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Integración regional en América Latina: aprendizajes y desafíos

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Lunes, 22 Noviembre 2021
Agencia de Noticias Univalle

Con el tema central del Multilateralismo e integración regional en América Latina y el Caribe, expertos en administración pública de Latinoamérica compartieron sus experiencias y lecciones para la época post pandemia en el cierre de la Conferencia Lagpa Virtual 2021, realizada del 9 al 12 de noviembre.

En esta versión, el encuentro anual del Latin American Group for Public Administration tuvo como anfitriona a la Universidad de Costa Rica.

El primer panel fue dirigido por Lorena Herrera Vinelli, doctora en Estudios Internacionales por FLACSO Ecuador, profesora de la Universidad IAEN en Ecuador e investigadora en política exterior, economía política internacional, integración y regionalismo y estudios sino-latinoamericanos.

Dentro de su exposición la profesora hizo un recuento histórico con el que contextualizó los contextos y conflictos en la evolución del regionalismo y la integración latinoamericana. En este ejercicio, Lorena Herrera observó que el regionalismo clásico latinoamericano se consolidó en un escenario histórico particular, caracterizado por el contexto posterior a la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría, donde se originaron las iniciativas de integración comercial que se levantaron en la región en las décadas del 60 y 70. A esto se le denominó la primera ola.

Según Lorena Herrera, estas integraciones trascendieron de ser un proceso esencialmente político para dar lugar a conceptos estructuralistas de la época –como el cepalismo- asociados con el modelo de desarrollo que anteponía la necesidad de industrialización por la sustitución de importaciones.

Además de la influencia norteamericana, la integración regional latinoamericana también fue un reflejo de la experiencia europea, que entendía la integración económica como una sucesión de etapas.

Sin embargo, los procesos de integración que adoptaron las formas de la Unión Europea han atravesado varios momentos de crisis debido a las dificultades para construir uniones aduaneras más allá de las zonas de libre comercio; esto como causa de la fragilidad institucional, la ausencia de voluntad política y la falta de cumplimiento de compromisos por parte de los Estados miembros.

En el momento en que la agenda regional se volcó casi en su totalidad a la integración comercial, surgió una segunda ola que la profesora Lorena Herrera denominó de ‘regionalismo abierto’, entendido como una “reacción teórica al regionalismo proteccionista”. En esta segunda empezó a configurarse la presencia de China, pero no sería hasta finales del siglo XXI cuando esto incidiría en lo que luego se conoció como el boom de los commodities.

En ese contexto, nacieron integraciones como el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Comunidad Andina (CAN), el Tratado de Libre comercio de América del Norte (TLCAN), el Sistema de Integración Centroamericana (SICA). En ellas se marca una agenda hacia a un orden mundial neoliberal.

Con estas decisiones surgió una nueva crisis en la integración regional latinoamericana, con las características del regionalismo post hegemónico de Detlef Nolte, que son la disminución del comercio intrarregional, la débil institucionalidad vista en el bajo margen de maniobra de las organizaciones para limitar el comportamiento de los Estados miembro, la falta de consenso (caso de UNASUR) y decisiones cada vez menos vinculantes para los Estados miembros.

Además, la investigadora también señala factores de crisis descritos por los autores Malamud y Gardini, como el solapamiento y segmentación de los proyectos de integración al interior de la región, la heterogeneidad de los modelos (proteccionista y aperturista) y factores estructurales tales como la ausencia de liderazgo, el comportamiento del comercio en el ámbito extrarregional y una apuesta por el bilateralismo por parte de las potencias emergentes.

En los últimos años, se presentó una tercera ola en la integración y el regionalismo latinoamericano. Esta, marcada por el debilitamiento del comercio con el final del boom de los commodities por parte de China en la segunda mitad de la década de 2010, venía atravesando importantes transformaciones, crisis y reconfiguraciones hasta la aparición dominante de la crisis por Covid-19, que incidió sobre la base económica regional agravando la situación regional.

