y en condiciones que muchas veces no le son favorables.

 Se han dispuesto protocolos de bioseguridad en las IEs, ¿se garantiza con esas medidas de protección el éxito de este retorno gradual? 

Desde el punto de vista de la bioseguridad no hay ninguna discusión que referir. Hemos escuchado reiteradamente sobre los protocolos de bioseguridad, los conocemos y sabemos cuál es su importancia. Hay varias investigaciones recientes que han hecho recomendaciones técnicas sobre la ventilación y los flujos de aire que deben tener las aulas, porque no solamente se trata de abrir una ventana, sino que se debe saber qué ventanas abrir, revisar la dirección de las corrientes para permitir que haya un flujo de aire.

Igualmente, hay que dar relevancia a las preocupaciones de orden pedagógico, como el número de estudiantes en el aula y las actividades que se pueden desarrollar en esta, porque los procesos educativos no se sostienen solo de tener un profesor al frente dando clase. Cómo vamos a hacer los trabajos en grupo, cómo vamos a distribuir las aulas, en qué medida podremos sostener un número reducido de estudiantes para atender sus necesidades educativas, son inquietudes que se deben responder.

 ¿Cómo se podría establecer un punto medio entre el cuidado de la salud y la vida y el derecho a la educación de los menores?

El acceso a las condiciones de salud y a la protección de la vida se debe preservar, eso no está en discusión, pero, en términos de la educación, hay que hacer reflexiones más profundas. El cuidado de la vida y la salud lo marcan los protocolos de bioseguridad, aunque los expertos también han dicho que es posible que aparezcan re brotes al juntar a los estudiantes. 

Pretender volver a las condiciones que teníamos antes del estallido de la pandemia es muy difícil de asegurar en los próximos meses, pero sí se debe repensar cuáles son los elementos, por lo menos básicos, para ofrecer a los estudiantes su derecho a la educación.

Pasamos por cifras pico en contagios y camas UCI y una semana después se activó el retorno a las instituciones educativas. Creo que en este momento no hay condiciones y que del afán y la no planeación queda la gran preocupación sobre el aseguramiento de ese punto medio entre el cuidado a la vida y la salud y el derecho a la educación. 

¿Cómo se deberían adaptar los currículos en esta nueva modalidad?

Habría que replantear la dosificación y cantidad de conocimientos que se deben impartir a los estudiantes en estos momentos, así como el papel de la evaluación. No se puede hacer entrega de la misma carga educativa y mantener los mismos niveles de exigencia en términos de evaluación.

Un estudiante de educación media puede tener alrededor de 12 o 13 asignaturas. Que el estudiante reciba esa dosis de asignaturas en la alternancia sería una sobrecarga, entendiendo que no va a estar el mismo número de horas en la institución educativa y no va a compartir en el mismo nivel con sus compañeros.

A esto se suma la importancia de la integración curricular, pues ha sido una práctica tradicional pensar el currículo de manera independiente y una de las principales apuestas para hacerle frente a esta problemática educativa a nivel mundial es el diálogo entre asignaturas, tener un currículum integrado.

¿Cómo deberían replantearse los modelos de evaluación?

Hace unos días, el director de Educación de la OCDE refería la importancia de seguir haciendo las pruebas PISA, con los mismos criterios y sin cambiar el modelo de evaluación estandarizada . ¿Será que los estudiantes van a responder bajo esos mismos esquemas de evaluación? ¿Será necesario que hagamos la evaluación ‘pura y dura’, y además cuantitativa, de los mismos conocimientos que se impartían? Él decía que sí, pero qué sentido tiene, en términos de competencias, evaluar de la misma manera cuando ya nada es igual.

En su afán de volver a la ‘nueva normalidad’, los políticos nos están llevando a la vieja normalidad de un sistema educativo con deficiencias económicas, de infraestructura y con poca atención del Estado a sus responsabilidades históricas.

Entonces, ¿cuándo cree que sería conveniente el retorno a la presencialidad? 

La conveniencia o no del regreso a las instituciones educativas estará mediada por conversaciones amplias con los distintos sectores de la educación, porque esta no es una decisión solamente política sino también económica, por las necesidades que ya conocemos que se deben suplir, y educativa, ya que tendremos una generación que no va a estar en igualdad de condiciones frente a otras.