Con la caída brutal del comercio y la reducción del precio de los productos energéticos –alrededor de dos dígitos-, cambió la dinámica de las exportaciones con una fuerte caída de las exportaciones en la Comunidad Andina (23%) por el gran peso de la energía y la minería en su canasta exportadora. Con ello, el PIB anual de la región decreció en un 6.6%.

A partir de este contexto, la profesora Lorena emitió varias propuestas para el fortalecimiento de la integración regional, dentro de ellas la importancia de definir una agenda regional con miras al establecimiento de un modelo de desarrollo económico y comercial al 2030, fortalecer y propiciar una agenda propia en materia de inversión, desarrollo y tecnología, establecer a matriz productiva y exportadora América Latina y el Caribe en el corto y mediano plazo y definir iniciativas regionales en esta materia.

Además de su exposición, la profesora e investigadora presentó su libro La sombra del dragón donde estudia la interdependencia asimétrica de China con Ecuador y Costa Rica.

Por otro lado, el politólogo y autor Christian Asinelli, actual vicepresidente corporativo de programación estratégica del CAF-Banco de Desarrollo de América, expuso las experiencias y lecciones para la época de pospandemia desde el CAF.

Según el estudioso, “la concepción del desarrollo y los instrumentos para alcanzarlo han sido el centro de importantes debates a nivel mundial, especialmente en momentos de crisis”. En ese sentido, él analiza a las bancas de desarrollo a la luz de los desafíos en el escenario regional -como el Covid-19-, donde éstas han tenido un papel determinante.

Dentro del rol principal de estas bancas, se ha encontrado la toma de acciones coordinadas con los gobiernos para apoyarlos en la implementación de medidas sanitarias extraordinarias en tiempo récord, el fortalecimiento de su capacidad fiscal y el impulso de programas de recuperación económica. De esta manera se han convertido en los socios naturales de los Estados en tiempos difíciles.

Para Asinelli, esta calificación de socios naturales se debe a las siguientes características:

. Reputación, capacidad técnica y neutralidad política.

. Actúan como catalizadores de recursos de terceros (incluyendo otros bancos) para financiar infraestructura y otros proyectos.

. Capacidad de articular a actores del sector público, privado, académico y del tercer sector, lo que contribuye al diseño colaborativo de soluciones y a la creación de alianzas frente a la crisis.

En la situación de pandemia, estas bancas han dirigido sus esfuerzos, en principal medida, a la atención de la emergencia sanitaria y al soporte de la reactivación económica a través de líneas de crédito, cooperación y financiación. Christian Asinelli relacionó las principales acciones de estas donde identificó, en primera medida, al CAF- Banco de Desarrollo de América Latina, que abrió líneas de crédito hasta por 4.400 millones de dólares y de cooperación técnica hasta por 7,3 millones de dólares. Por su parte, el Banco Interamericano de Desarrollo- BID habilitó 8.076 millones para financiamiento de necesidades, apoyo y atención a poblaciones vulnerables. Finalmente, el investigador citó a Fonplata, donde se destinaron 53 millones de dólares para Argentina para atender a las poblaciones más golpeadas, fortalecer atención y crear políticas de protección.

En su posición como vicepresidente corporativo de programación estratégica del CAF, el politólogo enfatiza en que el objetivo del CAF se centra en el desarrollo de estructuras sostenibles y resilientes, aumentar la participación del sector privado para impulsar el empleo e integración al mundo y el apoyo a políticas de equidad de género, inclusión y diversidad cultural.

“Queremos destacarnos por ser un banco verde que tenga en cuenta planes de innovación en préstamos, asesoramiento y líneas de crédito que se adapten a las necesidades del entorno tanto a nivel nacional como regional en nuestros entornos”.

Finalmente, aseguró que la apertura de espacios de diálogo y la generación de consensos ha sido el camino elegido por el CAF y debe ser la ruta que se tome a futuro por las bancas y los Estados, para aunar a los países hermanos y hacer de América Latina una región resiliente y adaptable a los cambios de escenarios.

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