Los profesores le han dado respuesta a las necesidades planteadas por la pandemia.

Queremos volver, pero la pregunta es bajo qué condiciones y con qué criterios. No se puede endilgar a los maestros la responsabilidad de la mala calidad o de los problemas educativos, cuando a la hora de tomar decisiones no se les pregunta a ellos. El profesorado tiene mucho que decir para aportar a la construcción de soluciones. 

La educación es obligatoria y además es un derecho en las primeras etapas de nuestra existencia, pero cuando hablamos de acceso a la educación esto debe plantearse en términos generales, pues no solo contempla las necesidades de los menores, sino también las de muchos adultos. Por ejemplo, a propósito de la brecha digital, recientemente hubo una discusión sobre cómo un buen número de adultos mayores no sabían manejar los recursos de un celular para acceder a la actualización de una información sobre la vacuna. ¿Quién los educará entonces?

¿Qué lecciones nos deja esta crisis en cuanto a modelos de educación y pedagogía? 

Como lo han dicho varios investigadores y expertos en educación, la pandemia nos puso enfrente como educadores, y al sistema en general, los grandes e históricos problemas que en materia de educación hemos tenido: la brecha digital, el acceso a los recursos, al conocimiento de la mediación educativa a través de las TICs, la evaluación, el número de estudiantes por profesor, la pertinencia del currículo, entre otros.

No todas las personas tienen acceso a los recursos digitales. Es posible evidenciar que los procesos educativos que se llevan a cabo en la ruralidad o en los sectores menos favorecidos no son los mismos. El acceso a internet, a un computador o a un smartphone, nos devuelven a la cuestión sobre la brecha digital, que es en qué medida estamos en capacidad de ofrecer procesos educativos desde la virtualidad a grandes porcentajes de la población escolar del país.

¿Cómo puede transformar positivamente la crisis al modelo de educación que tenemos?

Es importante reconocer la importancia de la educación a distancia, más allá de la mediada por lo digital. Hay veredas donde ni siquiera hay señal de celular, pero llegan la televisión y la radio. Esta crisis incluso nos ha llevado a recordar estrategias que fueron históricas en Colombia y que son viables, que mostraron que por el hecho de que una persona estuviera lejos de una institución educativa, por esto no quería decir que no podía aprender. Radio Sutatenza, hizo un proceso de alfabetización gigantesco en Colombia y mostró cómo los medios masivos de comunicación pueden aportar a los procesos de formación de la población.

Aquí también se replantea la importancia de fortalecer la televisión pública en Colombia y la educación a través de esta. La educación no debe pensarse solo en relación al sistema educativo formal, porque no solamente se educa desde la institucionalidad, también se educa desde los medios. Así como la magistralidad y la presencialidad son importantes, de la misma manera lo son las estrategias metodológicas. Esta situación nos obliga a repensarnos como sistema educativo y como sociedad. También nos hace un llamado a la actualización en los procesos educativos y a la combinación de la formación virtual y la presencialidad.

La pandemia ha demandado la actualización de los maestros en los procesos educativos. Nos puso en una carrera vertiginosa de actualización en sistemas de mediación, programas educativos y en el dominio de una gran lista de recursos virtuales que tocó aprender a manejar aceleradamente.

Así mismo, entendimos que en realidad los ‘nativos digitales’ no lo eran tanto, pues los estudiantes conocen mucho de redes sociales, pero no necesariamente de los procesos de formación desde la virtualidad, porque ésta supone tiempo y un esfuerzo mayor. Por ejemplo, escuchar a un profesor en una conferencia o clase magistral de 40 minutos es distinto cuando se está en el aula, que se tiene un punto focal, a estar en casa, donde hay distractores que llevan a perder el hilo del discurso. Los retos son amplios, pero tenemos la plena convicción de que maestras y maestros seguirán respondiendo, como lo han hecho hasta ahora, a la tarea de formar y sostener la esperanza, en una situación que, como humanidad, trastocó todos los aspectos de nuestras vidas.

 

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